El diario La Nación realizó un balance del proyecto Hambre de Futuro, encabezado por la periodista Micaela Urdinez y que la llevó por distintas zonas del país donde la pobreza es la protagonista.
Este viernes, el diario porteño La Nación publicó un balance de su proyecto Hambre de Futuro, encabezado por la periodista Micaela Urdinez, quien realizó un análisis de lo vivido este año en distintas zonas del país donde la desigualdad es extrema. Entre ellas, Salta.
El texto comienza con una serie de enumeraciones de episodios que muestran la desigualdad en primer plano: un niño duerme en el piso sobre una frazada, un perro desnutrido lame desesperado una cáscara de huevo vacía, una mamá envuelve a su bebé en una bolsa de supermercado para protegerlo de la lluvia, una niña llora porque le duelen los huesos por tomar agua con arsénico, otro niño pasa sus días con un pañal pegado en la panza porque no puede acceder a bolsas de colostomía.
«Todas estas imágenes son la presencia viva (aunque la amenaza de la muerte esté demasiado cerca) de una existencia llevada a los límites más inhumanos, de una niñez obligada a pelear todos los días contra el fantasma del hambre, de la sed, de las enfermedades y las discapacidades evitables, de las sustancias que cuando llegan a adolescentes se meten en el cuerpo para poder soportar tanta desolación e intentar entender la sinrazón de tamaña desigualdad», aseguró la periodista.
«Sabía que existían niños que sobrevivían en los márgenes abandonados por el Estado, pero todavía formaban parte de un universo borroso del que no conocía demasiado. Había que recurrir a los que sí sabían. Y gracias a un estudio realizado por el Barómetro de la Deuda Social de la UCA en exclusiva para LA NACION, supe -ahora con evidencia empírica- que 1.387.878 chicos de hasta 17 años (uno de cada diez) se encontraban en una situación de riesgo extremo: esto quiere decir que son indigentes y que tienen, por lo menos, tres derechos básicos vulnerados», siguió.
Estos chicos «arrastran los estragos de la malnutrición, pasan frío y calor extremo, no aprenden en la escuela (o ni siquiera van a la escuela), no fueron al médico en el último año porque no hay turnos o por lejanía y viven expuestos a numerosos peligros en sus casas». «Es todo eso junto. Es todo eso junto, todos los días», escribió Urdinez.
La periodista cita a la directora del Centro de Desarrollo Humano de Pata Pila en Santa Victoria Este, Nazarena Estrade, quien le dijo: «Mucha gente elige el desconocimiento para ser un poquito más feliz. Si el conjunto de los argentinos supiera que este nivel de necesidad existe en el país, no se podrían ir a dormir tan tranquilos».
Urdinez recordó que estuvo en Santa Victoria Este en marzo pasado. Allí vivió en primera persona los momentos más fuertes de la desigualdad salteña y nacional. «El desborde del río Pilcomayo obligó a unas 500 familias Wichí, Qom, Tobas, Chulupí y Chorote a abandonar sus casas. Se distribuyeron entre dos centros de evacuados y distintos campamentos que ellos mismos improvisaron al lado del camino con carpas, lonas, palos y silobolsas. Todavía se están recuperando de haberlo perdido todo», agregó.
«Estado de emergencia permanente»
En agosto de este año, Urdinez brindó una entrevista a CUARTO. Allí explicó con mayor detalle lo vivido en sus recorridas.
«Uno lo que percibe es esta urgencia de pasar el día. Llegás y ves que arrancan y ven cómo van a pasar el día. Tienen que tapar urgencias, es un estado de emergencia permanente», decía. Remarcaba que los habitantes de estas zonas deben «atravesar la vida» con problemas de salud, y sufriendo muertes que podrían ser evitables.
«Yo creo que la gente no conoce estas realidades. Yo tampoco las conocía. Uno para conocer tiene que estar, y llegar es costoso, difícil. Trabajamos con organizaciones territoriales que ponen el cuerpo todos los días. Hacemos un esfuerzo por mostrar estas realidades y ofrecerles a la audiencia una oportunidad de comprometerse», explicaba.
«Lo que uno ve en todo el país, no sólo acá, es que las comunidades originarias en su momento tenían un modo de vida sustentable en relación a la naturaleza. Podían cazar, tenían frutas y el río», decía, y agregaba que «temas de cambio climático, sequías, deforestación, industrias extractivas, hacen que hoy no puedan vivir en armonía con la naturaleza».
La periodista consideraba que las distintas gestiones políticas no han trabajado lo suficiente como para que las comunidades puedan escapar de esta situación. «Creo que hay una falta enorme de desarrollo local en todo el país. Hay una migración enorme a la ciudad», seguía, y decía que es necesaria una inversión en obra publica
La pobreza extrema es impactante. Pero aún más impactante parece ser en Salta, donde Urdinez aseguraba haber presenciado la situación «más límite» de todas. La periodista relataba que ocurrió en el paraje El Arrozal, cerca de Santa Victoria Este.
«Llegamos con el equipo de (la ONG) Pata Pila a una casa, y una nena, Silvina, de cinco años, estaba en el piso con un grado de desnutrición que no podía estar sentada. Pesaba diez kilos, el peso promedio de un niño de un año», relataba, y agregaba que la menor «tenia el pelo gastado» y debió ser alzada por su tía para poder ser pesada en una balanza.
Urdinez remarcaba que desde 2020 en Salta murieron 320 niños por desnutrición y deshidratación, según cifras no oficiales. «En estas zonas hay personas que tienen tuberculosis, lepra, enfermedades asociadas a la pobreza que se podrían curar perfectamente. Fuimos a una comunidad, vimos un chico de siete años con tuberculosis avanzado que tenia un ano contranatura. No tenia bolsa de colostomía y tenia medio pañal pegado en la panza. Se lo iban cambiando. Imaginate la expectativa de vida que tiene un chico en esa situación», agregaba.

