El secuestro de Ragone había ocurrido un día antes, pero la tapa del diario nacional de aquel viernes de hace 50 años anticipaba lo que ocurriría trece días después en el país: golpes de Estado y desapariciones.
El 11 de marzo de 1976 era secuestrado en Salta Miguel Ragone, el ex gobernador vinculado a la Tendencia Revolucionaria del peronismo al que los sectores más reaccionarios de ese movimiento y de las elites salteñas se la tenían jurada por “zurdo”. Un día después, los principales medios del país daban cuenta de la noticia. También lo hizo Clarín que en su tapa de aquel viernes 12 de marzo de 1976 estampó tres títulos: uno relacionado con paros y movilizaciones, otra sobre un Golpe de Estado en el Líbano y el secuestro de Miguel Ragone en Salta.
“El secuestro para desaparecer a Miguel Ragone sirvió de excusa para que los altos mandos de las Fuerzas Armadas volvieran a manifestar públicamente su ´preocupación por el terrorismo´, como se informaba en la tapa del diario Clarín. Claro que sin decir que ese terrorismo era el que sus propios grupos de tareas estaban perpetrando”, escribe el periodista Daniel Cecchini en una nota publicada en Infobae, como parte de un suplemento que recuerda los 50 años del Golpe del Estado del 24 de marzo de 1976.
Cecchini señala en su informe que el escuadrón que se llevó a Ragone estaba integrado por matones de la Triple A (creada por López Rega), policías y oficiales del Ejército, una combinación que operaba desde 1975, luego de que el gobierno de Isabel promulgara los decretos de “aniquilamiento de la subversión”. El secuestro del exgobernador peronista “prefiguraba a los ojos de toda la sociedad la modalidad de acabar con toda disidencia política que implementaría el Estado terrorista que instalaría la dictadura que se aproximaba”, escribe Cecchini.
“Ragone era un dirigente histórico del peronismo, de los que participaron de la resistencia a la autodenominada ´Revolución libertadora´, elegido gobernador de Salta en las elecciones de 1973 con el 57 por ciento de los votos. Su gestión fue abruptamente interrumpida el 23 de noviembre de 1974, cuando el gobierno nacional que encabezaba María Estela Martínez de Perón intervino la provincia por presiones de sectores del propio justicialismo que lo señalaban como cómplice de las organizaciones de la izquierda peronista”, reconstruye el periodista de Infobae.
Y agrega. “La fecha elegida para secuestrarlo estaba cargada de simbolismo: ese jueves 11 de marzo se cumplían tres años de los comicios que habían llevado a Héctor J. Cámpora a la presidencia de la República y a Ragone a la gobernación salteña. Después de ser desplazado por la viuda de Perón, ´el médico del pueblo´, como se lo conocía en la provincia, había vuelto a practicar su profesión y, como todas las mañanas, salía de su casa para ir a su consultorio. Eran poco más de las 8 cuando puso en marcha su Peugeot 504 y tomó por la calle Milagro. No alcanzó a hacer dos cuadras: un auto lo chocó desde atrás y otro se le adelantó y se le cruzó en el camino. Dos hombres de civil, armados, se bajaron de este segundo auto, lo arrancaron del volante y lo pasaron al asiento trasero del Peugeot. Antes de alejarse, los secuestradores dispararon seis veces sus armas: no querían dejar testigos. A la vecina Margarita Martínez Leal, que se asomó para ver qué pasaba, le tiraron con una ametralladora y salvó milagrosamente la vida; otro vecino, Santiago Aredes, no tuvo esa suerte y cayó muerto”.
“El grupo de tareas que secuestró y desapareció al exgobernador estaba integrado por matones de la Triple A, policías y oficiales del Ejército vestidos de civil, una combinación que se haría habitual en la represión ilegal posterior al golpe pero que venía funcionando desde octubre de 1975, luego de que el gobierno nacional promulgara los decretos de “aniquilamiento de la subversión”. La orden de secuestrarlo vino desde lo más alto de la jefatura del Tercer Cuerpo del Ejército, al mando del genocida Luciano Benjamín Menéndez”, concluye.


