miércoles 21 de febrero de 2024
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Apuntes marginales salteños | El totalitarismo de la buena vibra: newage, la nueva máquina de crear rituales

La espiritualidad reemplaza a la religiosidad. A veces para “sanar”, a veces para “transmutar”, a veces para tener resiliencia, siempre trabajando desde el yo mismo. Yourself. (Franco Hessling)

Argentinos de buen corazón, llegamos a un punto cúlmine de nuestros recorridos. El momento de reencontrarnos con nosotros mismos, autoconocernos y, muy importante, sanar. Si hasta ahora no habíamos sentido que estábamos enfermos es porque evitamos enfrentarnos con nuestra realidad, nos evadimos, dejamos para después el aquí y ahora. Es momento de suspender la procrastinación y avanzar en la introspección, hacer una pausa y contemplar, contemplarnos.

No importa si somos católicos, judíos, ateos, agnósticos, yihadistas, evangelistas, budistas o politeistas de cualquier variante. Lo importante es que somos alguien, que estamos vivos en un aquí y ahora, y que necesitamos sanar. Transmutar. Vibrar todo lo alto que podamos y no dejarnos afectar por las malas vibras. Si queremos creer en dios, está bien, si queremos creer en el diablo, también está bien. Si queremos creer en la ciencia -porque es una creencia más- está bien, si queremos esperar el Mesías, está bien, si queremos creer que en todos habita un Buda, está bien. Lo fundamental es que vibremos alto, creamos en lo que creamos, y que nos sintamos bien con nosotros mismos.

¿Cómo hacer para vibrar alto? Sanando. El camino de sanación es insoslayable. La chía y el acroyoga también, porque las piruetas nos acercan al cielo y en el cielo está diosito, para los que creen o creían en él, y también están las nubes, el sol y las estrellas, el cosmos y el universo -el yo y el todo, yo en el todo. Yo, todo yo. Yo-yo el hilo que se enrolla y se desenrolla siempre en el mismo carretel.

La introspección es un camino de ida, quedan todos formalmente advertidos. Lo que ocurre es que somos seres tan bonitos que conocernos, incluso autoconocernos, es una tarea imposible de concluir. Somos insondables. El arcano más trascendente es uno mismo. El yourself es la espiritualidad contemporánea por excelencia, porque ha logrado trascender las religiones sin oponérseles. Es lo que algunos pensadores definen como filosofías new age.

Lo new age es ese afán por espiritualizar todo al punto tal de considerar que si uno vibra más alto atrae las cosas que le pasan. Por eso uno hace cosas para que le pasen otras y cuando éstas pasan se convence que nada tiene que ver con lo que uno hizo, sino con cómo uno vibró, o, mejor todavía, con lo que uno hizo que lo llevó a vibrar alto y por lo tanto atraer esa cosa que quería al principio. Verbigracia, voy todos los días a dejar CVs y ocupo varias horas a adaptarlos y mandarlos por correo electrónico, entonces consigo trabajo porque cuando me llaman para una de las entrevistas la jefa de recursos humanos es amiga de mi tía. Yo pienso que conseguí mi propósito porque puse mucho esfuerzo y atraje, vibrando alto, la divina coincidencia de que la de recursos humanos sea una conocida de mi familia.

Las hay de toda clase, las prácticas new age son la perfección de la maquinaria espiritual para mover multitudes. Lo new age es la totalización de la experiencia espiritual, donde nada se niega, todo suma si está empujado por buena energía. ¿Se puede ser nazi y tener buena energía? ¿Hittler ganó las elecciones en Alemania, consiguió su propósito, porque vibró alto? El totalitarismo de la buena vibra parece tener puntos de contacto con el totalitarismo nazi, al menos en cuanto a los amperes de buena energía -la que nos sirve para estar bien nosotros mismos, sanando, alcanzando nuestros propósitos, igual que Osho y Hittler.

Un elemento fundamental a mencionar es que las prácticas new age aceptan tanto la ingesta de estupefacientes erigidos en elixires y brebajes sagrados de sanación, como la incorporación de meditaciones, mantras, cantos grupales, cuidados del cuerpo, mucho namasté y ajó, hermanito. Amén.

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