lunes 26 de febrero de 2024
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La columna del INADI en Cuarto Oscuro | ¿De qué hablamos cuando hablamos de discriminación?

En la columna que la delegación salteña del organismo posee en el programa de FM La Cuerda (104.5), Sofía Müller realizó una genealogía de la práctica discriminatoria a partir de “la falaz y engañosa idea de normalidad”.

En Argentina, desde 1988, la Ley N.° 23.592 –conocida como ley antidiscriminatoria– establece que discriminar es impedir, obstruir, limitar o menoscabar de manera arbitraria el pleno ejercicio de los derechos y garantías de alguien, utilizando como pretexto su género, etnia, creencias religiosas o políticas, nacionalidad, situación social o económica, orientación sexual, edad, discapacidad, caracteres físicos, entre otras condiciones que pueden ser variables, pero que surgen de un mismo esquema valorativo.

Es importante tener en claro que la discriminación no se explica por características de la persona o grupo sobre quien recae: no hay nada en la persona o en el grupo discriminado que pueda justificar esa práctica. Es habitual escuchar que se discrimina al “diferente”. Ante esto, es importante preguntarse: ¿diferente de quién?, porque si hay algo que caracteriza a las personas es el ser diferentes entre sí. Cuando se afirma que la discriminación recae sobre quien es “diferente” como si fuera una cualidad propia de algunas personas, se está partiendo de la idea falaz y engañosa de “normalidad”. En verdad, no se discrimina al “diferente” sino a aquellas personas que no responden a lo que social y culturalmente se define como “lo normal”. ¿Qué es “lo normal”? Una construcción social y –sobre todo– un modelo impuesto como ideal que es inalcanzable, pero establece los parámetros sociales de una legitimidad.

Municipalidad de Salta

Si bien existe, obviamente, una parte minoritaria de la sociedad que tiene mayores posibilidades de acercarse a los ideales impuestos –creados para sí– no es posible encontrar una persona que a lo largo de su vida pueda mantenerse dentro de ese modelo extremadamente estrecho y arbitrario, imposible de habitar. Esto equivale a afirmar que “lo normal” no existe: es una construcción hecha en base a las creencias predominantes de una sociedad en un momento histórico. Y aunque la idea de “normalidad” se utilice como sinónimo de lo esperable, y se asocie a una pretendida mayoría en términos numéricos, responde a cuestiones hegemónicas y no de cantidad. Está definida en concordancia con un modelo que expresa intereses políticos, económicos y sociales dominantes.

Lo “normal” está establecido como una generalidad que no se discute: se considera como algo dado, enmascarando tanto su origen como su finalidad. Se trata de una manera particular de ver el mundo que se presenta como el mundo en sí. La idea de “normalidad” organiza cómo vivimos, cómo valoramos nuestros vínculos y nuestras relaciones sociales. Se constituye en paradigma que legitima los rasgos a los que una sociedad aspira para sus integrantes.

Nuestra sociedad –occidental y patriarcal – se construyó sobre la base de una idea de normalidad asociada al color de piel “blanco” y el origen europeo, la adopción del culto católico y el ejercicio de la heterosexualidad, en el marco de una jerarquización de lo masculino por sobre lo femenino y la legitimación de los recursos económicos como fuente de prestigio y de poder. Históricamente, quienes más se alejan de este ajustado esquema han sido y aún hoy son percibidos y considerados como “diferentes”.

En síntesis, este paradigma de “lo normal” naturaliza jerarquías sociales, impone modelos ideales y genera prácticas discriminatorias de muy diversa índole que reproducen y multiplican la desigualdad social, con su consiguiente carga de exclusión y sufrimiento. La naturalización es el proceso por el cual se instalan como naturales pautas, construcciones e instituciones socioculturales. De esta manera, algo que pertenece al ámbito de lo cultural (una costumbre o creencia), se universaliza y se legitima como único e invariable, velando su carácter histórico, social y procesual.

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