Un episodio extradeportivo que no estaba en los planes de nadie generó una serie de condiciones que llegaron hasta el Congreso Nacional y frustraron un proyecto libertario. La influencia del «trapo» por Malvinas que los jugadores levantaron tras el partido con Inglaterra generó un fuerte rechazo a la propuesta de entregar tierras a extranjeros.
Estaba todo dicho. El miércoles 15 de julio de 2026, el gobierno nacional se preparaba para aprobar, al día siguiente en el Senado, un proyecto que generaba mucha polémica pero poca oposición: la extranjerización de tierras dentro de la propuesta de inviolabilidad de la propiedad privada. Pero algo pasó ese día. A miles de kilómetros del Congreso Nacional, los jugadores de la selección argentina le ganaban un partido épico a Inglaterra y festejaban con una bandera inesperada. Un «trapo» pintado de apuro que decía «Las Malvinas son argentinas».
La famosa bandera improvisada por unos hinchas que acudieron al estadio fue levantada por los jugadores de la Scaloneta y dio la vuelta al mundo. Todos los medios del planeta hablaron del reclamo de Argentina por la soberanía de las islas. Y despertó un sentimiento patriótico en nuestro país que nunca se había apagado, pero que con esto se encendió muchísimo más.
El gobierno se movió rápido. Ese mismo 15 de julio decidió pasar la sesión del 16 para el 6 de agosto, cuando la fiebre mundialista, suponían, hubiese pasado. Y tenían razón. A un día de esa fecha, ya nadie habla del campeonato en el que Argentina terminó como subcampeón. Pero la bandera por Malvinas sobrevivió al furor momentáneo. El mensaje escrito con pintura negra comprada por unos pocos dólares en una ferretería estadounidense trascendió y se volvió cartel, remera y símbolo.
De golpe, la defensa por la soberanía del país tomó otro color. Fue más allá de los partidos políticos y al gobierno de Javier Milei se le hizo muy difícil sostener la defensa de un proyecto que parecía ir en contra de lo que esa bandera manifestaba.
Los jugadores primero, luego los artistas y más referentes nacionales fueron oponiéndose lentamente al proyecto. Nadie quería entregarle la tierra a los extranjeros. Ya nos quitaron Malvinas. ¿También les íbamos a dejar el resto?
Poco a poco, los gobernadores aliados a Milei empezaron a ver que la situación era desfavorable. Se empezaron a bajar del proyecto. Para el mediodía del 5 de agosto, los libertarios ya no tenían números favorables. Incluso no contaban con el apoyo de los salteños, tan afines a votar las propuestas de La Libertad Avanza.
Así fue como la jefa del oficialismo en el Senado, Patricia Bullrich, aceptó retirar el capítulo de extranjerización de tierras. El mismo que defendió ayer en una conferencia de prensa. Mañana habrá sesión, de todos modos. Pero aunque no se trate el capítulo más polémico, sí se debatirá la propuesta, que implica favorecer desalojos, manejar tierras incendiadas y más.
Pero la gente ya sabe que si presiona lo suficiente se los puede parar.

