El libro “Un destino común”, que reúne conversaciones e intervenciones públicas de la cineasta, sigue generando entrevistas de alta alto vuelo y densidad teórica.
Son muchas las virtudes del libro «Un destino común», publicado por Caja Negra. Una de ellas consiste en que la palabra alguna vez dicha y ahora escrita suponga “una batalla ganada contra lo efímero”, escribió María Daniela Yaccar en una reseña publicada en Página 12. También que el trabajo exponga otra de las facetas de la directora salteña Lucrecia Martel, que al presentar el libro indicó que allí “no van a encontrar mucho sobre cine, sino sobre lo que nos hace querer algo en la vida”.
Ahora podríamos sumar otra virtud a las muchas que presenta el libro: genera una serie de entrevistas a la directora que siempre tiene algo importante para decirnos. Volvió a ocurrir con la publicada hoy en el diario Página 12 y que le realizara la periodista Paula Jiménez España quien resalta lo siguiente: “Los textos incluidos en Un lugar común trascienden lo cinematográfico; más bien, conforman un mismo discurso que se mantiene, modifica y profundiza a lo largo de 218 páginas, en las que desarrolla un pensamiento, una filosofía, que determina su metodología de trabajo y se expresa en su obra”.
En ese marco, Jiménez España observa que el cine de Martel se parece a un instrumento que se aplica con el objetivo de transformar y mejorar la realidad. La respuesta de Martel vuelve a ser de antología.
“Con mis hermanos veíamos películas para jugar. Para perfeccionar la forma de jugar en la vereda. Para mí el cine, aunque sea visto en la televisión, era la antesala de salir a jugar, intoxicados de paisajes, de personajes. Dejamos de jugar demasiado rápido cuando crecemos. No sé por qué, pero ahí deberíamos volver urgente. En fin, en las conversaciones creo se refugia cierta manera de jugar. Cuando una persona habla con tranquilidad se disuelve y se escapa de muchas restricciones temporales, espaciales. De esto puedo dar mil pruebas. No pasa mucho tiempo hasta que comprendemos que el mejor juego posible para una gente que navega por el espacio en un planeta es transformar el mundo. Y esto no tiene necesariamente final feliz. Sólo que estoy convencida de que hay una forma de la felicidad que no conocemos, y es caminar sin miedo. Sin fronteras, conversando con gente, ayudando en tareas que nunca hicimos. Estoy segura que hay mucha gente que desea eso”.



