sábado 13 de abril de 2024
14.2 C
Salta

Opinión | El Mundial de Fútbol en los tiempos de cólera

El Mundial está a días de acaparar la atención mientras la política argentina está en una vorágine de impredecible consecuencia: Casa Rosada empantanada, peronismo crónicamente fragmentado y el progresismo tratando de tomar cuerpo. (Daniel Escotorin)

En el último mes los acontecimientos políticos y económicos (entrelazados ambos por esas dinámicas de las sociedades, para horror de los neoliberales) pusieron al gobierno nacional frente a un escenario futuro cada vez más complicado: En lo económico la suba imparable del dólar y todas las medidas ineficaces para frenarlo, la inflación sostenida, los tarifazos sistemáticos, sus efectos sociales y la huida al FMI; tras de esto, la reacción política: la citación a los ministros al Congreso, el proyecto anti-tarifazo aprobado y vetado en simultáneo, el conflicto docente con su marcha federal, la movilización contra el FMI y la del 25 de mayo, la otra marcha federal de los movimientos sociales y el reclamo por un paro general que se dilata solo por el entramado de negociados entre los dirigentes de la CGT y el gobierno.

En este contexto los medios de comunicación y sus voceros que prestaron apoyo incondicional y total al gobierno comenzaron a esbozar críticas ya abiertas, ya en forma de “sugerencias” respecto del modelo económico y de las formas de comunicación y el discurso oficiales. Ambos espacios, los medios PRO y el discurso oficial, hacen agua en la realidad y en la percepción de una parte de la sociedad que comienza a quitarle apoyo y crédito tanto al gobierno, a las expectativas hacia el futuro inmediato como hacia los posibles candidatos continuadores del proyecto en el 2019 (el mismo Macri, Rodríguez Larreta y hasta la casi inmutable e intocable María Eugenia Vidal). En resumen a casi un año de las PASO 2019 la incertidumbre y el desasosiego que antes reinaba en el campo de la oposición luego del triunfo en las elecciones 2017, pasó al campo del gobierno.

Todo o casi todo parece ir en el sentido contrario de los deseos del gobierno, aun el draconiano acuerdo con el FMI celebrado por el gobierno puede ser un boomerang ya que no cuenta con capacidad ni voluntad de amortiguar los seguros y ya conocidos efectos de sus imposiciones. La presión social es constante, tanto como el nivel de pauperización y de estancamiento de las actividades económicas, por lo que diversas expresiones de descontento van creciendo en el día a día: sectores productivos, trabajadores en diversas ramas: docentes, camioneros, estatales, informales entre otros.

En el mismo sentido la intromisión directa o indirecta en la vida del PJ con la intervención judicial va camino a convertirse en un tiro en los pies y si la justicia da marcha atrás a la medida de Servini de Cubría, la oposición pejotista saldrá fortalecida.

Los movidas políticas en vistas al 2019 son todavía embrionarias y ninguna definitiva por supuesto. El PJ (pre y extra Barrionuevo) siguió con su andar inquieto e indefinido, por un lado el sector más ortodoxo anti kirchnerista (Pichetto, Urtubey) busca posicionarse en un peligroso espacio de centro, esto es fuera de cualquier sospecha de “populismo” (no K) y a la vez frente al macrismo, que lo definió como “peronismo racional”, y un sector más pragmático y realista que pretende embolsar a todos en un frente opositor, incluso el kirchnerismo; éste espacio navega en una real incertidumbre sobre su futuro político: los analistas marcan su paradoja, un piso alto (la intención de voto a CFK) pero un techo bajo (su imagen negativa y una escasa perspectiva de crecimiento), frente a esto sus opciones se bifurcan de manera que no permite una conjunción. O se diluye en el espacio del pejotismo que le permitiría ciertas cuotas de poder pero sin capacidad de direccionar un posible gobierno, o prosigue tal como en el 2017 con Unidad Ciudadana un camino autónomo con un perfil más progresista y seguro con menos chance de ganar. Cristina Fernández emite señales más en el sentido de la prescindencia, quizás esperando un imposible “operativo clamor” y ante la ausencia de éste operar desde atrás para impulsar figuras propias (Rossi, Kicillof, Magario, etc.) en cualquier opción. Desde estos sectores la premisa es clara: ganar o ganar, para frenar el proyecto macrista y para relanzar un PJ victorioso.

La novedad de la semana y de esta coyuntura crítica fue la presentación pública del frente político social “En Marcha” constituido por diversas corrientes, movimientos y partidos políticos del espacio de la izquierda social, popular y peronista: los grupos englobados en el sector conocido como los “cayetanos” por su cercanía a la figura del Papa Francisco, CTEP, PTP, Movimiento Evita, Libres del Sur más Unidad Popular, Izquierda Popular, Seamos Libres, Vamos, Vía Campesina, Patria Grande, entre otros.

Aún incipiente pero con la vista puesta en el 2019 concitó el interés de todo el arco político opositor ya que al micro estadio de Ferrocarril Oeste concurrieron figuras invitadas como Felipe Solá, Daniel Arroyo, Daniel Filmus, Juan Cabandié, Wado De Pedro, Gabriela Cerruti, Carlos Selva; los Intendentes: Gustavo Menéndez (Merlo), Gabriel Katopodis (San Martín), Santiago Maggiotti (Navarro); las y los dirigentes de la política nacional Antonio Bonfatti, María José Lubertino, Juan Manuel Abal Medina, Héctor Polino, Alberto Fernández, Nito Artaza, Carlos Custer, Quito Aragón, Víctor Santa María, Lito Borello, Ricardo Peidro, Luis Tiscornia, entre otros. Una iniciativa novedosa ya que acerca a sectores de miradas políticas diversas y distintas en relación a la etapa reciente del país.

Mientras la sociedad argentina espera impaciente la decisión de la cúpula de la CGT sobre un posible paro general, el mundial de Fútbol y la misma selección argentina no dejan de causar sobresaltos al gobierno. La suspensión del partido Argentina – Israel trajo un impensado dolor de cabeza y casi un conflicto diplomático; es que la decisión de los jugadores argentinos de no jugar dejó al descubierto la operación política del gobierno israelí que buscaba legitimar su decisión de trasladar su capital a Jerusalén, ciudad donde se jugaría el partido, aunque originalmente estaba pactado en Haifa cuyo estadio posee mas capacidad y por otro lado la jugada del gobierno de avalar dicho traslado aunque sea de forma encubierta con el pretexto de un partido de fútbol.

Conclusión: el mundial no va a distraer a la sociedad argentina ni a los sectores políticos de la agenda oficial, mientras ya se avecina el debate parlamentario por la legalización del aborto (otro dolor de cabeza para Macri, ya que si se aprueba afectará la percepción de su masa votante más proclive al no al aborto) e inmediatamente el o los proyectos de reforma laboral. Macri solo ruega “traenos la Copa Messi, traenos la Copa”.

Otras noticias