Madres con hijos e hijas, adolescentes y veteranas del movimiento se movilizaron el miércoles en la capital salteña y en localidades del interior provincial. La militante feminista Cecilia Rosas describió una jornada que superó las expectativas de las propias organizadoras y que dejó un mensaje político claro frente al gobierno de Javier Milei.
Once años después de la primera marcha del Ni Una Menos, el 3 de junio volvió a instalarse en Salta como una fecha de movilización masiva y sorpresiva. Así lo describió Cecilia Rosas, militante feminista e integrante de Kolina, en diálogo con el programa Cuarto Oscuro de FM La Plaza 94.9, donde trazó un balance de la jornada y analizó el vínculo entre el movimiento feminista y el escenario político actual.
«Un poco sí me sorprendió», admitió Rosas, quien señaló que las asambleas previas habían generado dudas sobre la participación en un contexto de empobrecimiento generalizado. A eso se sumó la incertidumbre por los problemas de transporte público: hasta último momento, el servicio de SAETA operó con colectivos solo hasta las diez de la noche. «Yo dije: van a venir pocas compañeras. Pero fue bastante muy convocante la marcha», reconoció.
Uno de los rasgos más destacados de la movilización fue la presencia de madres junto a sus hijos e hijas, y la participación de adolescentes. «Antes nos decían: ‘¿cómo vas a llevar a tu hija a una marcha donde están todas esas minas locas que rompen todo?'», recordó Rosas, y señaló que esa imagen fue quedando atrás. Ella misma llevó por primera vez a su hija de 17 años. «Mi hija más chica, que tiene 10, ya lo tiene bastante incorporado el por qué marchamos este 3 de junio y todos los 3 de junio desde el 2015», agregó.
La jornada también estuvo atravesada por el dolor del caso de Agostina Vega, la joven cuyo femicidio en Córdoba impulsó parte de la convocatoria, en un paralelismo con el crimen de Chiara Páez que había dado origen a la primera movilización en 2015. Rosas remarcó que la lucha excede los femicidios: apunta también a que se implementen políticas concretas, en particular la Ley Micaela, y a que el Estado atienda todas las formas de violencia hacia las mujeres en un contexto de emergencia que, advirtió, «tampoco se resuelve» en Salta.
Sobre la relación del movimiento con el gobierno nacional, Rosas rechazó la idea de que la estigmatización oficial haya generado un repliegue real. «No sé si ha habido repliegue. Ese intento de disciplinamiento nos ha vuelto más fuertes», afirmó, y aclaró que ese proceso no comenzó con la actual administración sino que viene desde la gestión de Mauricio Macri. Sí reconoció que las formas de protesta cambiaron: las pintadas, los fuegos frente a la catedral y las marchas con mayor exposición corporal fueron dando paso a movilizaciones más masivas y diversas. «Antes era la forma de que nos vean. Ahora que sí nos ven, somos más. Y aunque nos vean, nos siguen matando», sintetizó.
En el plano político, Rosas fue crítica con el escenario salteño. Señaló que la política partidaria local «sigue siendo muy masculina, muy machista», no solo porque los cargos son ocupados mayoritariamente por varones, sino también porque parte del electorado reproduce esa lógica. Al ser consultada sobre qué perfil de conducción consideraría más favorable para las demandas del movimiento, reivindicó la gestión de Cristina Fernández de Kirchner: no solo por leyes como la ESI, la Ley de Identidad de Género o la de interrupción voluntaria del embarazo, sino también por programas de autonomía económica como el Ellas Hacen, orientado a mujeres en situación de violencia. «Lo primero que te dicen es: ‘¿y por qué sigue ahí?’. Y sigue ahí porque lo económico no le permite salir de ahí», explicó Rosas, quien señaló que ese tipo de iniciativas desapareció a partir de 2015.
La militante también subrayó que la movilización del 3J no se limitó a la capital: hubo marchas también numerosas en localidades del interior como Cafayate, Güemes, Orán y Tartagal. Y dejó en claro que la agenda feminista no se agota en esa fecha: para este sábado está previsto un festival en el Parque San Martín a partir de las 16:00, y la lucha, remarcó, «está siempre en la calle», incluso en movilizaciones universitarias o salariales. «La feminista no se queda en su casa a esperar el 3 de junio o el 8 de marzo», concluyó.

