Micaela Urdinez relató su experiencia como cronista en parajes y localidades de todo el país donde la miseria es protagonista. Dijo que en esas zonas se vive en un estado de emergencia permanente. Dio cifras dramáticas sobre la mortalidad en nuestra provincia y agregó que la sociedad mira para otro lado.
El pasado domingo 9 de agosto, el diario La Nación publicó «El paraíso de la desidia«, un extenso artículo de la periodista Micaela Urdinez que relata cómo «los niños pelean contra el hambre y la deshidratación» en Santa Victoria Este, en la provincia de Salta. La nota forma parte de Hambre de Futuro, un proyecto periodístico del matutino porteño que desde 2018 «busca mostrar cómo son las infancias de Argentina», según relató Urdinez al programa Cuarto Oscuro, de FM La Plaza.
«Viajamos para contar sus historias, para mostrar su día a día, su realidad. Mostrar lo que falta y cuáles son los sueños de estos chicos y qué les hace falta», agregó la periodista, que con Hambre de Futuro ha recorrido «todas las provincias» para conocer distintos parajes y localidades donde la miseria es moneda corriente.
Consultada sobre los puntos en común que existen en estos lugares de distintos puntos del país, Urdinez dijo que hay «bastantes cosas» similares. «Sobre todo problemas de aislamientos. La falta de acceso a derechos en general. Pero toda la zona del Chaco salteño, el Impenetrable, o Formosa, son terrenos donde hay comunidades originarias que viven desparramadas, olvidadas, con problemas de territorio. Con difícil acceso para llegar. No tienen acceso al agua potable, no hay trabajo productivo mas que los postes y el carbón», agregó, y señaló que también se repiten casos de desnutrición y problemas de salud.
«Uno lo que percibe es esta urgencia de pasar el día. Llegás y ves que arrancan y ven cómo van a pasar el día. Tienen que tapar urgencias, es un estado de emergencia permanente», agregó.

Urdinez remarcó que los habitantes de estas zonas deben «atravesar la vida» con poca expectativa de vida, problemas de salud, y sufriendo muertes que podrían ser evitables.
«Yo creo que la gente no conoce estas realidades. Yo tampoco las conocía. Uno para conocer tiene que estar, y llegar es costoso, difícil. Trabajamos con organizaciones territoriales que ponen el cuerpo todos los días. Hacemos un esfuerzo por mostrar estas realidades y ofrecerles a la audiencia una oportunidad de comprometerse», explicó.
«Lo que uno ve en todo el país, no sólo acá, es que las comunidades originarias en su momento tenían un modo de vida sustentable en relación a la naturaleza. Podían cazar, tenían frutas y el río», dijo, y agregó que «temas de cambio climático, sequías, deforestación, industrias extractivas, hacen que hoy no puedan vivir en armonía con la naturaleza».
La periodista consideró que las distintas gestiones políticas no han trabajado lo suficiente como para que las comunidades puedan escapar de esta situación. «Creo que hay una falta enorme de desarrollo local en todo el país. Hay una migración enorme a la ciudad», siguió, y dijo que es necesaria una inversión en obra publica
La pobreza extrema es impactante. Pero aún más impactante parece ser en Salta, donde Urdinez aseguró haber presenciado la situación «más límite» de todas. La periodista relató que ocurrió en el paraje El Arrozal, cerca de Santa Victoria Este.
«Llegamos con el equipo de (la ONG) Pata Pila a una casa, y una nena, Silvina, de cinco años, estaba en el piso con un grado de desnutrición que no podía estar sentada. Pesaba diez kilos, el peso promedio de un niño de un año», relató, y agregó que la menor «tenia el pelo gastado» y debió ser alzada por su tía para poder ser pesada en una balanza. «La internaron y hoy está bien», aclaró.

Pero no todos los niños pueden ser salvados. «La gente te dice no, en Argentina la gente no muere de hambre», siguió, y remaró que desde 2020 en Salta murieron 320 niños por desnutrición y deshidratación, según cifras no oficiales.
«En estas zonas hay personas que tienen tuberculosis, lepra, enfermedades asociadas a la pobreza que se podrían curar perfectamente
Fuimos a una comunidad, vimos un chico de siete años con tuberculosis avanzado que tenia un ano contranatura. No tenia bolsa de colostomía y tenia medio pañal pegado en la panza. Se lo iban cambiando. Imaginate la expectativa de vida que tiene un chico en esa situación», agregó.

