La integró un salteño de 53 años | Dieron detalles de la misión del ejército argentino que hizo cumbre en el Himalaya

Tres integrantes de la expedición relataron a un medio cómo transcurrieron los días de esa proeza que involucró al salteño Pedro Rodríguez de la Compañía de Cazadores de Montaña 8 de Tartagal.

La patrulla del Ejército Argentino que hizo cumbre en el Monte Kum el pasado 5 de agosto estuvo integrada por el Mayor Ramiro Antoñana, oriundo de Lobos (Buenos Aires); el Capitán Rodrigo Orellano (San Carlos, Mendoza), perteneciente al Batallón de Ingenieros de Montaña 6 (Neuquén); el Suboficial mayor Pedro Rodríguez (Tartagal, Salta) de la Compañía de Cazadores de Montaña 8; el suboficial principal Néstor Maidana (Jujuy) de la Compañía de Cazadores de Montaña 8; el Suboficial principal Juan Bustos (Mendoza), de la Compañía de Cazadores de Montaña 8; el Sargento ayudante Víctor Giordano (Luque, Córdoba), miembro del Regimiento de Infantería de Montaña 16, Uspallata; el Sargento ayudante Carlos Villafañe (Chubut), de la Escuela Militar de Montaña; el Sargento primero Oscar Oro (San Juan), perteneciente al Regimiento de Infantería de Montaña 11; y el Sargento primero Diego Alegre (Santa Fe) de la Escuela Militar de Tropas Montadas.

Ramiro Antoñana, Dieg Alegre y Rodrigo Orellano dieron detalles al diario Clarín de la expedición que hizo cumbre en el Monte Kun. Al proceso lo resumieron con tres palabras: “Esfuerzo, constancia y dedicación” y aseguraron que haber hecho cumbre en uno de los picos más alto del Himalaya – el Monte Kun –  resulto «una expedición histórica» para la fuerza armada.

Municipalidad de Salta

La misión -realizada en conjunto con sus pares de India- se extendió por 17 días, contando desde le llegada del grupo a Nueva Delhi hasta su regreso a esa ciudad para luego emprender el vuelo a Ezeiza. La hazaña lograda el 5 de agosto comenzó el año pasado, cuando el Ejército lanzó “una convocatoria abierta a toda la fuerza” para participar de esta expedición.

“En esa ocasión se presentaron 41 postulantes, todos asentados en las unidades de montaña que el Ejército tiene a lo largo de la Cordillera de los Andes. De ese grupo, había que seleccionar ocho para que formaran parte de la patrulla, y seis más como equipo suplente, en caso de que alguno tuviera algún inconveniente llegado el momento” resumió Clarín.

Ese medio mencionó también que la particularidad de la cordada -como se conoce al grupo de montañistas- fue la presencia de un integrante de 53 años: el suboficial mayor Pedro Rodríguez, el salteño de la Compañía de Cazadores de Montaña 8 de Tartagal. La edad no es un dato menor por el esfuerzo físico que la travesía exigía y porque el rango etario promedio fue de 46 años, todos con un mínimo de 15 años dentro de la fuerza. En ese punto, Antoñana destacó que un criterio clave para la selección fue la experiencia de cada uno. “Lo viejo todavía funciona”, remarco parafraseando a la serie El Eternauta.

Los seleccionados se juntaron por primera vez
en noviembre del 2024. Después hicieron trabajos conjuntos en Mendoza, en el volcán Tupungato y, en marzo, hicieron lo propio en el Cerro Tronador, en Bariloche. Dos meses antes habían ascendido al Cerro Aconcagua, el pico más alto de Los Andes, junto con sus colegas del Ejército indio.

“La diferencia de Los Andes con el Himalaya es la atmósfera que cambia. Allá no sentimos la falta de oxígeno que por ahí acá se nota enseguida, a partir de los 4 mil metros se empieza a sentir la falta de oxígeno y el dolor de cabeza”, relató Alegre, quien dijo también que en el macizo montañoso de Asia “hasta los 4.500 metros de altura había animales pastando, chivos, ovejas, cosas que acá eso no se ven».

El ascenso en el Monte Kun llevó dos semanas e implicó el uso de herramientas como cuerdas fijas y crampones – para sujetar las botas y permitir un mejor desplazamiento en la superficie- debido a “la verticalidad de las paredes de la montaña, que iban desde los 75 a los 80 grados”.

A modo de ejemplo de las dificultades que atravesaron, Alegre rememoró que el día que pasaron del campamento 1 al 2 lo festejaron “como si fuera una cumbre más porque fue una actividad de 10 horas, muy extenuante” y en la que estuvieron “muy expuestos a la actividad y al riesgo, con muchas caídas de piedras”. El día que alcanzaron la cumbre tenían hasta las 9 de la mañana para esquivar los efectos del sol. Llegaron 15 minutos después, pero con el margen suficiente para poder iniciar el regreso sin mayores dificultades.

«Había que empezar a descender porque el calor afloja los anclajes, puede debilitar el terreno; puede haber un corte de placa y una avalancha, por eso había un tiempo estipulado de hacer cumbre y descender», describió Alegre. Una vez más, el objetivo fue alcanzado y el 8 de agosto llegaron al punto donde habían comenzado a subir.

Otras noticias