miércoles 28 de febrero de 2024
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El día que Cristina Fiore lloró con Sara Winter, la brasileña pro vida que apoyó a Jair Bolsonaro

El triunfo electoral del fascista brasileño es noticia mundial. El hombre que discrimina indígenas, negros y mujeres tiene entre sus seguidores a Sara Winter, la mujer que visitó Salta para oponerse al aborto junto a la actual senadora nacional.

En el primer semestre, Sara Winter realizó un mini gira por algunas de las provincias de Argentina para relatar como dejó de ser una feminista radical para convertirse en una defensora de las dos vidas. A nuestra provincia arribó en el mes de junio para dar dos charlas: una en la Agrupación Gauchos de Güemes y la otra en el Colegio Privado San Pablo a donde asistió además la senadora nacional Cristina Fiore Viñuales. Ese día, la senadora nacional pidió el micrófono poco antes de finalizar el encuentro en el que Winter era la estrella para ratificar que votaría en contra del proyecto de ley y en medio de lágrimas aseguró que la Argentina vive una pesadilla y que es la “primera vez que le toca enfrentarse ante un dilema que realmente es de vida o muerte”.

Pero volvamos a Sara Winter, la chica que dice haber fundado el grupo feminista radical Femen en Brasil, luego se convirtió a la causa “provida”, hace profesión de su fe religiosa católica, está casada con un militar, tiene un hijo y es aliada de grupos ultraconservadores de la derecha brasileña. La joven tomó su nombre artístico de una simpatizante de la Unión Británica Fascista y cuando fue acusada de esto tuvo que desvincularse de la agrupación. Fundó otra organización llamada Bastardxs que no duró mucho porque acusó a sus compañeras feministas de haberla abandonado en el proceso de un aborto con misoprostol, para luego empezar su derrotero por el activismo antifeminista.

Municipalidad de Salta

“El feminismo no es una sola lucha, es solo un brazo de todo un cuerpo conformado por otros movimientos como el Sin Tierra, el movimiento negro, el indigenista y el LGTBI. Todo un globalismo controla esos movimientos que buscan la destrucción de la familia”, asegura Winter quien expresa públicamente su agradecimiento a las fuerzas militares que ocupan las favelas y su apoyo en las elecciones brasileñas al político Jair Bolsonaro, uno de los personajes más emblemáticos de la derecha fascista de ese país, conocido por expresiones discriminatorias hacia indígenas, negros y mujeres.

Sara Winter con Jair Bolsonaro.

Un mes antes de que Winter llegara a Salta había declarado lo siguiente: “Hoy me defino como una activista porque trabajo activamente con organizaciones que ayudan a mujeres para que no aborten; Pro-familia porque lucho contra las drogas, que destruyeron mi familia, contra la ideología de género y la erotización infantil. Lucho contra la presencia de materias como sexo y género en las escuelas para garantizar la integridad y la dignidad de nuestros niños. Y pro-defensa porque soy a favor de la defensa de la vida de los policías militares, de la seguridad y de una intervención militar de verdad de las fuerzas armadas” (El Confidencial, 18/4/2018).

De entre las marcas que Sara posee por su paso por la militancia neonazi lleva una cruz de hierro tatuada en el pecho, una condecoración alemana famosa entre los neonazis. Y es posible encontrar en internet material que une a Sara con contenidos nazis, puesto que se dice admiradora de Plínio Salgado, el más famoso de los fascistas brasileños.

Sara Winter y la cruz nazi tatuada en su pecho.

El Femen, del cual Sara Winter formó parte, es un grupo de origen ucraniano famoso por sus acciones en topless y su historia bastante controvertida. Muchos colectivos feministas sostienen que el grupo no se declara oficialmente feminista, incluso habría sido fundado por un hombre. Además, más preocupado por el marketing, exigiría chicas magras y blancas en la línea de frente de las protestas, y alberga un ala extremista que levanta banderas sexistas, fascistas y xenófobas.

El hecho es que Sara Winter nunca tuvo una causa: ni la nazi, ni la feminista. Lo que siempre la movió fue el deseo de liderar algo, de propagar algo, de llenarse con cualquier cosa que la tornara admirable o, como mínimo, notable. Con el nazismo no lo logró. Con el feminismo tampoco. Entonces su gran idea para llamar de una vez por todas la atención de los grandes medios, fue convertirse en una “exfeminista”.

Hoy está vinculada a la derecha brasileña como Bolsonaro, con quien se lanza como candidata en San Carlos (SP).

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