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Apuntes marginales salteños | La opresión sea contigo, y con tu espíritu

La batalla perdida que más duele al setentismo es que el neoliberalismo haya logrado que “luchar” sea una pose rentable. La paradoja de la gente pequeña haciendo cosas pequeñas en lugares pequeños. Jipis. (Franco Hessling)

Tirano paso del tiempo: la generación setentista argentina va feneciendo. Tirana lección histórica: lo que las ideas de esa generación inspiran, todavía más penoso, son evanescentes. La tranquilidad es que no son ideas que vayan a desaparecer, la oligarquía necesitó desaparecer a los profetas setentistas de esas ideas para reapropiárselas y volverlas rentables. La inmejorable capacidad del capitalismo de convertir todo en mercancía. Incluso mejor que el rey Midas convirtiendo todo en oro.

Personalmente no soy de los que estaban vivos en los 70. Son procesos de los que no tengo recuerdo propio y sólo me queda la[s] memoria[s] colectiva[s]. El club de borgeanos adictos a llenar crucigramas dice que tres [s] son buen sexo por nueve años. Salud, lectores, gozad, gozad.

Para las nuevas generaciones de adultos que nacimos después de los 70 no hay una experiencia vivencial directa con la militancia altruista que había por aquellos tiempos de guerra fría y capitalismo versus comunismo. El mercado logró que esa vieja rencilla dialéctica se desdibuje sin desaparecer, para todavía sostener un nicho tipo tribu-urbana de izquierdistas que viven en pose de revolucionarios armados y no hacen más que, en el mejor de los casos, leer mucho. No es una totalidad ni siquiera una acusación a los partidos, insisto: se trata más bien de un nicho de mercado, militantes de partidos o corrientes o no, que consumen el merchandising que referencia la izquierda de mediados del siglo XX.

La pose de lucha, y en esto hay que ser más crudos, se acerca mucho a un mal más general de las izquierdas y que se refleja sobretodo en la folklorización de las irrupciones públicas: las rítmicas y coloridas marchas. Son cada vez más performáticas y menos revolucionarias. Lo que demuestra que no todo cambio o alteración de un orden -como una performance- es necesariamente al menos un atisbo de cambio estructural -como una revolución-. Mucho folklore, con carteles, canciones y folletos, mucho color y mucho consumo. Porque consumir [ser consumistas] no tiene por qué ser un privilegio de la burguesía opresora, es un derecho de todxs.

Una de las más notorias poses de lucha es la de movimientos por los derechos humanos históricos, rápidos para poner en doble vara -no estoy diciendo que para negar- los abusos actuales que hace el estado de aquellos que cometió la última dictadura militar, allá lejos y hace tiempo. El terrorismo de Estado merece condena absoluta, pero los abusos de poder en democracia, que concluyen casi siempre en lo mismo que el terrorismo de estado -muertes-, no son para nada denunciados por esos movimientos “de derechos humanos”. Eso sí, no puede faltar la remera del Che, los dedos en V de eVita y las reivindicaciones a J.W. Cook o Agustín Tosco. Los rockstar de la lucha revolucionaria del siglo XX argentino. No creo que ni el Che ni Tosco hubiesen compartido en sus muros de Facebook las sacha-columnas de la Batalla Cultural. Alguien tenía que decirlo.

La pose de lucha de los izquierdistas performáticos se combina con otra salida de las nuevas generaciones de adultos que no reivindican el capitalismo: los jipis. Conforme a la definición de la antropóloga Julieta Quirós, son neo-ruralistas, profesionales citadinos con ideas que se pretenden alternativas, aunque normalmente están en tránsito de ser captadas por el capitalismo y convertidas, adivine usted, en mercancías.

Los jipis son la gente pequeña que dice que haciendo cosas pequeñas en lugares periurbanos pequeños puede cambiar el mundo. Amén. Son los mismos que, como yo, tienen alguna que otra remera del Che o de Lenin, algún que otro libro de Rosa Luxemburgo, Bakunin y/o Trotsky, y confían en alimentarse parcialmente de su huerta. Aunque en el mundo Monsanto esté avanzando a pasos raudales hacia el monopolio total de las semillas. Amén. Nos damos fraternalmente el saludo de la opresión: la opresión sea contigo y con tu espíritu, dijeron los fedatarios a coro.

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