Historias de los Mundiales | El grito agónico de Colombia

La legendaria selección de Francisco Maturana se quedaba afuera en primera fase hasta que Valderrama tocó para Rincón. Un momento inolvidable.

A la selección colombiana le alcanzaba con el empate para sumar un punto y pasar a los octavos de final del Mundial de Italia de 1990. Era un gran equipo que todavía no había tocado su techo por lo que tenía grandes esperanzas de pasar de ronda.

El problema era que el rival a enfrentar en la última fecha del grupo D era nada menos que Alemania Federal, dirigida por Franz Beckenbauer y con jugadores extraordinarios como Lothar Matthäus, Andreas Brehme y Jürgen Klinsmann.

Colombia había comenzado Italia 90 con un triunfo por 2 a 0 contra Emiratos Árabes Unidos. El segundo encuentro lo había perdido 1 a 0 contra la poderosa Yugoslavia que recién caería ante la Argentina de Maradona por penales en cuartos de final.

El último partido era decisivo. La selección de Maturana había sumado dos puntos (cuando todavía no se otorgaban 3 por triunfo) y necesitaba uno más para ingresar a Octavos. Es que a ese mundial todavía lo disputaban 24 equipos: a la segunda ronda clasificaban los dos primeros de cada uno de los seis grupos y los cuatro mejores terceros.

Los cafeteros tenían la base de Atlético Nacional de Medellín, que había obtenido la Copa Libertadores en 1989, bajo la dirección del propio Maturana. El fútbol colombiano todavía no había llegado al punto máximo que fue el 5 a 0 a Argentina en la cancha de River de 1993.

A los 43 minutos del segundo tiempo, cuando iban 0 a 0, todo pareció terminar. Alemania realizó un ataque por el costado derecho y movió el balón por todo el campo hasta que Pierre Littbarski llegó por la izquierda, ingresó al área con pelota dominada y sacó un zurdazo que venció al arquero René Higuita. Colombia parecía despedirse.

En el minuto 47, Rudi Völler perdió una pelota durante un ataque alemán. Entonces comenzó el milagro. Los colombianos tocaron la pelota hasta Carlos Valderrama, que casi la pierde en la mitad de la cancha, pero, en un movimiento muy parecido al de Maradona al comienzo del segundo gol a los ingleses, se sacó a dos jugadores de encima y retomó la jugada, que tras dos toques, volvió a sus pies. Con una diagonal, Valderrama habilitó a Freddy Rincón, que galopaba desesperado por la derecha y definió con suavidad entre las piernas de Bodo Illgner. Golazo y pura emoción.