jueves 22 de febrero de 2024
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Heridas que no cierran | Piden reparar a niños salteños nacidos de abusos de criollos a mujeres indígenas

“Nuestros niños no pertenecen a ningún lado, se sienten wichí pero se ven como criollos” dice un extracto de la carta con la que 30 madres de “Misión Kilómetro 2” piden políticas de reparación para esos casos.

La comunidad de la que partió la misiva es cercana a la localidad de Pluma de Pato sobre la ruta nacional 81 en el Chaco salteño. El destinatario de la carta fue el ministro de Seguridad y Justicia de Salta, Abel Cornejo. El pedido presente en la misma simple y contundente: que se respete el derecho a la identidad de los chicos y se repare el daño causado por los hombres que rechazaron sus responsabilidades como padres. “Muchas de esas relaciones no fueron consentidas, y muchas de ellas sucedieron a una muy temprana edad, en condiciones que hoy reconocemos como claros abusos” destaca el escrito que fue entregada por la referente wichí Octorina Zamora al ministro de Seguridad.

El texto se elaboró tras la Primera Asamblea general de mujeres indígenas de la ruta 81 denominada “Nehuayiè-Na’tuyie thaká natsas-thutsay-manses” (acompañemos a nuestras infancias y adolescencias) realizada entre el 11 y 12 de este mes; asamblea que a la vez fue convocada tras asesinato de la niña Pamela Julia Flores en enero pasado.

La misiva está atravesada por el temple para poner sobre la mesa algo invisibilizado, la decisión de desnaturalizar prácticas que durante décadas fueron cotidianas y exigir que los criollos que nunca cumplieron con sus obligaciones como padres reparen el daño provocado a los niños que – dice el escrito – «son hijos de personas que caminan impunemente por las calles del pueblo (…) de los primeros trabajadores de la ruta que vinieron de otras provincias, de almaceneros, de carniceros, policías, gendarmes, maestros, enfermeros, y de todos los que en su momento quisieron ‘satisfacer’ con nuestros cuerpos sus deseos sexuales”.

La carta reúne también testimonios de mujeres que fueron sintetizados por la sección local del diario Página 12 en su edición de hoy. Acá lo reproducimos.

“El padre de mi niño era un hombre que vino a trabajar en la ruta, me embaracé con 14 años, él tenía 40. Después de un tiempo se fue, me dejó sola y se fue a otra provincia. Con el tiempo también entendí que fui abusada y no lo sabía”.

“Mi hijo es hijo de un trabajador de la salud, un enfermero. Un día le llevé a su hijo para que lo conozca y nos echó como a un perro. Mi hijo sufre por eso”.

“Trabajaba limpiando en una casa en el pueblo de Pluma, mi patrón me embarazó y nunca se hizo cargo, nos rechaza, somos su vergüenza. Pero él continúa haciendo lo mismo a otras mujeres, a otras chicas”.

“Mi hija es hija de un carnicero reconocido en la zona, intenté denunciarlo en Morillo para que me reconozcan a mi hija, pero la policía se burlaba de mí y nunca me tomaron la denuncia. En Pluma es peor”.

“El padre de mi hijo tiene como 5 hijos con distintas mujeres de esta Misión, no se ha hecho cargo de ninguno de ellos pero sigue teniendo hijos como si fuera un juego”.

“El padre de mi niña me engañó, hoy no puedo sostener una familia, no puedo decirle a mis hijos que su padre nunca los quiso”.

“Muchos criollos que tienen hijos en la Misión también tienen negocios, muchas veces compran el silencio de las mujeres y de la comunidad entregando mercadería”.

“Mi niño sufre porque él sabe quien es su padre, alguien del pueblo, que ya formó otra familia, pero cuando ve a mi hijo lo rechaza, lo insulta”.

“Es difícil criar a un niño que es diferente, que es hijo no reconocido, cuesta criarlo con amor, cuesta mucho. Tengo miedo de que sea una persona infeliz”.

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