Deudas, morosidad y el efecto en la salud mental de los salteños | «Necesitamos un Estado que proteja a las personas»

El secretario de Salud Mental y Adicciones de Salta, Martín Teruel, aseguró que los problemas económicos afectan «de manera inevitable» en las personas. Y dijo que el endeudamiento que la gente toma para poder pagar alimentos o servicios en plena crisis genera una «ley de la selva» con usureros sin control.

El reciente caso de la mujer que se quitó la vida luego de recibir amenazas y hostigamiento por una deuda contraída pone aún más el foco en la crisis económica, la morosidad y la salud mental de las personas en Salta y el resto de Argentina.

En Cuarto Oscuro, de FM La Plaza, el secretario de Salud Mental y Adicciones de Salta, Martín Teruel, habló al respecto y dijo que hace falta un Estado presente que cuide a los ciudadanos y evite las situaciones de usura.

Municipalidad de Salta

«Hay que ir un poco antes de la situación del hostigamiento. Preguntémonos cómo puede sentirse alguien que trabajando todo el día no puede afrontar los gastos que tiene que afrontar», dijo Teruel, y remarcó que hay gente en Argentina que se ha endeudado para pagar alimentos, medicamentos, luz y gas.

«Hay un punto de partida anterior a la toma de deuda. Entonces, ¿cómo se siente una persona en esa situación? Con decaimiento anímico, desvalorizada. Solicita un préstamo para afrontar estos gastos. Hay un esquema vital alterado por no tener los fondos suficientes y por tener compromisos adquiridos por la deuda que se tomó», dijo.

Para el funcionario, «la gestión de cobranza muchas veces se vuelve vergonzante y denigrante». «Porque lo que hacen muchas de estas oficinas es que se contactan con familiares, en el lugar de trabajo. Un combo muy dramático», siguió, y agregó que «hay toda una situación de dolor y de inquietud desde el minuto cero que alguien no puede afrontar sus gastos corrientes». «Y este componente de humillación, de exponer al sujeto a la mirada crítica de los demás. Es todo lo que está mal en términos de cuidar a las personas», aseguró.

«Se pueden hacer presentaciones jurídicas si las tasas son usurarias. Antes estaba regulado. Ahora está desregulado. Pueden poner los intereses que quieran», dijo, y señaló que «uno de los problemas es que muchas veces la gente se endeuda no con instituciones», sino «con un prestamista en el barrio, con una persona conocida».

«Es muy difícil pensar cómo alguien puede quedar indemne en esa situación en términos de salud mental», agregó, y dijo que las personas que poseen deudas deben poder contar con el apoyo del entorno. «Generalmente las personas no toman deudas para estafar a nadie. Toman deudas para zanjar una necesidad. Es una falacia decir que la gente se endeuda para comprar un televisor por el mundial. Una persona que está sufriendo necesita poder contar con su entorno. Necesita poder asistir a una consulta profesional», siguió.

«Los ciudadanos deben saber que hay también instancias en las cuales pedir asesoramiento. Defensa del Consumidor. Instancias prejudiciales. Después puede hacer un planteo judicial por usura. Lo que pasa es que muchas veces la situación cotidiana en el barrio es bastante apremiante. Hay un segmento de la población que apuesta con la fantasía, expectativa e ilusión de que va a obtener un dinero para saldar deudas o cubrir necesidades financieras», dijo.

«¿Qué me hace pensar esto? En primer lugar, cómo la lógica de los tiempos parece ir en contrario del apoyo de unos con otros. Porque estamos hablando de gente que no tiene empacho en ser usurera. Hay un aprovechamiento, una perversidad. No tienen ningún pudor en apretar, exponer. Eso lo tomo como un signo de una sociedad que a veces, desgraciadamente, lejos de invitarnos a cuidarnos entre nosotros nos termina poniendo unos contra otros. Y frente a eso tengo una conclusión: necesitamos un Estado que pueda regular, amparar, que a través de sus distintas disposiciones proteja a las personas. No puede ser que vivamos en una sociedad que es una especie de ley de la selva donde cualquiera puede aprovecharse de cualquiera», finalizó.

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