Salta rezagada | El enoturismo puede rescatar a la industria vitivinícola en medio de una caída histórica del consumo

Es lo que recomienda un informe internacional. La estrategia de diversificar ingresos y fortalecer la marca desliza a muchas bodegas a abrir sus puertas al público y convertir sus instalaciones en destinos turísticos.

El informe publicado por la Hochschule Geisenheim University de Alemania está basado en una encuesta a 1310 bodegas de 47 países. Cuarenta de esas bodegas fueron de Argentina. La conclusión es contundente: en un escenario de mercado cada vez más incierto, el turismo del vino emerge como uno de los principales salvavidas económicos de la industria.

El crecimiento del enoturismo coincide con uno de los períodos más desafiantes para el negocio del vino en décadas. “Según datos de la OIV, la producción mundial de vino cayó en 2024 a 225,8 millones de hectolitros, el nivel más bajo desde 1961, afectada principalmente por eventos climáticos extremos como sequías, heladas tardías y lluvias intensas en regiones vitivinícolas clave” resumió Ámbito Financiero una parte del informe.

Municipalidad de Salta

La evolución de la demanda tampoco acompaña. El consumo global descendió hasta 214,2 millones de hectolitros, una caída del 3,3% interanual que refleja un fenómeno más profundo: el cambio en los hábitos de consumo de alcohol, especialmente entre las generaciones jóvenes.

En algunos mercados tradicionales la situación es especialmente compleja. En países europeos como Francia o Suiza, por ejemplo, la caída del consumo interno ya genera preocupación entre productores y autoridades. Frente a este panorama, las bodegas buscan nuevas formas de monetizar su actividad. Y allí es donde el turismo aparece como una herramienta estratégica.

Según el informe global, el 88% de las bodegas encuestadas ya ofrece algún tipo de actividad. Las experiencias más comunes son las degustaciones de vino, las visitas a la bodega y los recorridos por los viñedos. También ganan espacio actividades complementarias como maridajes gastronómicos, eventos privados, encuentros con el enólogo y festivales culturales. “En promedio, el turismo del vino representa cerca del 25% de los ingresos totales de las bodegas, aunque la cifra varía según el tamaño de la empresa y la región”, agrega el medio citado que tuvo acceso al informe.

“Argentina es uno de los países donde el enoturismo logró crecer con mayor dinamismo en los últimos años. Regiones como Mendoza, Salta, San Juan, Neuquén o Río Negro se consolidaron como destinos turísticos que combinan paisaje, gastronomía y vino”, agrega el informe. No obstante, son las zonas de Luján de Cuyo y el Valle de Uco (Mendoza) las que concentran algunas de las bodegas más visitadas del país, muchas de ellas con restaurantes de alta cocina, hoteles boutique y experiencias premium para visitantes internacionales.

La semana pasada, el presidente de la Asociación Bodegas de Salta, Alejandro Martorell, declaró que “esta vendimia nos agarra con muchos vinos sin vender”. “La caída del consumo fue del 22 por ciento” en los últimos cuatro años pese a que comparativamente en este momento la bebida tiene un costo menor. Martorell también atribuyó el fenómeno a legislaciones que penalizan el consumo como la Ley de tolerancia cero que rige en Salta y que a su entender “afecta al enoturismo porque el que viene a visitar bodegas a Salta sale y está la Policía Vial y lo sanciona, prefiere ir a Mendoza que tiene 0.5” de tolerancia.

El crecimiento del enoturismo también refleja un cambio en el perfil del visitante. Según el informe global, el grupo etario más frecuente entre los turistas del vino es el de 45 a 65 años, seguido por visitantes de 25 a 44 años.

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