El Golpe de la revancha y la dependencia | El análisis de un historiador salteño sobre el 16 de septiembre de 1955

Hay quienes aseguran que el Golpe de Estado contra Perón fue incruento, pero la verdad es que la larga conspiración que culminó con la renuncia del viejo líder se cobró alrededor de dos mil muertos por los ataques contra el pueblo peronista. (Daniel Escotorin)

Desde la aparición en la escena política de la figura del entonces Coronel Juan Domingo Perón en 1943, su presencia fue molesta, tolerada a medias y más rechazada que aceptada. Llegado a la función pública como uno de los cabecillas del golpe de estado de 1943 junto a otros militares agrupados en el G.O.U. (Grupo de Oficiales Unidos) tomó una ignota oficina: el Departamento de Trabajo al que convirtió en Secretaría de Trabajo y Previsión para dar comienzo a una fenomenal tarea de reparación social de los trabajadores argentinos. Dos años después los cimientos del país se conmoverían con la explosión de la nueva conciencia social y nacional de la clase obrera y entonces sí, nacía un nuevo movimiento popular de masas: el peronismo.

La reacción conservadora contra una gestión primero y un gobierno y su apoyo popular después estuvo desde el principio, el peronismo como hecho político nace justamente a raíz del intento de sacar de la vida política a Perón encarcelándolo en la isla Martín García que provocó la movilización espontánea y masiva de los obreros el 17 de octubre de 1945. Ya como presidente desde 1946 las conspiraciones estuvieron al orden del día entre los opositores que incluían a radicales, conservadores, socialistas, militares, Iglesia, estancieros y por supuesto la embajada de Estados Unidos. Las acciones recrudecieron a partir del segundo gobierno en 1952, al que accede después de la reforma constitucional de 1949 que además de permitir la reelección consagra derechos sociales como los de la niñez, la ancianidad, establece el derecho soberano de la Nación sobre los recursos naturales entre otros avances; previamente había establecido el voto femenino.

Municipalidad de Salta

Las acciones de los antiperonistas iban desde los planes de golpe militar hasta los actos de tipo terrorista: en 1951 fracasa el primer intento de rebelión militar encabezado por el general Benjamín Menéndez (tío del futuro genocida de Córdoba y del gobernador de Malvinas durante la guerra de 1982), Alejandro Lanusse (futuro presidente de la siguiente dictadura entre 1970 y 1973), Julio Alsogaray (hermano del dirigente liberal, Álvaro); el golpe fracasa y Eva Perón ya convaleciente de su enfermedad terminal encarga la compra de 5.000 ametralladoras a Holanda para armar milicias obreras. Perón rechazó esta acción y mandó las armas a un depósito Gendarmería. En 1953 grupos de militantes radicales colocaron bombas en diversos puntos de la ciudad de Buenos Aires, una de ellas explotó en el la Línea A del subterráneo y en Plaza de Mayo cuando se desarrollaba un acto de la CGT matando a seis personas y cien heridos y varios mutilados. El 31 de agosto de 1955 en otra movilización del gobierno estalla otra bomba y muere un obrero.

Pero el acto terrorista más grave y criminal se perpetró el 16 de junio de ese año. Unos días antes la procesión de Corpus Christi derivó en un acto opositor y en un confuso acto de quema de una bandera nacional. El gobierno organiza un acto de desagravio para ese 16 con un desfile aéreo militar y marcha de trabajadores a Plaza de Mayo. Fue el momento indicado para que la Aviación naval organice el complot para bombardear la Casa de Gobierno y matar a Perón.

La acción derivó en una masacre de civiles que transitaban por la plaza incluyendo niños y mujeres que paseaban por la zona. La planificación se hizo de acuerdo al esquema del ataque japonés a Pearl Harbour en 1941, a la vez que días antes en los comités radicales entregaron armas para combinar con el ataque militar. El plan consistía en atacar la sede del gobierno, el edificio Libertador (sede del Ejército), la Fundación Eva Perón y la CGT. Más de trescientas personas murieron por ese acto criminal. Los atentados y sabotajes continuaron hasta el mismo momento del golpe de setiembre.

El golpe fue una acción violenta y cruenta. Su cabecilla el general Lonardi se sublevó en Córdoba donde se enfrentó con sectores militares leales. Los enfrentamientos se dieron en distintas ciudades tanto entre militares y contra civiles, sectores populares defendiendo a Perón; también entraron en acción grupos civiles golpistas (comandos civiles) atacando sedes gremiales saqueándolas, incendiándolas y destruyendo mobiliario y materiales diversos, también a dirigentes políticos y sindicales peronistas. Por otro lado, la Marina bombardeó La Plata, Mar del Plata y Bahía Blanca, el puerto de Buenos Aires. Iniciado el 16 de setiembre para el día 23 lograron finalmente hacerse del poder y de la renuncia de Perón que marcha al exilio en Paraguay. Se estima en alrededor de dos mil muertos por los ataques y combates que se dieron entre militares y contra el pueblo peronista.

Lonardi asumió como presidente y se inició la ofensiva política de persecución contra el peronismo abierta o encubierta, cárcel, asesinatos, proscripción, exilios y aun así fue desplazada en menos de dos meses por el ala más antiperonista y liberal, con el general Aramburu a la cabeza. El revanchismo social y político desde entonces tomó carácter oficial: desperonizar al país, a los obreros, al pueblo, intervinieron sindicatos y la CGT, emitieron el Decreto 4.161 que prohibía toda mención publica oral o escrita a referencias al peronismo: Prohibía la utilización de imágenes, símbolos, etc., representativas del peronismo, términos tales como «peronismo», «peronista», «justicialismo», «justicialista», «tercera posición», la Marcha peronista implicaba ser detenidos.

Pero hubieron tres medidas cuya significancia tuvieron un largo alcance para el país: el ingreso al FMI y al Banco Mundial; hasta 1955 Argentina era un país acreedor, y más allá de crisis diversas había logrado un desarrollo económico autónomo y se dirigía a una fase de industrialización. La dictadura disuelve el IAPI (Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio) organismo estatal que controlaba el comercio exterior y que a través de la captura de divisas promovía la transferencia de la renta agraria al desarrollo de la industria, pero también cubría al campo ante las eventualidades económicas globales. Así también en 1956 deroga por decreto la Constitución nacional de 1949 para volver a la de 1853 con algunas reformas en un congreso constituyente donde no participa el peronismo obviamente, con dos sectores mayoritarios del radicalismo: el balbinismo y el frondicismo. A esta nueva constitución apenas le agregarán como único resabio de la carta magna anulada el articulo 14bis.

En estas decisiones está asentado el carácter reaccionario y conservador de un proyecto político que intentó volver al país de fines del siglo XIX, de la oligarquía, de la explotación descarada de una oligarquía parasita a los trabajadores argentinos. La dictadura de la llamada “revolución fusiladora”  en memoria a los fusilados en la sublevación de junio de 1956, se prolongó en sus objetivos en la de 1966, la “revolución argentina” para finalmente dar su toque final de exterminio con la de 1976 donde los nombres de militares y civiles volvieron a coincidir en la gestión y en el objetivo que bien expresó en 1955 el almirante Arturo Rial frente a representantes sindicales: «Sepan ustedes que la Revolución Libertadora se hizo para que en este bendito país el hijo de barrendero muera barrendero».

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