Para Jorge Berredo, ex comandante de las FFAA, controlar la “Frontera Norte” supone un desafío estratégico por incluir a provincias que concentran riquezas naturales, el Acuífero Guaraní y una parte clave del sistema energético nacional.
“La frontera norte de Argentina, ese extenso borde que conecta al país con Bolivia, Chile, Paraguay, Brasil y Uruguay, representa uno de los mayores retos estratégicos, geopolíticos y de seguridad del siglo XXI. Con más de 2.800 kilómetros de extensión y una geografía tan diversa como desafiante, se ha convertido en una bisagra geopolítica entre los océanos Atlántico y Pacífico y en un escenario cada vez más codiciado por proyectos de inversión e intereses ilegales”, escribió en una columna publicada por el diario Clarín el militar retirado.
Berredo asegura que el Norte Grande es punto de conexión bioceánico entre los puertos del Pacífico chileno y el polo industrial del sur brasileño, además de concentrar riquezas naturales como litio, tierras raras, el Acuífero Guaraní y una parte clave del sistema energético nacional, como la represa Yacyretá. De allí la urgencia de protección frente a amenazas del crimen organizado transnacional.
“El principal problema no radica solo en la extensión territorial, sino en la debilidad estructural del Estado en su abordaje. La falta de coordinación entre agencias, la superposición de funciones y enfoques reactivos han permitido que redes delictivas —con lógica empresarial— encuentren en la frontera un terreno fértil para operar. La geografía accidentada y la multiplicidad de pasos fronterizos informales agravan el problema”, advirtió, para agregar que el resultado es “una vigilancia ineficaz, un control limitado y una presencia estatal dispersa”.
Para superar la situación, dice el militar, debe haber una transformación integral del modelo de gestión fronterizo dejando de lado posiciones basadas en viejas antinomias, abandonar la fragmentación y construir una red sistémica e integrada con fuerte base tecnológica que generalmente son aportadas por capacidades militares como sensores remotos, drones, radares, inteligencia artificial y comunicaciones seguras que converjan sobre nodos de monitoreo, uno por cada uno de los 16 entornos geográficos que particularizan su extensión, capaces de dirigir el despliegue y redespliegue del esfuerzo diario de vigilancia. “Y centros de control interagenciales regionales ubicados en ciudades cabeceras como Salta, Resistencia, Posadas y Rosario, que centralicen decisiones de actuación con participación de todos los organismos involucrados”.
“Las Fuerzas Armadas deben cumplir su rol sin invadir funciones de seguridad interna y las Fuerzas de Seguridad deben evitar asumir roles militares. Solo mediante una clara división de responsabilidades y una cooperación basada en capacidades reales de cada una de las partes se podrá evitar el derroche de recursos y errores operativos, tendiendo, por el contrario, hacia una eficiente sinergia”, destaca el escrito que precisa lo siguiente: “La vigilancia puede estar en gran medida a cargo de las Fuerzas Armadas mediante infraestructura tecnológica, mientras que el control físico sobre el terreno debe recaer en las Fuerzas de Seguridad, apoyadas cuando sea necesario con logística militar”.
En ese punto, el militar puso como ejemplo al Reino Unido que involucra a referentes tecnológicos en la protección de infraestructuras críticas, algo que Argentina podría replicar incorporando al sector privado en áreas tecnológicas y esquemas de financiamiento. “Para que esto sea posible, se necesita más que una reestructuración técnica: se requiere una verdadera política de Estado. Un esfuerzo interministerial e interagencial que prime el interés nacional por sobre las agendas sectoriales. Y, sobre todo, liderazgo político capaz de formular una visión común, creativa y superadora”.
“En un mundo donde la geopolítica vuelve a jugar en todos los tableros, la frontera norte es mucho más que un límite territorial”.

