En primera persona | Publicaciones y autores salteños en La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires

En la capital se escucharon los ecos de las provincias, una caja de resonancia que conllevan mensajes e interpretaciones múltiples que une a escritores y lectores. (Raquel Espinosa)

En la Feria del libro de Buenos Aires 2025 asistí a la presentación del libro de Carlos Müller, Siwok Wet. Invitada por el autor iniciamos un diálogo acerca de la historia de su novela, de las cuestiones abordadas y del proceso de creación y de recepción de la obra. Fue una experiencia interesante por el espacio en el que estábamos, por ser esta la feria más grande del país y por el particular entorno que nos envolvía. Era constante el tránsito de visitantes, la conjunción entre lecturas, músicas, murmullos y voces de manifestantes que ingresaban a los pabellones para instalar sus descontentos o reclamos.

Una situación similar se replicó al día siguiente cuando presenté mis libros En la piel del otro y El último viaje. En esa oportunidad la escritora Adriana Saravia Navamuel ofició de presentadora y lectora de textos seleccionados. En ambos casos estuvimos acompañados por el personal de la Secretaría de Cultura de la provincia de Salta que, solícito, nos auxilió en los aspectos técnicos y organizativos.

Municipalidad de Salta

Las jornadas, sin embargo, no hubieran tenido éxito sin la asistencia del público. Si bien cada disertante convoca a familiares o amigos llegan a estos espacios lectores desconocidos, ocasionales interesados en el programa diario que ofrece el estand. Son ellos quienes con su presencia completan ese acto casi amoroso que da vida a una presentación. Escucharon con atención, comentaron, preguntaron, felicitaron y también encontraron allí un espacio para expresar sus opiniones.

El público era heterogéneo por su procedencia y por su edad; muchos de la propia capital, pero, para nuestra sorpresa, nos encontramos con una mujer wichí, estudiante de un bachillerato para adultos, que enriqueció la historia de Siwot Wet con sus anécdotas personales y una joven que al finalizar mi exposición se acercó, alegre, para saludarme porque le habían gustado los textos leídos y porque mi tonada le recordó a su madre ya fallecida que era salteña. En la capital de la república entonces escuchamos los ecos de las provincias, una caja de resonancia que conlleva múltiples mensajes e interpretaciones.

Los libros unen a escritores y lectores y amplían el relato. El futuro del género narrativo, en todas sus variantes, está así asegurado, tal como lo demuestran las publicaciones de microrrelatos de los cuales también leímos algunos ejemplos extraídos del libro No te distraigas, escrito por doce mujeres que comparten sus avatares literarios en los grupos Micrósfera y Por la mirilla.

Cada texto es como bien señala Barthes en La aventura semiológica “un volumen de huellas en trance de desplazamiento”. La escritura convoca tanto al que escribe como al que lee para encontrar sentidos. Por eso seguimos leyendo, hojeando libros, comprándolos, compartiéndolos, comentándolos, interrogándolos. De la feria me volví con algunos ejemplares que ahora disfruto. Entre ellos, El loco del fin del mundo de Javier Cercas, un autor que confiesa ser escritor “porque perdió la fe”. Señala ese momento de inflexión al terminar de leer San Manuel Bueno de Miguel de Unamuno.

Cierta o no su falta de fe, incompleta o total, su libro es un ejemplo del trabajo sostenido y apasionado de un narrador que vive su trabajo como una permanente aventura: “… dejé de leer solo en busca de entretenimiento y empecé a leer en busca de conocimiento, de placer y utilidad; es decir: así fue como aprendí a leer. Y así fue también como entendí lo que quiso decir Cesare Pavese cuando escribió que la literatura es una defensa contra las ofensas de la vida.

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