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El infierno lo espera | Murió Raúl Gentil: jefe policial durante los años más duros de la dictadura en Salta

Asumió en el cargo tras la intervención al gobierno de Miguel Ragone en 1974 y se mantuvo en el mismo hasta 1977. Fue enjuiciado por el secuestro y desaparición del ex gobernador, la Masacre de Palomitas y otros hechos de terrorismo estatal.

El año 1974 lo tenía a Gentil como 2° Jefe de la Guarnición del Ejército Salta, hasta que el 28 de noviembre de ese año asumió como Jefe de Policía. Era parte de una práctica que se populariza por entonces: que el 2° feje de la Guarnición local se hiciera cargo de la jefatura de la provincia. Pero las fechas cobran acá relevancia: el 23 de noviembre de ese año, el gobernador constitucional Miguel Ragone era desplazado del cargo por la intervención decretada por la viuda de Perón y tras meses de ser hostigado. La derecha peronista y sectores del ejército y la policía se preparaban para aniquilar al “zurdaje”.

En la Casa de Gobierno salteña desembarcó José Mosquera. Un cordobés que había cumplido funciones similares en su provincia cuando, con la misma lógica, Perón la intervino para deshacerse del gobernador y el vicegobernador relacionados con la “tendencia” revolucionaria del peronismo. Mosquera venía a disciplinar y el militar Raúl Gentil asumiría la jefatura de la policía de Salta. El terror comenzaba y quedó registrado con letras catástrofe en medios gráficos que día a día informaban sobre “operativos antisubversivos” en Capital, el Valle de Lerma, Orán, Güemes o Tartagal. Los muertos se acumulaban y el tenebroso Joaquín Guil cobraba renombre: hablamos del policía que simbolizó en Salta la práctica perversa de la tortura.

Entre febrero de 1975 y hasta el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, Gentil tiene fuerte presencia en los medios junto al propio Guil y otros miembros de la “patota policial”: una especie de policía política en la provincia. Distintos testimonios aseguran que cuando Miguel Ragone empezó a trabajar para retomar el control del justicialismo en Salta anotando su lista para competir en la interna partidaria de 1976, el Jefe de Policía, Raúl Gentil, “advirtió” al médico que debía desistir de seguir siendo parte de la política salteña. Recién en noviembre de 2011, la justicia encontró al militar responsable por el secuestro y la desaparición de Ragone, hecho ocurrido el 11 de marzo de 1976.

Concretado el Golpe de Estado, la muerte planificada deja de ser un “espectáculo” que se publicita para empezar a ejecutarse clandestinamente. Ahí los testimonios difieren en los detalles, pero varios juzgan a Gentil como el asesino de escritorio. Puede que se refieran a eso que Sarmiento denominaba la “maldad sin pasión”: monstruos políticos que someten desde un gabinete racionalizando el despojo y la explotación.

Como cientos de otros represores, Gentil gozó de impunidad durante décadas. Recién entre los años 2010 y 2017 recibió siete condenas, seis de ellas a perpetua. Elena Corvalán hizo un repaso de ellas en la sección local del diario Página 12: diciembre de 2010 condenado a reclusión perpetua por la Masacre de Palomitas ocurrida el 6 de julio de 1976; en diciembre de 2013 fue condenado junto a otros quince represores por crímenes en perjuicio de 34 personas; en septiembre de 2014 lo condenaron por delitos de lesa humanidad cometidos en perjuicio de 12 personas (entre ellas una chica de 15 años); en junio de 2015 fue condenado en el Séptimo Juicio que reunió diez expedientes, entre ellos una segunda causa por Ragone; en mayo de 2017 compartió condena con otros represores en un proceso que analizó crímenes cometidos en perjuicio de 32 personas entre junio de 1975 y octubre de 1976 en Orán, Tartagal, Colonia Santa Rosa, Embarcación, Metán y Salta; y en junio de 2017 fue condenado a ocho años de prisión como coautor del delito de privación ilegítima de la libertad agravada en concurso ideal con el de imposición de tormentos agravados, en perjuicio del cooperativista barrial Marcial Uro.

Raúl Gentil murió el martes pasado a los 89 años en su casa porteña, donde cumplía prisión domiciliaria. El infierno lo espera.

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