Periodistas recorrieron nuestra provincia, Chaco, Santiago del Estero y Formosa. Infancias que pasan hambre, viven fuera del radar del Estado y atravesado por el estrés de no saber si van a poder enfrentar su día.
Sus padres podrán esforzarse mucho, pero no alcanza. Viven en zonas rurales en donde las redes de apoyo apenas existen y el acceso a servicios básicos es muy limitado. Hasta esos lugares se dirigieron periodistas del diario LA NACION: las zonas más aisladas de Salta, Chaco, Santiago del Estero y Formosa “para ponerle rostro a esta tragedia”, enfatizaron en el informe publicado en el mencionado medio.
Así reconstruyeron retazos de Eric Sandoval, un nene de 8 años que vive en la comunidad El Bordo –al norte de nuestra provincia– y que no cuenta con posta sanitaria, escuela, ni luz eléctrica. “Tiene una tuberculosis que lo llevó a un cuadro de desnutrición grave y creen que esa enfermedad hizo que se le desencadenara una infección en el intestino. Como consecuencia, le tuvieron que hacer una ostomía (ano contra natura) en el hospital de Salta, que es por donde defeca. Hoy, a falta de bolsas de colostomía, atraviesa sus días con medio pañal pegado en el vientre. Pesa 22 kilos, una mejoría que ahora lo ubica en un cuadro de desnutrición moderada. La urgencia es que se haga un control médico, ya que el último fue hace dos meses”, lamenta el informe.
“Estos niños entran en un derrotero que es una rutina atípica. Y esa rutina atípica lleva a que no siempre se coma, no siempre se vaya al colegio, no siempre se atienda a la salud, y que por lo tanto, de alguna manera también el sistema los excluya”, declara Ianina Tuñón, responsable del Barómetro de la Deuda Social de la UCA.
Están atravesados por una pobreza multidimensional, esto quiere decir que tienen todas las aristas de su existencia en riesgo. No solo les falta un mínimo ingreso para poder obtener una canasta básica, sino que su realidad está condicionada por el deterioro de otras dimensiones de bienestar, lo que los expone a privaciones simultáneas y permanentes. Para este universo de niños, las carencias más profundas se dan en el acceso a la seguridad social (90%) y la falta de un empleo formal de sus padres, a una alimentación y salud (84%) de calidad, a una vivienda digna (77%) y a la educación (72%).

El escrito que recrea historias personales de niños y niñas de las provincias mencionadas, incluye también el caso de Santiago Roberto Santos, uno de los tantos adolescentes que vive en La Cortada, una comunidad Wichí ubicada en la localidad de Coronel Juan Solá-Morillo, en Salta. “Como muchos de los niños que corretean por las calles, empezó a faltar a clases hasta que un día no fue más. Hoy tiene 18 años y pasa los días buscando cómo engañar al hambre y proponiéndose no consumir. Allí, la inhalación de nafta es la puerta de entrada a los accidentes, a los intentos de suicidio y a la muerte”.
“No es solo poder tener una oportunidad sino que el desafío es simplemente sobrevivir. Lo más difícil para ellos es no ver una salida a la pobreza. Vivimos en un país muy rico y ver las injusticias o las desigualdades es lo más duro. Y ellos lo sienten”, dice Catalina Carvajo, coordinadora provincial de Salta para la Fundación Gran Chaco.
Saben que, con suerte, comen una vez al día en la escuela. Saben, que a la noche, se toma mate cocido o té y a lo sumo un poco de pan o galleta. En el norte de Salta, lo más urgente es intentar que los niños no mueran de desnutrición o deshidratación. “La zona de Santa Victoria es una de las más vulnerables por el clima, por los caminos intransitables y por la falta de acceso a derechos. La época más crítica es de octubre a febrero porque empiezan las lluvias, hay muchos chicos con resfríos y quizás no podemos llegar a la comunidad. Además, los niños dejan de asistir a la escuela y bajan de peso”, explica Natalia Paz, directora regional de Salta de la ONG Pata Pila.
Otra de las amenazas para las familias que viven sobre la vera del Río Pilcomayo es todos los veranos el posible desborde de esta masa de agua que limita con Paraguay y Bolivia. “Depende la zona, las casas pueden ser de lona, de adobe o de material. Hay comunidades que están al costado del río y ya saben que en la época de lluvias se tienen que replantear qué van a hacer. Hoy me contaba una madre que es la cuarta vez que se tuvo que evacuar por las inundaciones”, agrega Paz.
Pobreza heredada. Se transmite de generación en generación. Está inscripta en los huesos, en la baja talla, en las cicatrices de accidentes domésticos sufridos por vivir en situaciones precarias, en las caras curtidas por el sol y el sufrimiento.

