En una columna de opinión que aquí publicamos, el diputado asegura que en el nuevo mapa político ya no se habla de partidos, sino de “espacios integrados por sectores que comparten una visión de país por encima de los nombres o los sellos”.
Históricamente, en Argentina hubo un sistema de representación bipartidista que se rompe a fines del siglo pasado y se agudiza luego de 2001, con la proliferación de partidos que tenían una raíz común y compartían una visión de país o de provincia, pero con diferentes matices. Las elecciones Primarias, aplicadas a nivel nacional y provincial, posibilitaron que todos los partidos pudieran dirimir sus candidaturas en internas abiertas, promoviendo la participación ciudadana.
Pero, una década después, la situación económica, que convirtió a las PASO en una carga onerosa para el Estado, sumada a una pandemia que obligó a disminuir la aglomeración de gente y a un creciente ausentismo del votante en esa instancia, derivó en un consenso para eliminarlas. Esto dejó a la deriva la conformación de listas, lo que desembocó en una lógica de acuerdos al momento de presentar las candidaturas, limitando la participación masiva que existía con las PASO y, a veces, relegando a sectores que conformaban los frentes.
En este contexto es que, en Salta, vimos la necesidad de buscar un sistema que amplíe la representatividad interna de los espacios, que no duplique elecciones y que no desvirtúe el espíritu frentista, tal como sucede hasta ahora, donde compiten en una elección general dos candidatos que coinciden en su visión y terminan fragmentando a los votantes.
Por eso, esta modernización pone en primer lugar a los frentes por sobre los candidatos, privilegiando los proyectos comunes de diferentes sectores y respetando la voluntad popular del voto que elige a esos espacios. En una misma elección, un frente elegirá, por ejemplo, a su mejor candidato a intendente, quien además, si la sumatoria de votos de ese espacio es la mayoritaria, será el futuro jefe comunal.
La única excepción es la de gobernador, porque entendemos que la máxima autoridad de la provincia, la única que se vota en los 23 departamentos, debe tener dentro de su espacio el suficiente consenso como para ser la única figura en la que se alineen los partidos que integran ese frente. Es un requisito básico que, además del voto popular, garantiza la correcta gobernabilidad.
Por eso, considero que la reforma propuesta en la Cámara de Diputados es un paso adelante para el sistema democrático, acorde con el escenario político actual y que no representa ventaja alguna para ningún sector en particular, sino todo lo contrario, ya que vuelve a ampliar la participación electoral de aquellos salteños que aspiran a un cargo electivo.

