viernes 12 de abril de 2024
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“A las 6 empieza mi suplicio” | Torturados salteños por policías y empresarios durante la dictadura

Cuatro personas declararon en la primera jornada del juicio contra el empresario Marcos Levin, su ex jefe de personal y un ex comisario. Están acusados de secuestros y las torturas a trabajadores de La Veloz del Norte durante la dictadura.

Los hechos que se juzgan fueron cometidas entre el 20 y el 24 de enero de 1977. Las víctimas de los horrendos crímenes fueron 17 empleados de la empresa de transporte de la que Marcos Levín fue propietario durante décadas.

En ese juicio declaró ayer Víctor Cobos que en aquellos tiempos era delegado gremial y miembro de la comisión directiva de la UTA. Los tres testigos restantes de ayer no eran empleados de la empresa en aquel entonces pero sí dieron cuenta sobre la colaboración entre los directivos de la empresa y la Comisaría Cuarta donde funcionó un centro clandestino de detención durante la dictadura. “Por lo que se dijo en la audiencia de ayer, la Comisaría Cuarta tenía como una especie de extensión en las dependencias de la empresa de transporte, que por aquellos años pertenecía a Levin. [José Antonio] Grueso era el jefe de personal, y [Víctor Hugo Almirón], el jefe de la Cuarta” destacó en su edición de hoy la sección local del diario Página 12 que realiza la cobertura del juicio.

En la acusación, la fiscalía señaló distintos procedimientos policiales realizados entre el 20 y el 24 de enero de 1977 en Salta y Tucumán. En los mismos participaban efectivos de la Comisaría Cuarta a cargo de Almirón quienes detuvieron sin orden judicial a cerca de 25 trabajadores. Las detenciones “se justificaron con la denuncia que Levin presentó en la Cuarta el 21 de enero de 1977, por una supuesta defraudación a la empresa. Además, Grueso y Levin ´aportaron´ previamente a las autoridades policiales la información necesaria para que las personas que iban a ser detenidas fueran halladas», destacó el medio ya citrado.

Los detenidos eran trasladados a la Cuarta en donde policías como Víctor Bocos y a Enrique Cardozo – bajo supervisión del comisario Almirón y de Marcos Levin – procedían a torturar e interrogar a las víctimas sobre actividades sindicales, como así también eran obligados a firmar declaraciones incriminatorias.

El primer testimonio fue de Víctor Cobos, el trabajador de La Veloz detenido en enero de 1977. Dijo que los directivos de la empresa le tenían «un odio total» por sus actividades gremiales. Declaró que tras volver de un viaje a Tucumán lo arrestaron en el garaje de la empresa. Quienes lo detuvieron fueron el comisario Bocos y el policía Figueroa (f). Lo llevaron a la Comisaría Cuarta en donde lo obligaron a permanecer de pie durante todo el día y escuchar los gritos de otras personas torturadas mientras el ruido de una motocicleta buscaba tapar los gritos de dolor. A la tarde, Cobos fue llevado a la habitación del fondo que era usada para la tortura: «A las 6 de la tarde empieza mi suplicio, y así todos los días», destaco el testigo en la jornada de ayer ante el tribunal. Cobos fue obligado a firmar una confesión falsa para incriminarse de haber cometido fraude a la empresa.

«Mucha gente fue torturada», dijo Cobos y relató que a Miguel Ángel Rodríguez le quebraron la dentadura a patadas, que Manuel Eugenio Modad «terminó loco» y que Juan Alonso (f) fue muy golpeado. Cobos estuvo detenido tres meses y recuperó la libertad en abril de 1977. Después de esa detención Cobos fue dejado cesante en la empresa y tuvo que irse de la provincia.

Quien corroboró los testimonios de torturas fue el declarante Víctor Segovia quien compartió detención con los trabajadores de La Veloz. Segovia era militante de la Juventud Peronista en Metán y recaló en la ciudad de Salta tratando de evadir la represión, pero fue detenido en el baño de la terminal de ómnibus. Trasladado a la comisaría Cuarta, también fue torturado. «A todos nos torturaban, ponían la música, nos vendaban los ojos, nos picaneaban», describió. “En la Comisaría estaban repartidos en dos calabozos, ahí supo que algunos de sus compañeros de padecimientos eran empleados de La Veloz. Para torturarlos los llevaban de a uno a una piecita en el fondo, recordó” destacó la sección local del diario Página 12.

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