El caserío tuvo una efímera fama en 2022 por haber sido uno de los parajes rurales censados con antelación en todo el país. El Lipeo está enclavada dentro del Parque Nacional Baritú, en medio de las yungas.
“Si bien pertenece a la provincia de Salta, está aislada del resto del país. Viven apenas 10 familias. Solo es posible llegar después de tres horas de ruta por Bolivia”. Así comenzaba una crónica del sitio Infobae publicada en mayo del año 2022 por un equipo de prensa que viajó junto a los censistas que debían relevar la población del lugar. Ese equipo definió a El Lipeo como “uno de los sitios más increíbles de Argentina” (…) “el que reina aquí es el yaguareté y no el homo sapiens. Entrado el siglo XXI, las cada vez más pequeñas comunidades humanas apenas sobreviven”, destacan.
El Lipeo se ubica en el departamento de Santa Victoria y tiene como pueblo cabecera Los Toldos. A ambas localidades salteñas se llega tras horas de viaje por el vecino país de Bolivia. “No hay manera de entrar por tierra argentina a las poblaciones de Los Toldos, El Lipeo, El Condado o Baritú si no es después de bordear el río Bermejo dentro del territorio del Estado Plurinacional de Bolivia, durante más de 100 kilómetros de caminos de altura, selva y túneles” destaca la crónica periodística.

“Se estima que viven menos de 100 personas en todo El Lipeo. Son en su mayoría hombres y mujeres de más de 60, hay nueve niños y un docente permanente, el director de la escuela rural 4156, Eliseo Chambi, entregado desde 2003 a la educación pública a pesar de que cada año tiene menos alumnos y que su esposa vive en Orán”.
Chambi cuenta que en El Lipeo casi no hay dinero y casi todo es trueque. “Le dicen ‘tornavuelta’”, enfatiza. A la escuela van apenas nueve alumnos. “Son prácticamente de la misma familia. Una abuela tiene seis nietos y dos hijas que vienen a la escuela. Más la nena de la guardaparque y una más. Es un plurigrado. Hay una docente de nivel inicial, otra de educación física, de lengua extranjera y de educación artística. Itineran hasta tres escuelas de la zona”, detalla. El único que se queda fijo aquí es él. Este es su último año. En febrero cumple 60 y se jubila. Vivirá en Los Toldos o en Orán y se va de El Lipeo.
Hay otra particularidad del paraje. A él se llega por un puente peatonal colgante sobre el río correntoso que le da nombre al pueblo, salvo en julio o agosto cuando por la baja de las lluvias cede la virulencia del cauce. “Hamacarse y avanzar por la pasarela, a unos 15 metros del agua, es la única forma de llegar a esta comunidad dentro del Parque Nacional. Solo se puede salir o entrar a pie o en moto. Las camionetas hay que dejarlas del otro lado del río, en lo que hasta 1938 fue territorio de Bolivia”.
Otro de los entrevistados reconstruyó la historia del puente colgante. Relató que hace tres décadas había que cruzar a caballo el río Lipeo que si “crecía, había que aguantársela”. Luego pusieron una roldana y pasaban colgados de un cable; luego vino una empresa maderera que hizo un puente precario para pasar los carros. La explotación de madera duró unos años y lastimó el monte. “Hoy el área es protegida ciento por ciento. La selva es tan poderosa y resiliente que no se notan las cicatrices, y los cedros y los nogales, también los helechos, toman el territorio ostentosamente”.

Otro de los habitantes cuenta a los periodistas que vio “cuatro veces al tigre acá”. Se refiere a los yaguaretés, un animal en peligro de extinción pero que en esa zona de las yungas del Baritú conviven unos 100, además del puma. El cálculo se basa en la evidencia audiovisual de las cámaras trampa instaladas dentro del Parque, más que en los avistajes en vivo, solo reservados para seres muy afortunados.
La crónica destaca también los testimonios de Pedro Bonilla quien nació hace 64 años en El Lipeo y rememora que sólo por una corta temporada trabajó en Mendoza en un cultivo. “La ciudad es mejor porque hay más trabajo, las cosas para comprar están más cerca. Acá hay que ir a Los Toldos en moto o camioneta. A veces vamos a Orán. Trabajo en mi casa, siembro maíz, papa, maní, para mi consumo. Carne compramos a veces. Tenemos gallinas y chanchos”. La casa de Bonilla es como todas las de El Lipeo: ladrillos de adobe, pisos de tierra o de cemento. Su esposa murió hace unos años y cinco de sus ocho hijos se fueron a trabajar a Los Toldos, a Salta Capital y uno a un campo de cebollas en Río Negro.

Elio Romano, el intendente del Parque Nacional Baritú, nació y creció en Los Toldos. Es un descendiente de criollos llegados desde Bolivia y una mujer indígena local. En 2022 relató que no tenía teléfono, que alguna vez escuchó radio hasta que se le rompió el aparato y que cuando era niños jugaban poco al fútbol por falta de pelota.
El censo 2022 marcó un descenso de la población de El Lipeo con respecto al anterior, pero un crecimiento en Los Toldos. El aspecto social evidencia una merma de habitantes como consecuencia de la falta de trabajo. La cantidad de alumnos que tiene Chambi es contundente: cuando llegó, en 2003, los alumnos eran 52. ¿Qué será de El Lipeo para el próximo censo? ¿cuántos de los adultos vivos quedarán? ¿qué pasará con los jóvenes de hoy? ¿quedará población estable en 10 años? ¿O sólo encontraremos el registro de lo que fue una civilización ancestral en medio del Parque Nacional Baritú?


