Una docente cargó fuerte contra las autoridades del sector. Dijo que las maestras están obligadas a «sostener la sonrisa frente a sus alumnos mientras en su cabeza hace cuentas imposibles para pagar el alquiler».
La docencia salteña vive momentos de incertidumbre y angustia, según relató una docente en un extenso testimonio que da cuenta del pésimo estado económico y de infraestructura.
«Hay una violencia silenciosa que ocurre cada mañana cuando una maestra jardinera de un Jardín Conveniado abre las puertas de su sala», declaró la docente. Y agregó: «Es la violencia de sostener la sonrisa frente a sus alumnos mientras en su cabeza hace cuentas imposibles para pagar el alquiler. Es la violencia de planificar con amor, sabiendo que el Estado le ‘robó’ una semana de sueldo en una designación tardía y que, a mitad de abril, todavía no ha visto un centavo de su salario de marzo».
La referencia es al primer Encuentro Regional de Prácticas Creativas y Transformadoras de maestras de Nivel Inicial de la provincia de Salta, que según el testimonio se realizó en condiciones frágiles para las docentes, que tuvieron que trabajar extra y aún no cobraron.
La docente señaló que la actividad se realizó en un contexto en el que «supervisoras con sueldos de privilegio traman ‘megaeventos’ de jornada completa con catering y espectáculos musicales», mientras las directoras y maestras «están al borde del colapso».
«Es una falta de ética absoluta exigirle ‘brillo’ y movilización a una docente de Jardín Conveniado a la que el gobierno dejó en la incertidumbre total desde el 2 de marzo, para luego reconocerle el cargo recién a partir del día 9 de marzo. ¿Quién le devuelve esa semana de vida y trabajo? ¿Con qué dinero se supone que esa maestra debe pagar el transporte y la comida para asistir a un evento que solo sirve para que los funcionarios se saquen una foto?», expresó.
La maestra señaló que más allá de los funcionarios de turno en el Ministerio de Educación, existe una total «insensibilidad y la desconexión de la realidad». «No pedimos banquetes, pedimos ordenanzas. No pedimos sonido de alta fidelidad, pedimos infraestructura digna. No pedimos aplausos políticos, pedimos que se nos pague por cada día trabajado», agregó.
«No nos saturen más. No nos pidan energía extra cuando apenas nos queda aliento para sostener la mirada de nuestros niños. La verdadera gestión no se ve en un catering; se ve en la dignidad de los sueldos y en el respeto por el tiempo de quienes, a pesar de todo, no dejan de enseñar», expresó.

