lunes 27 de mayo de 2024
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Juan Carlos Jones Tamayo | Murió militar salteño considerado como el “mayor represor de Jujuy” durante la dictadura

Tenía 80 años. Cumplía prisión perpetua por homicidio, allanamientos ilegales, privación ilegítima de la libertad y tormentos. Estuvo prófugo varios años. Su historia individual pincela el horror vivido en aquellos años. (D.A.)

La noticia fue resumida en pocos caracteres: “A los 80 años de edad y mientras cumplía una condena a prisión perpetua dictada por la Justicia Federal de Jujuy por los crímenes de lesa humanidad que cometió durante los años de terror en aquella provincia, falleció anteayer el coronel retirado Juan Carlos Jones Tamayo”. El ex militar estaba condenado por delitos de lesa humanidad desde diciembre del año 2022.

Si historia posee varios eslabones – participó del llamado Operativo Independencia en 1975; fue jefe de la Central de Inteligencia del Ejército en Jujuy; es considerado como el “mayor represor de Jujuy”; se benefició con las leyes de impunidad dictadas por el alfonsinismo; estuvo prófugo durante años cuando la derogación de esas leyes habilito su procesamiento juzgamiento; fue finalmente condenado a prisión perpetua junto a otros represores de esa provincia en diciembre del 2022 – pero todos unidos por una historia familiar en donde las conclusiones políticas tajantes y las conspiraciones militares eran la regla.

Digresión genealógica

Juan Carlos Jones Tamayo parece haber absorbido del padre esas pasiones peligrosas. Juan Jones era un hijo de inmigrantes que terminó formando familia en nuestra provincia. Ocurrió en los tiempos donde el patriciado consideraba un buen partido para sus hijas a los oficiales recién egresados de las academias militares. Una versión corroborada por el historiador francés Alain Rouquie, quien en su libro “Poder militar y sociedad política en la Argentina” escribía sobre Salta de la siguiente manera: “Con tal que tenga buenos modales y que sea atractivo, el teniente o el capitán acantonado en la ciudad podrá quizás asistir al gran baile anual del Jockey Club de Rosario o al del Club del Orden de Santa Fe. También harán un buen papel en la feria de beneficencia del Club Social de Tucumán. Su unidad acantonada en Salta recibirá algunas invitaciones para el garden party del prestigioso 20 de Febrero”.

Juan Jones terminó desposando a la hija de una tradicional familia salteña. De ese matrimonio nació Juan Carlos Jones Tamayo. A la hora de rememorar a Jones Padre, los testimonios aseguran que se exilió en Uruguay entre 1962 o 1963. No era un peronista de la resistencia. Era un militar que tras el derrocamiento de Perón en 1955 se involucró en las internas del ejército que devino en luchas abiertas entre “colorados” y “azules”. Las disidencias versaban sobre cuál debía ser el rol de las Fuerzas Armadas en la política del país y la actitud que debía adoptarse ante el peronismo. Juan Jones era de la facción “colorada” que fue clave para derrocar a Frondizi en 1958, aunque debieron ceder ante los “azules” que impusieron la idea de no reemplazar al presidente depuesto con un militar, sino permitir que el titular del senado asumiera la presidencia bajo la tutela de los militares.

Las tensiones entre los bandos no aminoraron con los años. Los “colorados” veían en el peronismo a un movimiento de clases violento y el escalón previo al comunismo, por lo cual sostenían que la única solución ante ello era aniquilarlo. Los “azules” proponía otra cosa: garantizar que el viejo líder muriera en el exilio, bregar para que el peronismo sin Perón no retornara al Poder y permitir que ese movimiento tuviese algún tipo de participación residual en la política nacional. En 1962 las tensiones se incrementaron y luego de tímidas escaramuzas entre los bandos, los azules arrebataron a los colorados la conducción del ejército. El “azul” Juan Carlos Onganía asumía la conducción de esa fuerza y Juan Jones partía a un exilio que no duró mucho ni tendría consecuencias duraderas en su carrera, aunque ese exilio obedecía al hecho de ubicarse a la “derecha” de un Ongania que cuatro años después derrocaría al gobierno constitucional de Arturo Illia.

El Jones Hijo

Y ahora sí, llegamos a donde queríamos llegar: al Coronel Retirado Juan Carlos Jones Tamayo. Y acá sí conviene evitar los rodeos para ir al grano: Jefe del Servicio de Inteligencia del Área 323 en Jujuy, fue partícipe de los tristemente célebres “Apagones de Ledesma”. Esas jornadas de julio de 1976 que incluyeron cortes de luz, vuelos rasantes de helicópteros, activación de bombas de estrépito y voces de mando amplificadas por megáfonos que en su conjunto buscaban inmovilizar a la población mientras las víctimas directas de los operativos eran secuestradas para no aparecer nunca más. Los sobrevivientes de entonces aseguran que el salteño era el encargado de recibir a los “chupados” en el centro clandestino conocido como “Guerrero” con un látigo de hilos de acero mientras les advertía: “Así se recibe aquí”.

Hay más. Juan Carlos Jones Tamayo estuvo señalado de participar en numerosas desapariciones. El libro publicado por los organismos de Derechos Humanos de la vecina provincia -“Con vida los llevaron. Memorias de madres y familiares de detenidos” (U.N.Ju. 2008)- el salteño aparece mencionado en las páginas 103, 138, 166, 211, 225 y 226 y siempre para ser vinculado con detenciones, apropiación de bienes y desapariciones de mineros, militantes, obreros azucareros y estudiantes.

Según los informes periodísticos, en Jujuy le perdieron el rastro entre 1976 y 1980, año en el que volvió a la provincia. Gozó de los beneficios de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final hasta que derogadas estas, fue enjuiciado en la primera causa por delitos de lesa humanidad que se instruyó en Jujuy por el asesinato de la maestra Dominga Álvarez de Scurta. El dictamen fiscal elaborado en 2006 pedía su captura y su indagatoria aunque un juez cómplice – Olivera Pastor – le extendió todo lo que pudo el período de gracia. Para cuando dictó una orden de detención, Jones Tamayo ya no vivía en el domicilio declarado.

En marzo de 2011, se lo declaró en rebeldía y en octubre de ese año el Estado lanzó un pedido de captura nacional e internacional que incluía una recompensa de $100.000. Cuando finalmente fue detenido en octubre de 2014, la militante de DDHH jujeños, Mariana Álvarez García, declaró que el salteño “Era la ficha que faltaba en el rompecabezas de los crímenes de lesa humanidad en Jujuy, es un personaje muy nefasto, de los más crueles de la represión en esta provincia”. La militante de H.I.J.O.S., Eva Arroyo, fue más allá: “Después de (Carlos) Bulacio [jefe de la Guarnición Jujuy] fue quien más responsabilidad tuvo en la represión en la provincia”.

El reencuentro nacional según Jones

Juan Carlos Jones no sentía culpas por su actuación. Se encargó de remarcarlo en una carta escrita desde la cárcel Federal de Güemes el 13 de febrero del 2015. Era para conmemorar el 40 aniversario del combate de “Río Pueblo Viejo”, en Tucumán, donde murió un oficial del ejército y dos guerrilleros del ERP. Jones Tamayo participó del mismo con el rango de Capitán y aunque el episodio no modificó los planes del Ejército ni del ERP en ese entonces, el salteño lo reivindica como el bautismo de fuego del “Operativo Independencia”: un laboratorio de represión ilegal que luego se extendió a todo el país tras el golpe de marzo de 1976.

Exigida por los militares y concedida por el peronismo de entonces en el poder, el “Operativo” empezó con el desembarco del Jefe de la Quinta Brigada del Ejército, Acdel Vilas, y 5.000 efectivos en la localidad tucumana de Famaillá. El objetivo central no era ir tras los guerrilleros en el monte, sino disciplinar a la población sospechada de simpatizar con ellos. Lo confesó Domingo Bussi cuando reemplazó a Vilas en diciembre de 1975: “Aún resta detectar y destruir a los grandes responsables de la subversión desatada, a aquellos que, desde la luz o desde las sombras, valiéndose de las jerarquías, cargos o funciones logrados, atentan día y noche contra las estructuras del Estado, y aquellos otros que, con su hacer o no hacer, encubren, cuando no protegen a estos delincuentes que hoy combatimos” (Anguita – Caparrós: La Voluntad).

Juan Carlos Jones Tamayo sequía pensando lo mismo. En su carta de tono marcial escrita cuarenta años después, se declaraba “prisionero” de una subversión a la que advertía en febrero del 2015 lo siguiente: “Al enemigo le digo que así como lo descubrimos en la maraña del monte tucumano hace 40 años (…) así también hoy lo vemos infiltrados en los diferentes sectores de la nación, siguiendo las enseñanzas del nefasto Antonio Gramsci”. Una conclusión se nos imponía a algunos: los que montaron centros clandestinos de detención, hicieron desaparecer personas y usaron la tortura para obligar a los prisioneros a delatar siguen convencidos de que la subversión tiene tanta vigencia como Satanás la tenía para los monjes desdentados del medioevo.

Esa subversión para Jones Tamayo había dejado el fusil para infiltrase en el Estado y las organizaciones de la sociedad civil para desde allí trastocar la cultura nacional. A ellos, en su carta, Jones Tamayo les dedicaba una perentoria despedida: “Al enemigo les digo: ‘Somos soldados, nuca pediremos perdón por defender la patria’”.

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