Así nos veían | El paisaje urbano salteño a fines del siglo XIX

La visión de un viajero que es un periodista de Tucumán, nos permite recrear escenas de la vida ciudadana de Salta en 1896. (Raquel Espinosa)*

En El Bien Público, a partir del 13 de enero de 1895 se publica una serie de artículos que recogen las impresiones de un turista oriundo de Tucumán sobre Salta. El autor firma como S. Veneziano y confiesa ante los lectores que ve a la ciudad mucho mejor que su fama.

Precisa que personas que llegaron a Tucumán procedentes de la ciudad de Lerma le ofrecieron un panorama sumamente negativo de la misma: “…se me pintó la capital como el pueblo más sucio, más atrasado, más pobre y más desgobernado de la república y a la campaña de esta provincia como una especie de desierto árido y estéril por donde vagaban indios desnudos”.

Municipalidad de Salta

Para describirla según los relatos de sus informantes recurre a una metáfora y dice que Salta se le presentó en su imaginación como “un antro” y luego utiliza las comparaciones: “pequeña como Catamarca y miserable como Santiago”. Resume en un párrafo todos los rasgos negativos que la ciudad portaba: un lugar donde no había comercio, no había plata, no había qué comer. Además estaba llena de sapos y culebras y rodeada de pantanos, sin presencia de policía ni de municipalidad, un lugar, en fin, no apto para vivir.

Estos dichos, según su percepción, son “un engaño monstruoso” y aunque reconoce algunas diferencias con Tucumán considera que tiene varias ventajas. Encuentra a Salta agradable y pintoresca. Se muestra sorprendido por el florido jardín de la plaza 9 de julio y los edificios que la rodean y señala que las calles del centro son aseadas y con buenos edificios y comercios, lujosos hoteles y confiterías.

Aunque reconoce que en la estación podrían mejorarse los servicios del tranway y el transporte de equipajes y que también encontró molestos insectos, prosigue con sus alabanzas afirmando el buen servicio de las posadas donde estuvo y la calidad de las comidas. En cuanto a la campaña asegura que la impresión que le causaron los paisajes que ofrecían las estaciones de Güemes, Campo Santo y Mojotoro invitaban a los viajeros a quedarse allí. Siguiendo con las comparaciones asegura que los hermosos bosques campiñas de esos parajes eran superiores a los monótonos cañaverales de Tucumán.

De la geografía física de la provincia pasa a hacer referencias a la geografía humana y destaca el buen trato que las personas tienen con los forasteros poniendo como ejemplo la actitud de los agentes de policía; siempre que solicitó información fueron con él comedidos y respetuosos. Asegura que en cierta ocasión hasta lo acompañaron al lugar de su destino y por eso los elogia sin reparos: “…parecían educados en Londres”.

La visión de este viajero, que es un periodista de Tucumán como él mismo se encarga de informar, nos permite recrear escenas de la vida ciudadana de Salta en el año 1896. El centro de la ciudad se destaca, según él, por el aseo: “…el barrido de las calles se hace en las primeras horas de las mañanas por las chinitas o los muchachos de las casas, con toda prolijidad, depositándose las basuras del interior en cajones colocados en el cordón de las veredas para ser llevados luego por los carros municipales…” Esto asegura que no sucede en Tucumán donde los horarios del barrido son inadecuados y la mayoría de las veces las calles permanecen tan sucias que se tiene la impresión de no estar en una provincia de nuestra república sino en “una ciudad de la Gran China”. La limpieza en el interior de las casas también es superior a la de la provincia de la que es oriundo y le sorprenden los avances logrados con la adquisición de carros atmosféricos que llevan la basura a las afueras de la ciudad y en esto también supera a “la ciudad del azúcar”. Pese a estas ventajas reconoce que Salta tiene el mismo problema que Tucumán en cuanto a la iluminación y que debería mejorarse para el bien de la población. Otra coincidencia negativa la constituye la gran cantidad de perros callejeros que representan un peligro para la salud y aconseja a las autoridades terminar con esa plaga: “¿No hay estricnina en las boticas?”.

El viajero tucumano enumera otras ventajas en el ámbito cultural y pone como ejemplo el funcionamiento del teatro Victoria por las comodidades y los espectáculos que ofrecía aunque le pareció excesiva la presencia de agentes policiales que estaban ahí para evitar desmanes. Por último, también destaca la profesionalidad de la banda de música y la hermosura y elegancia de las mujeres salteñas.

  • Ahora bien, como ningún relato lo cuenta todo y ningún viajero observa todo, pondremos esta visión en contraste con otras miradas de periodistas locales de esa época.

*Este artículo fue publicado originalmente por la autora en este medio el 5 de mayo de 2018.

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