martes 18 de junio de 2024
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Hip Hop en Salta: entre la metáfora y la persecución | «La competencia es entre ellos y el sistema»

Estudiantes del terciario Abuelas de Plaza de Mayo participaron de la observación de la competencia “Lírica Subterránea”. La que sigue es una de las crónicas sobre este arte urbano que se consolida entre los jóvenes salteños. (Juan Martín Cabezas)

18:52, salgo del baño y mi novia me apura, estoy llegando tarde a la primera actividad de mi nueva carrera. Le dije que no se preocupe, en el auto llego en unos minutos, pienso. Tampoco puedo demorarme mucho más. Así salgo con una libreta y una lapicera en la mano, me quedé sin tiempo de cargar el mate, la yerba, el agua, etc. El frío de estos días fue intenso y quizás “Líricas Subterráneas” se extendía hasta las clase de 21:40 a 23:00. Con el mate caliente, estas actividades son más amenas.

Bajo del auto, aún lamentándome de no tener el mate, y encima, hablando con Cristian y Liliana, me entero que la clase con de Escalada era virtual, tampoco traje la mochila con mi carpeta y mi PC, aunque al final, zafamos: el Profesor de Escalada suspende la clase, tenemos que ir al IES a las 21:40, estamos cerca, en el auto, podremos ver la competencia de Rap y Hip Hop un rato largo.

El profe Marchetta, o “Lírico” en este ambiente, camina hacia donde estamos para avisarnos que la “compe” ya empieza para que nos acerquemos. Los pibes se entusiasman cuando él, el profe, el organizador del encuentro, les avisa que unos alumnos de él están en el lugar, que quizás nos acerquemos haciéndoles entrevistas, algunas fotos, videos, o lo que nos haga falta para la tarea.

También antes de empezar avisa que hay un par de lugares demás, ya pagados, otros competidores pusieron plata extra para que puedan competir todos, aunque no tengan los pocos pesos que se pide para la inscripción. Lo primero que noto en este momento, es lo amigable del ambiente, las risas y los chistes internos y cómplices no faltan.

Quizás la competencia empezó con mucho flow y power, porque a la primera batalla, que tuvo menciones a Sansón y a drogas, le siguió una más tranquila, sin tanta tensión, no hubo tanto baile y movimiento, “Cantina”, la primera rapera que veo en el lugar, perdió el tiempo y pedía su entrada cada vez que le tocaba responder a su rival: “se la damos en 3, 2, 1: dicelo!”.

“se la damos”, a la palabra, a la rima, al tiempo, a la música: ahí, todas estas cosas son un conjunto, todo se mezcla, quien rapea cuenta con toda esa mixtura de cosas y tiene el poder de decir, de hacer con sus creaciones rítmicas. Con Facundo, mi compañero, quedamos impresionados de la capacidad de improvisación e inventiva que tienen cada uno de los competidores que pasan por el escenario. Estamos de acuerdo con algunos resultados que dictan los jueces, entre los que está nuestro compañero Cristian, y con otros pensamos que hubiéramos votado diferente, que la réplica podría haber sido un buen modo de desempatar una batalla reñida.

La noche avanza, cada vez somos menos, los chicos se escapan, se tienen que ir, un competidor pide que sea su turno, que tiene que ir al terciario, hay risas, sin embargo, el mensaje que se baja desde el escenario es que estudien, que estudiar es un orgullo. Estudien? Estos pibes pueden no estudiar formalmente, pero si algo tienen es cultura, estos versos no provienen de gente poco culta. Bajo un foco que parece en cualquier momento caerse o apagarse, las ideas y conceptos que suben a las escaleras del público son de un profundo conocimiento que les brinda lo cotidiano.

Las menciones de la vida, la muerte, el ser y quien “no-es”, los derechos, la igualdad entre hombres y mujeres, la experiencia rapeando, las menciones a dioses griegos, romanos. Cada tema es un debate, que puede seguir en la batalla que viene luego, cada competidor expone su postura y la defiende. Aunque la idea no es desmerecer el trabajo del contrincante, el objetivo es imponerse y disminuirlo. A cada final de batalla se felicita al ganador, pero los aplausos se piden para quien pierde, se esforzó y lo intentó, se lo reconocen y, más allá de la derrota, compartió sus rimas con el público.

Termina la primera ronda y pensamos que no podíamos sorprendernos más, hasta que empezamos a ver la organizacion del repechaje en la que vemos rapeando por turnos a 5 o 6 competidores a la vez. Se trenzan en discusiones sobre la familia, la experiencia en el escenario, como se ganan la plata que los lleva a comer todos los días. Uno a uno el jurado va eligiendo hasta que terminan escogiendo a quienes van a completar los 16 raperos que estarán en octavos de final.

Esa instancia me sorprende, es un pregunta-respuesta, 4 preguntas por lado, que el otro debe responder. Es nueva, dicen que “el profe” se puso inventivo porque estamos nosotros ahí y quiere quedar bien. Tardan en entenderla, pero finalmente, las batallas toman ritmo y se sacan chispas, los temas quizás se repiten, pero se logra debatir desde otros lugares, no dejan de reinventarse rima a rima, entrada a entrada.

Nos juntamos todos, el profe nos junta, charlamos un poco sobre lo que acabamos de vivir, todos estamos cómodos y sorprendidos por lo que acabamos de ver. De fondo se escucha a “la Pri”, la única mujer que está en octavos de final, entre 15 hombres, escucho que tiene 14 años. No lo creo, se para en el escenario con su baja estatura, aunque sobre sus versos, ella crece varios metros.

Vemos que se hacen las 21.20, los octavos de final siguen avanzando, pasan a cuartos, vuelven las cuatro entradas por turno, aprovechan que quien organiza esta con sus estudiantes para poder volver a donde se sienten comodos; el “4 por 4”: 8 versos, se turnan, 4 turnos cada uno.

Nos vamos a clases, suben al auto Cristian y Facundo. Me queda la sensacion de que vimos un espectaculo tan urbano, callejero y de los márgenes sociales con una cuota muy alta de lectura y estudio por parte de estos jóvenes que sólo buscan pasar un buen rato y divertirse cada vez que se pueda.

El lugar donde rapean le da la espalda a “La Balca”, de donde el gobierno expulsó a los boliches y por ende a los jóvenes para dejar las tradicionales peñas, donde viejos conchetos pagan dos mil pesos un plato de comida y un vino para saborear sólo eso, el gasto que pueden hacer. Esta cultura Rap batalla cerca, pero al costado, la intención es cambiar el mundo, aunque sea, el mundo que los rodea de más cerca.

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Me dormí, me levanté tarde para ir a trabajar, me baño lo más rápido que puedo, despierto a mi novia y a su hijo, laburamos en el mismo lugar y el niño va a la escuela donde trabajamos, asique emprendemos el viaje diario hasta el CODESA. Cuando suena el timbre con el que iniciamos la mañana, me acuerdo que tengo que cubrir a un profesor, una de mis tareas principales como preceptor.

Entro al 3ro B, los pibes se contentan al verme llegar, no por mi simple presencia, sino por lo que significa que yo entre: una clase menos en la que hacer tarea. Les saco la ilusión rápidamente, con el trabajo virtual que tenemos aceitado luego de la pandemia, los profesores envían las tareas para que los chicos no dejen de trabajar en el aula.

Les pido que trabajen, que hagan silencio, que a las 8 la profesora de Geografía mandaba el material para trabajar. También les cuento que igual que ellos, yo tengo tareas para hacer, que habia empezado a estudiar una carrera y tenia que escribir este texto. Leo ensimismado la etnografía de ejemplo que nos compartió el profesor, me siento conmovido con las imagenes y las experiencias que recreó el texto en mi cabeza. Freno a los estudiantes, les cuento cual era mi tarea y que quería compartir con ellos la lectura.

Luego de leerla, un silencio profundo invade el aula, de conmoción, desasosiego, compartimos unas palabras y nos quedamos pensando: estos pibes, que hacen rap, crean un submundo en el mundo, apartado, alejado. ¿Qué otra tarea nos toca a nosotros, a quienes tenemos alguna tarea docente, si no es dar espacio a todos los mundos posibles? “Un mundo donde quepan todos los mundos”. Así es como entiendo: cada rapero creo su mundo, y ese escenario es un mundo donde caben todos los mundos.

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