Efemérides | Roberto Arlt o la literatura plebeya

Un 27 de abril del año 1900 nacía el cuentista, dramaturgo, novelista y periodista Roberto Arlt. Murió 42 años después, demasiado joven y seguramente a causa de los achaques de una vida taladrada por la pobreza durante su infancia y juventud. (D.A.)

Allí radica la particularidad de Roberto Arlt: es el plebeyo que logró incorporarse al mundo de las letras hasta entonces monopolizado por sectores acomodados en donde descollaban los Jorge Luis Borges o las Victoria Ocampo nucleados alrededor de la revista Sur.

Tal vez por eso la literatura de Arlt siempre eligió temas, personajes y problemáticas inscriptas en su tiempo y en los sectores bajos; a diferencia de los temas de Borges que podían ser las tradiciones europeas del siglo XIX o la vida de los compadritos que ya no existían y eran ajenos al marco histórico nacional. Roberto Arlt, en definitiva, bien puede considerarse como irrupción plebeya en el mundo de las letras evidenciando lo que muchos analistas enfatizan para la Argentina del siglo XX: las enormes posibilidades de ascenso social ascendente que nuestro país empezaba a proporcionar por entonces.

Familia de Roberto Arlt.

Fue la argentina de «M’hijo el dotor«, esa obra de teatro que refleja al inmigrante pobre que podía soñar que su hijo marginal llegaría efectivamente a ser un profesional que saca a la familia no sólo de la pobreza, sino también del anonimato humillante al que estaban condenados.

Los salteños también tenemos nuestro ejemplo paradigmático: Miguel Ragone, ese hijo de napolitanos que pudieron mandar al nene a la escuela, que éste se matricule luego de médico en la UBA, que ahí nomás el peronismo lo convirtiera en secretario de ese grande de la salud pública como lo fue Ramón Carrillo y que tras idas y vueltas de la política nacional devenga en gobernador electo de una provincia como Salta aunque la perversa dictadura que le arrebató la vida, fuera también la responsable de empezar a desmontar aquel país que se esforzaba por esperar con los brazos abiertos a los deseosos de ascender en base al talento y esfuerzo.

Finalizado el rodeo al que nos empujó la referencia a Roberto Arlt, volvamos a éste para mostrar cómo su literatura expresaba esa Argentina. Para ello retomemos una de sus novela, El juguete rabioso, publicada en 1926 y que narra la vida de Silvio Astier, el adolescente cuyo sueño máximo era ser un bandido de alta escuela.

Astier puso empeño y ciencia en sus andanzas de poca monta. Gremializó a sus amigos en una particular logia en donde el deseo infinito era inmortalizarse con el nombre de delincuentes. Y así transcurrían los días hasta que la humilde madre de Silvio, sola al frente de una casa humilde, abrumada por los gastos domésticos, con sus cabellos encanecidos y el rostro surcado de arrugas, disparó una orden perentoria: “Tenés que trabajar, Silvio”.

Silvio se estremece y discute pero la mujer le explica el peso de los gastos y de las responsabilidades. Silvio resiste pero va cediendo y en ello tiene mucho que ver la ternura de los recuerdos: la imagen infantil de cuando su madre lo cargaba en brazos calentándole las rodillas con los pechos mientras recorría la ciudad pidiendo por su hijo y con la boca seca que le producían los sollozos.

Silvio Astier sucumbe: “Está bien mamá, voy a trabajar” y trabaja. Desde entonces es otro. Sus experiencias son varias; sus frustraciones también. Por eso se angustia. La vida es dura, muchas veces injusta y no está desprovista de fracasos. Sin embargo Silvio vive en una sociedad que lo estaba aguardando con un lugar. La historia culmina con una promesa de futuro después de desistir de caer de nuevo en el delito. Metáfora de una sociedad que exigía de sus miembros el respeto de un itinerario y ofrecía a cambio un lugar.

Es ese el país que hemos empezado a perder desde el Golpe de 1976. Podremos visualizarlo con los estudios históricos, con las estadísticas comparadas sobre el peso de la industria, los índices de desempleo y tantas otras variables que se pueden cuantificar aunque también leyendo la literatura de Roberto Arlt quien siempre vendrá a recordarnos que el buen arte puede hacernos saber aquello que no sabemos del todo.