domingo 19 de mayo de 2024
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La columna de Sandra Carral Garcín | La minería del litio: minería del agua y el equilibrio social en los salares

La explotación del litio goza de buena prensa, aunque algunos expertos estiman que por cada tonelada métrica extraída se evaporan 2.000.000 de litros de agua. Las “promesas del progreso” dividen también a las comunidades.

“Nosotros no comemos batería. Se llevan el agua, se va la vida”. Leyenda de un cartel de comunidades kollas en movilización contra la minería del litio

En relación con los problemas ambientales que todos podemos sufrir tanto en el ambiente urbano como el rural, siempre está presente una especie de amargura, una sensación de impotencia, o tal vez una sensación de logro cuando se ha logrado erradicar al origen de las molestias pequeñas o grandes que puedan afectarnos.

La situación se presenta con una nueva instalación o los comentarios previos sobre alguna actividad de tipo contaminante, que vendrá a estorbar el diario devenir tranquilo que uno lleva en su domicilio o lugar de trabajo habitual. Allí comienza un proceso intranquilo, con definición incierta, según el cumplimiento o no de las normas vigentes para tales situaciones. Algunos verán las ventajas, y otros las desventajas, según el sector donde se encuentre.

Es lo que sucede con la instalación de proyectos mineros, como los del litio, donde las escalas son mucho más grandes y aumentadas, tanto en los supuestos beneficios, como en las desventajas.

El balance de la relación beneficios/riesgos en general como para este tipo de proyectos, será positivo, razón por la cual el proyecto seguirá su curso, a pesar de los descontentos con los cambios que puedan acaecer.

La tesis “Una minería del agua: Análisis espacio-temporal de la región del Salar de Olaroz. Implicancias ambientales, estrategias de sustentabilidad y crecimiento económico local ante la minería del litio”, de la licenciada María del Carmen Aranda Álvarez, es un documento que plasma estas realidades de confrontación de intereses para el caso específico del Salar de Olaroz en Jujuy (habiendo seleccionado este caso por tratarse de un salar de los más custodiados por la comunidad científica, en etapa de explotación, con responsabilidad social concentrada en el pueblo de Olaroz chico, siendo la influencia del proyecto extendida a la cuenca del Salar de Olaroz -localidades de Catua, Susques, Coranzuli, Huancar y el Toro-). El estudio es muy interesante puesto que también sirve para que quien nada sabe de este tipo de explotación, pueda informarse al respecto.

La licenciada Aranda Álvarez cita, por ejemplo, las palabras del geólogo Fernando Díaz en cuanto a la problemática del uso del agua en zonas de extrema sequía, lo cual puede “modificar el complejo sistema hídrico del salar, contaminando y mezclando aguas dulces con saladas a causa de las perforaciones”. Este experto estima que “por cada tonelada métrica de litio extraída se evaporan 2.000.000 de litros de agua, clara evidencia de que la minería del litio en los salares es una minería del agua”.

Con estas generalidades conocidas, sólo particularizadas en los estudios de impacto ambiental y social relativos a cada proyecto, en los informes de sustentabilidad o en las auditorías ambientales, se puede entender cuál puede ser la reacción de las poblaciones vecinas a este tipo de instalaciones.

No obstante, en este caso, la autora menciona el diferendo en la aceptación social del proyecto: los pobladores de Olaroz chico en perfecto acuerdo con las ventajas que se les derivan de esta explotación, en oposición con otros no tan beneficiados cuyo medio de vida sigue siendo la actividad pastoril y el comercio de sal.

Esta división está presente en general en las comunidades que, si bien son dueñas de sus destinos, pueden ver afectada su unidad en pro del tan mentado progreso. Se observa esto también en otros tipos de extractivismo. El punto es si es posible conformar a todos, y si en ese disenso no se están descuidando valores cuya sostenibilidad debiera asegurarse más allá de una situación de progreso temporal.

La realidad humana implica el análisis conjunto y global de un todo. Ese todo debiera incluir los “conocimientos ecológicos de los pobladores de la Puna y su experiencia sobre cómo articularse en un ecosistema extremadamente árido” (cita la autora a Fanny Delgado, cuyo artículo está incluido en la bibliografía de la tesis).

El riesgo ulterior siendo la desertificación, el monitoreo de las variables críticas relacionadas debiera ser objeto de estudios públicos o independientes a este tipo de actividad económica, concluye la autora.

Será necesario también seguir las instancias de diversas fuentes, comunidades implicadas, estudios de organismos independientes como se dijo, las mismas publicaciones de las empresas intervinientes, puesto que, en el devenir de los años y en la particularidad de cada proyecto, las tecnologías utilizadas, el aumento de las áreas de explotación, etc., en el mediano y largo plazo se verá la verdadera evolución de las variables comprometidas.

Otra variable importante a tener en cuenta en el futuro es la tentadora nacionalización del recurso, a la cual se oponen los gobiernos de las provincias de la Mesa del Litio (Jujuy, Salta y Catamarca). En efecto, los esquemas de inversión y beneficios sobre los recursos estratégicos atraen a muchos actores, y como siempre, los de abajo se encontrarán tironeados para ver quién se lleva el premio, y quién se queda con los despojos.

Aranda Álvarez, María del Carmen (2018): Una minería del agua. Análisis espacio-temporal de la región del Salar de Olaroz. Implicancias ambientales, estrategias de sustentabilidad y crecimiento económico local ante la minería del litio.

http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/library?a=d&c=tesis&d=Jte1731

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