«Hay personas que ya no pueden pagar un alquiler» | El rostro humano de la crisis libertaria viviendo en las calles salteñas

Voluntarios que colaboran con personas en situación de calle atribuyen el crecimiento a una crisis económica que impide a muchas personas sostener un alquiler. La organización recorre la ciudad cada viernes para distribuir alimentos, abrigo y contención emocional.

Entre 80 y 100 personas viven permanentemente en situación de calle efectiva en la ciudad de Salta, según un cálculo que surge de cruzar el relevamiento de la Secretaría de Desarrollo Social municipal con datos de la Policía Provincial. De ese total, entre 50 y 55 aceptan ingresar al Hogar de Noche municipal; el resto prefiere permanecer en la vía pública. Con la llegada del invierno, organizaciones solidarias advierten que la tendencia se agrava y la vinculan con el deterioro económico, la violencia familiar y los consumos problemáticos.

Municipalidad de Salta

El contexto regional explica en parte la presión sobre la capital: mientras la pobreza en el interior provincial alcanza el 46,5%, en la ciudad de Salta se ubica en el 29,7%, lo que genera una migración sostenida de personas en busca de oportunidades laborales. Los últimos relevamientos oficiales registran un incremento de personas provenientes del interior y de otras provincias, aunque no se detectaron menores de edad viviendo en las calles, como señaló El Tribuno. A escala más amplia, el INDEC estima que la indigencia en el aglomerado Salta capital ronda el 3,9%, afectando a más de 26.000 personas que no cubren la Canasta Básica Alimentaria.

«Sí, sí, aumenta. Año a año va aumentando conforme la situación económica acompaña esta vulnerabilidad. Hay personas que ya no pueden sostener un alquiler o mantener un lugar donde vivir», afirmó Alfredo Rueda, voluntario de Hermanos de la Calle, organización integrada por 22 personas que cada viernes recorre distintos sectores de la ciudad para distribuir bandejas de comida, frutas, ropa y frazadas. En esos recorridos han notado que cada vez es más común ver a personas que ya no pueden costear ni un techo en condiciones precarias.

Rueda subrayó que el trabajo excede la asistencia material: «El objetivo no es solamente llevar una bandeja de comida, sino acompañarlos en las situaciones que están atravesando, escucharlos y brindarles apoyo emocional». El vínculo construido semana a semana con quienes reciben asistencia es, para los voluntarios, parte central de la tarea: «Muchas veces saben que nos quedamos sin bandejas, pero igual agradecen que vayamos. Nos reciben con los brazos abiertos».

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