jueves 22 de febrero de 2024
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Presente y futuro negro | Cuatro de cada diez jóvenes de entre 18 y 29 años no terminaron la secundaria en Argentina

En total suman casi dos millones de personas. Los mismos obtienen empleos más precarizados y de menor paga, no tienen cobertura de salud y sufren más conflictos psicológicos.

Así lo informa un estudio de la Universidad Católica Argentina que precisa que en el país viven 8,4 millones de jóvenes de entre 18 y 29 años, representando el 20% de la población. Se trata de una franja etaria que no reciben el cuidado de los más pequeños ni el de los más grandes, aun cuando muchos vivan con sus padres y muchos ya tienen hijos, enfatiza el informe titulado «Juventudes desiguales: oportunidades de integración social» y que fue trabajado por medios nacionales como Clarín, La Nación e Infobae.

Algunas de las conclusiones fueron difundidas por Ianina Tuñón, investigadora del Barómetro de la Deuda Social de La Infancia y del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA. Ella explicó cómo la sociedad mutó de una configuración en donde los jóvenes con mucho esfuerzo podían llegar a lograr una movilidad social, la actual, donde las juventudes pueden llegar a tener mayor acceso a la educación y sin embargo – aunque se ponga mucho esfuerzo- no alcanza para el progreso social en condiciones de pobreza.

Por el contrario, los jóvenes de estratos medios y altos logran sostener su pertenencia social por atributos del origen social y no siempre por méritos individuales, razón por la cual Tuñón habla de «una sociedad estructuralmente más desigual» que se caracteriza por “la reproducción intergeneracional de las condiciones de pobreza».

Los datos duros hablan de lo siguiente: uno de cada diez jóvenes sólo terminó la primaria, mientras que tres de cada diez no terminaron la secundaria; los varones tienen mayor propensión que las mujeres a no concluir; aunque en los sectores más populares es frecuente que una adolescente o joven se haga cargo de sus hermanitos, de la limpieza de la casa o las tareas; de los cuatro jóvenes cada diez que no tienen estudios medios completos sólo uno concurre actualmente a la escuela; en el otro extremo, tres de cada diez jóvenes siguen sus estudios en un nivel terciario o universitario; el 6,3% incluso ya terminó la universidad.

Otro dato es que el 18% de los jóvenes está desocupado, aunque busca empleo. Esa cifra triplica la desocupación de los adultos, que a fines de 2017 era del 6%. La desocupación afecta mucho más a las mujeres que a los varones: la tasa llega al 25% en el caso de ellas y es del 14% en los varones. La desocupación también golpea más a los trabajadores más pobres (llega al 40%), contra los profesionales medios (8,5%).

Sólo cuatro de cada diez jóvenes que trabajan tiene un trabajo en blanco. El resto, seis de cada diez, tiene trabajos precarizados, en negro, o sólo logra acceder a changas. Lo que se cobra también está relacionado directamente con el nivel educativo: mientras un joven que terminó el secundario ganaba el año pasado un promedio de 100 pesos por hora, un joven sin estudios terminados percibía la mitad: 53 pesos. El 45,5% no tiene cobertura de salud. Del total de jóvenes, el 36% no se atendió ni realizó ninguna consulta médica en el último año. También en relación con la salud, el 51% no hace ningún tipo de actividad física. Las mujeres menos (el 60%). Ellas la pasan peor y sus malestares psicológicos son mayores a los de los hombres: mientras el 17,5% de las jóvenes dijo estar mal, los varones lo están en el 12,5%. El 42% de las jóvenes ya tiene un hijo o está embarazada, contra el 26% de los varones. En promedio: uno de cada tres jóvenes tiene o está esperando un hijo. Pero quienes no terminaron el secundario tienen el doble de posibilidades de llegar a la paternidad y maternidad antes: 48% frente al 24% de quienes sí terminaron sus estudios.

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