La legislatura trata el retorno del abogado que dejó la presidencia de la AGP el pasado 14 de mayo, tras un período marcado por fuertes diferencias internas que lo llevaron a ser clasificado en muy malos términos por los empleados del organismo.
“A la sociedad salteña. Nos oponemos a la designación del Dr. Gustavo Ferraris nuevamente como Auditor General de la Provincia”, es el título de fliyer que los empleados del organismo hacen circular por las redes sociales. “No es idóneo. No es confiable. No puede volver”, concluye el material difundido tras desarrollar cuatro acusaciones contra el hombre que había concluido su mandato el 14 de mayo pasado y ahora la legislatura lo vuelve a proponer para el cargo: Acoso laboral; Debilitamiento de organización institucional y de la independencia técnica; Mala gestión de los recursos y desempeño institucional; y otros “antecedentes de especial gravedad institucional”.
La reacción no puede sorprender. Hace menos de un mes, la Asociación del Personal de los Organismos de Control (APOC) declaró “persona no grata” a Ferraris, quien está acusado de persecución laboral, vaciamiento institucional y hostigamiento en su gestión.
“El doctor Ferraris tuvo palabras poco felices sobre el personal, y, por supuesto, este gremio defiende la capacidad, la idoneidad de los trabajadores de la Auditoría General de la provincia, y entonces hicimos este comunicado. También hay algunas publicaciones que salieron en estos días de ex agentes denunciando graves denuncias en contra del doctor Ferraris”, dijo Milton Rolando Torres, secretario general de APOC.
Días antes, Luis Mamaní, empleado de la Auditoría General de la Provincia. Describió al ex titular de ese organismo salteño como “Al Capone”. En Cuarto Oscuro, de FM La Plaza, Mamaní aseguró que la Auditoría era “un hervidero”. “Yo le digo Al Capone y sus sicarios”, agregó. Y explicó que “se hacía lo que él quería o no se hacía”, y habló de persecución a los empleados.
Mamaní dijo que Ferraris “se tomaba atribuciones que no corresponden”. “Me hizo un sumario de que yo falsificaba recibos truchos de la provincia. Se comprobó que nada que ver. Que eran reales. Terminé internado en terapia. Cuando me desperté me dijeron que por el estrés laboral estaba perdiendo el riñón, y hoy estoy haciendo diálisis”, agregó.
“Todos los presidentes que estuvieron antes que él, se presentaban anualmente entre quince y veinte informes. En los nueve, diez años de gestión, no sé si ha llegado a presentar diez informes”, siguió Mamaní aquel 2 de junio en declaraciones radiales.

