Soledad Outes se radicó en Madrid luego que su padre y otros 10 presos políticos fueran asesinados el 6 de julio de 1976. Desde allá saludo a la organización HIJOS y reivindicó la lucha de los perseguidos y asesinados por el Terrorismo de Estado.
Aquel día varios presos políticos alojados en el penal de Villas Las Rosas fueron objeto de un “traslado” ordenado por Luciano Benjamín Menéndez y ejecutado en Salta por quien estaba a cargo de la guarnición local: Carlos Alberto Mulhall. Al llegar al paraje Palomitas los reclusos fueron obligados a descender del camión en que viajaban y tras ser alineados fueron ejecutados. Los asesinados fueron Celia Raquel Leonard de Ávila, Evangelina Botta de Nicolai, María Amaru Luque de Usinger, María del Carmen Alonso de Fernández, Georgina Graciela Droz, Benjamín Leonardo Ávila, José Ricardo Povolo, Roberto Luis Oglietti, Rodolfo Pedro Ussinger, y Alberto Simón Zavarnsky.
Soledad es hija de Pablo Outes. Cuando ocurrieron los hechos tenía 16 años y tras la misma debió partir a Madrid, ciudad en la que reside desde entonces. A 50 años de los hechos que cambiaron su vida para siempre, eligió recodar lo ocurrido y homenajear a los asesinados saludando a la organización HIJOS.
“Un abrazo desde mi corazón HIJOS!! Hoy cuando se reúnan junto a la ruta acuérdense de abrazarse de cantar de reír de hablar de la amistad y del amor. Nosotros somos los hijos e hijas de hombres y mujeres que dieron su vida para que en nuestra patria hubiera justicia y pan para todes”, comienza el escrito remitido por Soledad.
“Los he visto trabajar incansablemente estos días con una energía y una fuerza que me ha llenado el corazón de esperanza. Sigan siendo así. No aflojen ni un milímetro! Rían, compartan y cuídense los unos a los otros y sigamos dando ejemplo de felicidad! Esa es nuestra riqueza y nuestra venganza! Sigamos viviendo de pie como nuestros padres nos enseñaron. Un abrazote desde mi corazón”, concluye.

