La provincia cuenta con 35 hectáreas plantadas, seguida por Tucumán con 23. Medios especializados resaltan el resurgimiento de una producción que había sido abandonada en los años noventa.
Clarín informó que Salta lidera la producción cafetalera argentina con 35 hectáreas plantadas, seguida por Tucumán con 23 hectáreas que, tras evaluaciones organolépticas de los granos, podrían extenderse hasta 8 mil hectáreas en el proyecto más ambicioso del rubro hasta la fecha. Corrientes, Jujuy y Misiones completan el mapa productivo con plantaciones menores que se ampliarán próximamente, mientras se realizan pruebas en Catamarca, La Rioja, Córdoba y Entre Ríos.
El medio porteño destacó el testimonio del ingeniero agrónomo cordobés Tomás Forte, referente del sector, quien explicó que «la producción de café en la Argentina está viviendo un nuevo boom en este momento, pero no es una novedad, hay historia detrás de esto. En nuestro país existieron varias plantaciones que en los años noventa se abandonaron». Forte mencionó antecedentes en Campo Grande, el ingenio Ledesma y Los Cafetales, además de señalar que «en Tucumán hay café desde la época de los jesuitas: encontramos registros de exportaciones del año 1884».
El resurgimiento del café argentino se produce en un contexto de calentamiento global que modifica las condiciones de cultivo. «En los últimos 22 años, la frontera entre lo tropical y subtropical, que pasa por el norte de Argentina, se está modificando. Las plantas tropicales vienen avanzando sobre las subtropicales. Ahora podemos plantar café, ananá, mango y maracuyá con resguardos», detalló Forte en declaraciones publicadas por el matutino.
Según informó Clarín, el único café argentino comercializado actualmente es Baritú, producido en las yungas salteñas de Orán y disponible en dos locales de Salta y Jujuy. El periodista y sommelier especializado Nicolás Artusi lo describió como un café arábica de perfil suave y perfumado, con notas a chocolate, avellana o florales, que puede considerarse de especialidad. Los productores más optimistas proyectan que en cinco años la pregunta no será si Argentina tiene café propio, sino cuál elegir para cada taza.

