viernes 23 de febrero de 2024
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La columna de Sandra Carral Garcín | Del smog al electrosmog: sobre contaminaciones que no se ven también en Salta

Los avances tecnológicos siguen sorprendiéndonos y aportándonos confort. No obstante, es necesario también tener en cuenta aspectos menos confortables, como son las nuevas contaminaciones, cada vez más invasivas y crecientes.

El siglo XXI, para quienes apreciamos la modernidad, nos ha maravillado, y sigue sorprendiéndonos, con avances tecnológicos impensados. Para quienes contamos con varias décadas de existencia, la facilitación y optimización en nuestras vidas que aportan a diario las nuevas tecnologías es siempre un confort inapreciable.

A pesar de estas nuevas comodidades, es necesario también tener en cuenta otros aspectos menos confortables, como son las nuevas contaminaciones, cada vez más invasivas y crecientes, aunque uno mismo no sea el usuario en su propio hogar o lugar de trabajo (muy difícil, es cierto, la vida cotidiana sin estas herramientas).

Municipalidad de Salta

Cuando abordamos el tema de la contaminación electromagnética, el concepto de electrosmog se impone. A diferencia del ya famoso smog -esa niebla gris característica en la ciudad de Salta, por ejemplo- no se ve. Algunas personas con mayor sensibilidad pueden percibir cierta incomodidad, como sucede con algunos contaminantes, algunos son más sensibles que otros, y tal vez un proceso de acostumbramiento también ocurra como con otros tipos de contaminación (física, química, biológica, etc.).

Aquí no se trata de algo en relación con la energía y la materia clásicamente diferenciadas. Por el contrario, recordemos la dualidad onda-partícula para las dimensiones extremadamente pequeñas, donde la partícula exhibe comportamiento de onda y ese comportamiento no puede predecirse con las leyes de la física clásica sino la cuántica. A tales efectos, para las consideraciones que siguen, recordemos que en el espectro electromagnético, a menor frecuencia, mayor es la longitud de onda y menor es la energía (en el caso de las radiaciones no ionizantes, ésta nos poseen energía suficiente para provocar ionización).

Resultan de actualidad, entonces, la discusión, preocupación e inquietudes varias en relación con las radiaciones no ionizantes, debido a la incorporación de la tecnología 5G por ejemplo. En el espectro electromagnético, las radiaciones no ionizantes son aquellas con longitud de onda superior a 100 nanómetros aproximadamente (1 nm = 1 x 10^[-9] m).

Un documento* que data de Diciembre 2018, “Planetary electromagnetic pollution: it is time to assess its impact”, afirma que cada vez hay más evidencia científica en cuanto a los efectos biológicos y en la salud por una exposición prolongada a la radiación electromagnética de radiofrecuencia. En efecto, sus autores expresan que en la mayoría de los países las regulaciones siguen pautas establecidas internacionalmente en 1990, en la creencia de que sólo “los efectos térmicos agudos son peligrosos”. Como suele suceder en la ciencia, el tiempo va destronando lo anteriormente establecido. Así los autores comentan que “está actualmente demostrado que la prevención de calentamiento de tejidos por la radiación electromagnética de radiofrecuencia es inefectiva para prevenir interferencia bioquímica y fisiológica”. Alteraciones del metabolismo y de la actividad eléctrica del cerebro humano, en la respuesta del sistema inmune a ciertos estímulos, stress oxidativo y daño en el ADN por exposición crónica y riesgo de cáncer, son algunos de los efectos confirmados in vivo en estudios citados en este documento.

Mencionábamos la comodidad de la modernidad de nuestros días gracias a equipos varios, como los “sin cable”. Justamente éstos en la banda de frecuencia de 1 GigaHertz -GHz-, es decir 1 x 10^9 Hz (celulares, teléfonos domiciliarios sin cable, módems WiFi, equipos varios con tecnología Bluetooth), asociados a la importante infraestructura que brinda su funcionamiento, son los que hacen que haya explotado el crecimiento de la exposición a la radiación electromagnética de radiofrecuencia al cual hacen referencia los autores (1 x 10^18 veces), por su uso también en radares, scanners de seguridad, contadores inteligentes, equipamiento médico (MRI -Magnetic Resonance Imaging-, diatermia, ablación por radiofrecuencia). Con el Internet de las Cosas y el 5G es esperable un aumento de la exposición puesto que esas innovaciones agregarán millones de aparatos transmisores de radiofrecuencia a nuestro alrededor.

Los autores de este documento pertenecen a la Oceania Radiofrequency Scientific Advisory Association, una organización científica independiente que ha reunido la base de datos más importante de estudios revisados por pares en esta temática (radiación electromagnética de radiofrecuencia y otras bajas frecuencias de origen antropogénico). El análisis de estos estudios resulta evidencia científica que apoya una petición colectiva (the International EMF Scientist Appeal, por 244 científicos de 41 países, posteriormente actualizada en el sitio web**) a la OMS -Organización Mundial de la Salud- y a las Naciones Unidas para la reducción de la exposición a campos electromagnéticos artificiales y su radiación. La evidencia científica consiste en una mayoría de estudios in vitro, in vivo -en animales y humanos- que arrojan efectos biológicos y en la salud por esta exposición, la cual también existe en la flora y en la fauna.

Los autores mencionan que no se han estudiado los efectos de la radiación de estos campos electromagnéticos de origen artificial (sean éstos de baja, media, alta o muy alta frecuencia) sobre la resonancia Schumann (efecto de resonancia en el sistema tierra-aire-ionósfera) que controla el tiempo y el clima, o en la ionósfera (capa de la atmósfera terrestre entre los 80 y 500 kilómetros de altitud, aproximadamente).

Como suele suceder, decíamos, postulados dados por ciertos, caducan con el tiempo debido a más investigación, también gracias al avance tecnológico, pero este mismo debe ser regulado para evitar daños, siendo como siempre el balance beneficios/riesgos prioritario en la decisión pública.

Referencias:

* Planetary electromagnetic pollution: it is time to assess its impact

https://www.thelancet.com/journals/lanplh/article/PIIS2542-5196(18)30221-3/fulltext

** EMF Scientist web

https://www.emfscientist.org/

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