La concejal salteña abandonó el PRO para sumarse a La Libertad Avanza, confirmando una migración que ya habían protagonizado otros dirigentes. Un síntoma más del vaciamiento del macrismo en la provincia y su repentina reconversión libertaria.
No hubo sorpresa, apenas un anuncio que se oficializó este miércoles: la concejal Agustina Álvarez dejó el PRO para incorporarse al bloque de La Libertad Avanza en Salta. Un pase cantado que, lejos de responder a convicciones ideológicas profundas, parece inscribirse en la lógica del oportunismo político que marca el pulso de la época.
La noticia fue celebrada rápidamente por los referentes libertarios locales, quienes a través de redes sociales le dieron la bienvenida destacando su incorporación como un refuerzo en la “defensa de las ideas de la libertad”. Un discurso que, repetido casi como mantra, contrasta con la velocidad con la que algunos dirigentes cambian de camiseta según sople el viento.
Álvarez no es un caso aislado. Antes que ella, ya habían dado el salto Laura Jorge Saravia y Pablo López, este último envuelto en una grave denuncia penal por extorsión sexual a su ex pareja a cambio de saldar una deuda. Lejos de ser un dato menor, este antecedente vuelve aún más llamativo el entusiasmo con el que se celebran estas incorporaciones, como si el único requisito fuera subirse a la ola libertaria sin mayores explicaciones.
El movimiento también deja en evidencia otro fenómeno: el progresivo eclipse del PRO en Salta. Lo que alguna vez fue una fuerza con aspiraciones de consolidarse en la provincia hoy aparece como un espacio en retirada, con dirigentes que migran en busca de mayor protagonismo y un electorado que parece haber girado hacia otras expresiones políticas.
La propia Álvarez había acompañado recientemente el discurso de fortalecer el PRO a nivel nacional para evitar fugas. Sin embargo, terminó protagonizando exactamente aquello que se pretendía contener. La contradicción no parece incomodar demasiado en un escenario donde la coherencia cotiza a la baja.
La pregunta que queda flotando es inevitable: ¿cuánto falta para que el PRO residual en Salta termine de disolverse y sus últimos dirigentes toquen las puertas de La Libertad Avanza?
Más que un cambio de rumbo, lo de Álvarez parece ser apenas una escala en un proceso más amplio, donde la identidad partidaria se vuelve cada vez más flexible frente a la promesa de poder.

