jueves 22 de febrero de 2024
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(VIDEO) Josefina Medrano – Ricardo Villada | Los desacoples rencorosos que Sáenz invisibiliza a costa de su capital político

La conferencia de prensa que precedió el mensaje del gobernador el domingo pasado, evidenció peligrosamente la ausencia de un gabinete homogéneo. (Daniel Avalos)

Aunque tiene mala prensa, los personalismos son parte fundamental de la realidad política en el país y en Salta. En lo central supone el ordenamiento de un frente político y de gobierno en torno a las ideas y el despliegue de quién ejerce el liderazgo. Para horror de las buenas conciencias socialdemócratas, en sociedades con instituciones débiles como la nuestra, la ciudadanía termina asociando verticalismo con gobernabilidad y por ello en tiempos de crisis como los que vivimos, esa sociedad quiere escuchar lo que el líder tiene para decir en torno a la pandemia, las formas en que se lucha contra ella y las formas en que se continuará con esa lucha.

Ocurre cuando se anuncia que el presidente Fernández se dirigirá a la población y es lo que se replica en Salta cuando habla el gobernador. El pasado domingo volvió a ocurrir, aunque increíblemente al mensaje de Sáenz le antecedió una conferencia de prensa protagonizada por el ministro de seguridad, Juan Manuel Pulleiro; la de salud, Josefina Medrano; y el de gobierno, Ricardo Villada. No resultó una buena idea ni en términos conceptuales ni prácticos. Lo primero porque fue en contra de lo que se estila en el mundo con líderes de izquierda, centro y derecha; lo segundo porque en varios pasajes de la misma se evidenciaron desacoples y la pugna entre ellos. Si de lo último se habló poco, fue porque la atención de los televidentes se concentró en el mensaje de Sáenz que incluyó pasajes polémicos al asociar enfermedad con delito. Síntesis: el capital político de Sáenz termina utilizándose para disimular la impericia y los rencores al interior del gabinete.

Hecho el rodeo, detengámonos en lo ocurrido con Josefina Medrano y Ricardo Villada. Aclaremos que los mencionados están lejos de tener un protagonismo descollante en esta crisis sanitaria, aunque debamos admitir que la misma pone a prueba a cualquiera. Pero lo cierto es que la primera cobró notoriedad por expresiones que no dejaron de asombrar y desencantar a los salteños desde los cercanos tiempos en que naturalizó las muertes por desnutrición de niños wichis; mientras el segundo sigue con su afán de corregir o desdecir con tono beligerante a su colega: en enero con respecto a si el ex ministerio de Primera Infancia había aportado o no información sobre niños en riesgo nutricional en el norte, el domingo para corregirla con respecto a los testeos y análisis a los que son sometidos los repatriados salteños, tal como aquí lo mostramos en el material que seleccionamos para ejemplificar esta nota.

El resultado es indisimulable: no hay un gabinete homogéneo, no estamos ante funcionarios que pueden empezar una respuesta sobre la crisis y callarse súbita y tranquilamente porque el compañero de al lado proseguirá el razonamiento como si él mismo lo hubiera empezado. Insistamos: si ello se disimuló el domingo es porque la sociedad prestó el oído a quien personaliza la estrategia en contra de la pandemia, invisibilizando así el desacople rencoroso entre ministros que insoslayablemente afecta o afectará el capital político de quien conduce el proceso.

El hecho debería preocupar a todos e independientemente de la valoración política que se tenga del propio gobernador y su orientación política. Debería ser así porque estamos en medio de una crisis inédita que requiere que todo se ponga disposición de una misión que para cumplirse debe combinar el diseño de una estrategia contra la pandemia y sus consecuencias; la ejecución correcta de los movimientos planificados y que por involucrar a distintas dimensiones de lo social deben ser descentralizadas, pero subordinadas al objetivo común. Variables que requieren de la participación de una sociedad que puede llegar a tolerar que la política contenga a personas que luchan para llegar a un puesto y mantenerse en él, pero a condición de que la ambición no debilite la musculatura política y social necesaria que permita mover el todo en dirección al horizonte deseado.

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