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Historia | “Músculo y cerebro”: la consigna de los anarquistas salteños a principios del siglo XX

El historiador salteño Pablo Cosso analiza la violencia discursiva y fáctica de un sector del anarquismo salteño – el comunismo anárquico – entre los años 1919 y 1926.

El largo artículo fue publicado por la Revista Historia para Todos y desde el inicio se nota el interés por dos aspectos del movimiento anarquista en la provincia durante las primeras décadas del siglo XX: la “violencia” discursiva y fáctica, pero también el interés por el “racionalismo”, un concepto reivindicado recurrentemente por los ácratas. Lo uno y lo otra explica una de las “metáforas constitutivas” del movimiento: músculos y cerebro.

En la introducción del trabajo, el autor advierte que las tendencias libertarias en la provincia eran varias y por ello delimita su análisis a la fracción “anarco-comunista fraguada al calor de la Revolución Rusa (1917)” y que “era visible a través de sus periódicos ¡Verdad! (1920) y Despertar (1921)”, ambos editados por agrupaciones con nominaciones similares a la de su prensa: la Agrupación Anarquista Verdad (1920) y la Agrupación Anarquista Comunista Despertar (1920-1927), acompañadas por la Agrupación Comunista Anarquista Adelante de Rosario de la Frontera (1921-1922).

Municipalidad de Salta

Pablo Cosso sitúa espacialmente al movimiento anarquista en gran parte del territorio provincial – Salta Capital, General Güemes, Valle de Lerma, ramal salto-jujeño, chaco salteño, Orán, Campo Quijano, Tartagal, Embarcación, Metán y Rosario de la Frontera – mientras las fuentes que utiliza para su estudio son tres periódicos anarquistas salteños de la década del 20: El Coya (1924-1925); ¡Verdad! (1920) y Despertar (1921) y algunas noticias localizadas en el diario salteño Nueva Época (1919).

A la introducción le siguen capítulos que pincelan los orígenes del movimiento en Salta y algunos episodios que muestran cómo el Estado provincial buscaba reprimir al sector. Reproducimos a continuación algunos de esos capítulos evitando las notas al pie de página que por lo general remiten a citas de algunos de los periódicos ya mencionados o libros que resaltan aspectos teóricos que el autor utiliza para interpretar el pasado.

EL UNIVERSO ANARQUISTA EN SALTA ENTRE INICIOS DE SIGLO Y LA DÉCADA DEL 20

El año 1901 puede ser considerado como el año fundacional del anarquismo en la provincia de Salta, su “mito de origen” ligado a tres acontecimientos históricos concretos: 1) Pietro Gori, activista internacional ácrata de origen italiano, visita la cuidad capital realizando dos conferencias en el Gran Hotel, los días 1 y 2 de julio, en el marco de una gira propagandística organizada por el periódico La Protesta Humana (1899-1901); 2) la fundación del Club Libertad, agrupación deportiva proto-sindical conformada por anarquistas (cuyo distintivo institucional aún mantiene los colores rojo y negro de la bandera libertaria) y 3) la conformación de la primera Sociedad de Resistencia Obrera de Salta, específicamente, la Sociedad de Resistencia de Obreros Panaderos, que al igual que en otros puntos del país, estuvo sostenida inicialmente por ideas y prácticas anarquistas.

Respecto a su prensa gráfica, otro de los pilares fundamentales para reconocer la temporalidad del anarquismo, entre 1914 y 1932 se editaron seis publicaciones con material parcial o netamente anarquista: El Ariete (1914), Verdad (1920), Despertar (1921), Revolución (1924), El Coya (1924-1930) y La Frontera (1932-1936). Otro periódico mensual denominado El Verbo Libre (1919-1928), editado por el “poeta anarquista” Edelmiro Avellaneda hasta su muerte, nos muestra la continuidad de la labor periodística iniciada por ese mismo personaje en El Defensor, órgano de difusión de la Federación Obrera de Salta (F.O.Sa.); organización creada en 1904 que nucleaba a socialistas y anarquistas. A su vez, encontramos manifiestos gráficos contextualizados, generalmente, por situaciones críticas que ameritaban agitaciones y protestas sociales como la muerte del vindicador anarquista Kurt Wilckens, asesinado el 15 de junio de 1923 por un integrante de la Liga Patriótica Argentina, en complicidad con las autoridades de la prisión donde se hallaba cumpliendo condena.

Entre las actividades artísticas e intelectuales de los anarquistas de aquellos años, podemos recordar las veladas artísticas de la Agrupación Comunista Anarquista Despertar (1924) y el Cuadro Filo-dramático “Renovación”, conjunto teatral ácrata de la ciudad de Salta, que escenificaba obras realistas y doctrinales para el movimiento obrero (1926-1928). Asimismo, la biblioteca “Miguel Bakunine” (1923) que estaba localizada en lo que hoy es el microcentro salteño, en la calle Jujuy 108.

Interesa finalmente resaltar la conformación del Sindicato de Obreras de la Aguja de Salta, primera agrupación conocida de mujeres ácratas costureras, cuya secretaría Petrona Arias mantenía correspondencia con Juana Rouco Buela (1922).

LA VIOLENCIA ESTATAL EN TORNO A LA “SEMANA TRÁGICA” EN LA CIUDAD DE SALTA

La conflictiva y abigarrada década del 20 estuvo precedida por un nefasto acontecimiento represivo ocurrido en la ciudad de Buenos Aires, durante el mes de enero de 1919, cuando fuerzas policiales y bandas de civiles armados (La Liga Patriótica, surgida en el seno de la derecha fascista porteña) a instancias de una huelga obrera originada en los talleres metalúrgicos Vasena (cuyos trabajadores sindicalizados adherían mayormente a los principios de la FORA del V° Congreso), masacraron cientos de obreros durante la “Semana Trágica”. En la ciudad de Salta, la noticia sobre el nefasto acontecimiento generó un enfervorizado ambiente de protesta, desencadenando algunos episodios represivos (pormenorizados y sin muertes) que culminaron con el encarcelamiento selectivo de militantes de la izquierda provincial (socialistas y anarquistas) que manifestaban públicamente su repulsa por la sangrienta faena estatal y parapolicial ocurrida durante el gobierno de Hipólito Yrigoyen.

Incendio en los talleres metalúrgicos Vasena.

El contexto de agitación social obrera posterior a la “Semana Trágica” fue interpretado por la prensa local como un signo del peligroso accionar de los “maximalistas” apoyados por la tímida presencia de un “centro obrero de ideas avanzadas” local: “Coincidiendo con los sucesos de Buenos Aires, han arribado a nuestra ciudad algunos agitadores obreros que inmediatamente se han puesto en acción. Su procedimiento de propaganda consiste en iniciar discusiones sobre cualquier tema político en los sitios públicos, hablando en voz alta, con lo que consiguen atraer concurrencias y desviar el tema hacia la doctrina ácrata. Esto probaría que existe una verdadera organización a cuyo cargo se encuentra el movimiento de carácter maximalista que se opera en el país” (“Maximalistas en Salta”, Nueva Época, n° 2751, 13/01/1919).

Es interesante resaltar como la presencia de la “doctrina ácrata” se remitía a la propaganda de “agitadores obreros” que no podían responder, de ninguna manera, a un origen puramente local, sino más bien, al ingreso, ex profeso, de “agitadores” externos.

Para informar a sus lectores acerca del significado del término “maximalista”, el periódico Nueva Época11, publicaría el día 14 de enero una nota denominada “El maximalismo. Como lo define el doctor Alfredo L. Palacios. La dictadura del proletariado”.

Constantes detenciones obreras se sucedieron en la ciudad de Salta entre los días 13 y 20 de enero de 1919. El Estado provincial inició una cacería policial de militantes obreros socialistas y anarquistas. A la par, el periódico Nueva Época no perdía oportunidad para demostrar su predilección por el salvataje de los militantes socialistas y se animaba a sugerir a las autoridades policiales que revisaran sus excesos sobre los dirigentes de dicho origen. Las detenciones selectivas de militantes de la izquierda provincial, prosiguió el 14 de enero de 1919, bajo el argumento de la agitación maximalista y la simple portación de “ideas avanzadas”: “Ayer la policía detuvo a más obreros sindicados de ideas avanzadas. […] Asegurase que los arrestados a título de agitadores, estarán privados de libertad por treinta días en virtud de un artículo de la Ley Social.”. Nuevamente el periódico “de la tarde” salteño, el 21 de enero, denunciará otro encarcelamiento injustificado de un obrero, esta vez, perteneciente a su imprenta, hecho que considerará parte de una persecución policial premeditada sobre el movimiento obrero, en general: “A Juárez se le ha acusado de agitador peligroso, de haber vivado públicamente al maximalismo y de haber impreso en nuestros talleres un volante de carácter ácrata […] Pues bien. Como Juárez, en estos días han sido arrestados muchos obreros sospechosos de revolucionarios” (“Ecos. ¿Dónde vivimos?”, Nueva Época, n° 2757, 21/01/1919).

Vemos aquí, una vez más, el semblante que la policía salteña había configurado para justificar el arresto de obreros anarquistas: “sospechosos de revolucionarios”, “maximalistas” y “agitadores peligrosos”.

VIOLENCIA ESTATAL Y PARAPOLICIAL EN LOS INGENIOS AZUCAREROS

En su sexta entrega, el periódico ácrata Despertar (1921) muestra en la portada un grabado con dos obreros corriendo por un sendero rural hacia el amanecer, portan rifles de bayoneta y una bandera negra en sus manos, se titula “1° de Mayo”. Nos interesa puntualizar en un detalle poco conocido acerca del activismo libertario del panadero Juan Riera, hallado en una nota denominada “Ingenio San Martín” (Ingenio San Martín del Tabacal) publicada en este periódico.

La nota comienza denunciando que se había iniciado una campaña contra los trabajadores “que no sólo llevan fuerza en el músculo si [no…] también luz en el cerebro”, resaltando la fortaleza física y mental de los trabajadores, formados al calor del anarquismo, como el joven Riera, que laboraban en las plantaciones de caña de azúcar de Robustiano Patrón Costas. Continúa mencionando la nota firmada por un tal Roda: “El cuerpo de pesquisas alcahuetes está en pleno funcionamiento para castigar al osado que haciéndose estas reflexiones se atreve a manifestarlas como corresponde. Tal le sucedió al compañero Juan Riera miembro activo de este grupo Despertar.” Roda se refería a las reflexiones en torno a quienes realizaban el trabajo concreto en los ingenios: “¿Quién hizo este trabajo gigante, el dinero de Patrón Costas y Cía., o el brazo creador del obrero?”. Continúa el texto describiendo el suceso donde estuvo involucrado Riera: “Descubierta su propaganda de idea cosa fácil pues el jovencito este es inquieto y audaz se lo llamó al escritorio creyendo seguramente que con una palabra ‘superior’ sería fácil convencer y apaciguar aquella actividad pero nuestro compañerito, que no tiene pelos en la lengua le hizo estas o parecidas consideraciones dejando boquiabierto al cogotudo interlocutor que halló en el obrero un hombre instruido y valiente. Tras una prudente reflexión la Administración dejó así la cosa porque, pensaba, ¡Lástima es un buen empleado! Y se impartieron órdenes para seguirle los pasos pues de seguir en esta actividad muy pronto se convertiría en otro aquel infierno. Desde entonces no hubo ya más respeto para el hombre, las indagaciones y persecuciones estuvieron a la orden del día, hasta que vista la terquedad del joven anarquista lo echaron. Muy bien, los deberes fueron cumplidos. Uno ha defendido sus intereses. El otro ha defendido sus teorías” (“Ingenio San Martín”. Despertar, n°6, 1921).

El periódico Despertar enfatizaba en el valor de la inteligencia como herramienta liberadora de los activistas ácratas, el caso del joven Riera, era un ejemplo de ello, a pesar de que su destino y el de aquellos obreros y pensadores anarquistas que lo imitasen, no era el de la conservación de sus puestos de trabajo.

La temática acerca de cómo los anarquistas intervinieron en la vida obrera y sindical de los ingenios azucareros de Salta y Jujuy ha sido escasamente abordada. Rastreando las fuentes ácratas de la década del 20, encontramos una nota denominada “Los feudos azucareros” firmada por el anarquista salteño Juan Arocena en 1926, publicada en el periódico La Antorcha (Buenos Aires), del cuál era corresponsal. Allí vemos explayado el contexto de las persecuciones a los obreros anarquistas digitadas por la patronal y los lacayos de los capitalistas azucareros del norte argentino. Increpaba Juan Arocena ante el aparente desconocimiento público de los atropellos acontecidos en los ingenios: “¿Quién en las laboriosas poblaciones del norte argentino desconoce la garra que hace agonizar a miles de proletarios en los feudos San Martín, en el Tabacal; San Isidro en Campo Santo, provincia de Salta; Mendieta, La Esperanza, Ledesma, en la vecina provincia de Jujuy?” (“Los feudos azucareros”, La Antorcha, n°197, Buenos Aires).

Puntualizando, luego, en el Ingenio San Martín del Tabacal, “feudo” que merecía “un capítulo aparte”, según Arocena: “…capítulo que los trabajadores de la región deben tener en cuenta a fin de interiorizarse de los procedimientos que ponen en práctica los inquisidores modernos que administran y dirigen este poderoso establecimiento de tortura y barbarie […] cuyo propietario y director principal es el siniestro personaje que responde al nombre de Robustiano Patrón Costas, famoso por su historia de crímenes y latrocinios, [personaje que] allá, por el período de 1913-1916, durante su primera gobernación de la provincia […] arrebató al erario público las cincuenta leguas de campo que hoy constituyen toda la extensión del feudo maldito, donde es amo absoluto de la vida de miles de trabajadores que explota considerándolos como un complemento adherido a las cincuenta leguas de marras. No hay duda alguna que para que este negrero disponga tan siniestramente de centenares de vidas humanas, debe contar con la impunidad que le asegura una legión de lacayos y verdugos […] una horda de pendularios incondicionales, algunos de ellos traídos de exprofeso del hampa […] servicio secreto de alcahuetes y delatores con que cuentan los verdugos del establecimiento para mayor seguridad de sus fechorías” (Idem).

Podemos rescatar a partir de esta descripción realizada por un anarquista que vivió de cerca la explotación obrera en los ingenios azucareros: como la violencia era el modus operandi de un señor “feudal” capitalista, que además, había sido gobernador de la provincia de Salta. ¿Entonces, como no intentar comprender la violencia revolucionaria anarquista como un método instintivo para oponerse a la violencia capitalista y para-estatal, en lugar de analizarla como un hito supuestamente aislado o surgido al calor del maximalismo irradiado por la Revolución Rusa?

ASPECTOS CONCEPTUALES Y ANALÍTICOS

Para los anarquistas dos metáforas corporales resumían su proyecto ontológico colectivizado en la década de 1920: “músculos” y “cerebro”, metáforas legadas del pensamiento ‘bakuniano’: “Por la combinación de su actividad cerebral o nerviosa con su actividad muscular, de su inteligencia científicamente desarrollada con su fuerza física; por la aplicación de su pensamiento progresivo a su trabajo que, de exclusivamente animal, instintivo, casi maquinal y ciego que era al principio se hace más y más inteligente, el hombre crea su mundo humano”.

Estas dos metáforas se corresponden, de alguna manera u otra, con la “violencia” y el “racionalismo”, en tanto, niveles conceptuales utilizados por los mismos anarquistas para describir y analizar determinadas situaciones históricas concretas y discursivas que los involucraban.

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