martes 28 de mayo de 2024
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La guerrilla del Che en Salta | A 60 años de la desaparición del Comandante Segundo en la selva de Orán

Sus compañeros dicen haberlo visto por última vez el 21 de abril de aquel año. Jorge Ricardo Masetti había nacido en Buenos Aires el 31 de mayo de 1929 y desapareció mientras comandaba una guerrilla desbaratada por la gendarmería. (D.A.)

Fue periodista de radio “El Mundo” y encontró notoriedad al transmitir un reportaje al Che Guevara y Fidel Castro desde la Sierra Maestra, antes del triunfo revolucionario en 1959. Tras ello, Masetti se sumó a la revolución organizando Prensa Latina: el servicio de información cubano donde trabajo junto a figuras de la talla de Rodolfo Walsh, Gabriel García Márquez y otros periodistas y escritores de renombre.

Fue allí cuando Masetti consolidó su amistad con Guevara y asumió como propia la idea guevarista de continentalizar la revolución caribeña, estrategia que lo deslizó a instalar la primera guerrilla en nuestro país, más precisamente en el norte de la provincia de Salta. El junio del 63 ingresó a Orán desde Tarija junto a dos cubanos y dos argentinos adiestrados en la isla. En agosto arriban universitarios reclutados en Córdoba y Buenos Aires y por marzo del 64 la selva de Orán albergaba cuarenta guerrilleros que se abocaron a trasladar desde Bolivia armamentos y equipos de comunicaciones.

El cuarto día de marzo empieza el principio del fin. En un campamento cercano a Colonia Santa Rosa debían recibir nuevos reclutas que incluían dos espías infiltrados. Masetti y parte de sus hombres se internan en la selva dejando al cubano Alberto Castellanos – éste había sido guardaespaldas de del Che en Cuba – junto a dos argentinos que debían instruir a los “novatos” y esperar provisiones desde Salta.

Desde la selva Masetti envía dos guías: uno debía acompañar a los “nuevos” hacia el grupo del jefe y el otro esperar las provisiones, enterrarlas y acompañar al propio Castellanos al mismo lugar. Cuando el primer guía escoltaba a los reclutas nuevos enfrento una escaramuza con los espías infiltrados que terminó con el guía herido. Curiosamente, mientras los infiltrados huían fueron atrapados por la gendarmería que ya patrullaba la zona por denuncias de lugareños. Los cuatro guerrilleros que quedaron en La Toma, mientras tanto, también son sorprendidos y encarcelados. A ese día siguen detenciones en Salta, Orán; localidades jujeñas como Ledesma y La Mendieta; y también en Córdoba y Buenas Aires de personas encargadas de proveer alimentos y reclutas al monte.

En la selva Masetti intenta reorganizar el grupo, pero la tarea no es fácil. A las inclemencias del terreno y la falta de provisiones se suma la dispersión. Algunos descubrieron lo que ocurría ya en el terreno. Entre estos se encontraban el grupo del cordobés Héctor Jouvé, quien al hacer contacto con el grupo de Masetti y Hermes Peña – otro cubano que había peleado a las órdenes del Che en la Sierra Maestra – deciden alejarse hacia Campichuelo para aprovisionarse y volver en busca de compañeros que ya sufrían las consecuencias del hambre.

La idea era que el grupo en Campichuelo atrajera a la Gendarmería y liberara en parte Colonia Santa Rosa a donde volverían por las aguas del río Piedras para ganar tiempo. Tras cinco días de marcha, Masetti aborta el plan y ordena el retorno. Comisionó a Hermes Peña para que organizara un pelotón que fuera a Yuto en busca de comida mientras Jouvé debía encontrar compañeros y volver para recoger al mismo Masetti, quien esperaría en el lugar junto a Atilio Altamira. Era el 21 de abril de 1964, justamente un día como el de ayer.

El retorno fue letal: muertes por accidentes, hambre y enfrentamientos con la gendarmería culminaron con los hombres dispersos, hambrientos y arrestados. Altamira y Jorge Ricardo Masetti, el Comandante Segundo, quien al decir de Rodolfo Walsh había logrado “la mayor hazaña individual del periodismo argentino” al entrevistarse con el Che y Fidel Castro en plena Sierra Maestra, desaparecía para siempre en las selvas de Orán.

Hace unos años y antes de su muerte en la provincia de Córdoba, dialogué con Héctor Jouvé a quien le pregunté su opinión sobre el destino final de Masetti. Me respondió que ese 21 de abril Masetti ya no estaba en condiciones de seguir huyendo, que debió morir de hambre junto a su hamaca a mitad del camino entre La Toma y Campichuelo en donde esperaba que sus hombres lo recogieran a él y a Altamira.

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