Macacha Güemes | La salteña que fue pionera en la política y el espionaje para consolidar la independencia

Los medios nacionales siguen buceando en el aporte de ese apellido a la guerra de la independencia. Ahora pusieron el foco en la hermana Martín Miguel, la mujer que tejió alianzas que permitieron la continuidad de la “Guerra Gaucha” rompiendo con las normas de su época.

“El noroeste argentino se erige como un bastión de historia, fe y resistencia. Y aquí, Martín Miguel de Güemes, héroe de la independencia, y su hermana Macacha Güemes, dejaron una huella imborrable en la lucha por la emancipación y en la construcción de la identidad nacional”, escribe Gerardo Di Fazio en un largo artículo publicado por el sitio Infobae para recordar a la hermana del héroe gaucho, a quien el autor la define como la “mujer silenciada de la historia nacional”.

Tras realizar una breve reseña biográfica y política de Martín Miguel de Güemes, el autor recuerda que “Doña María Magdalena Dámasa Güemes, conocida como Macacha (1787-1866), fue mucho más que la hermana de Martín Miguel; recibió una educación avanzada para su tiempo, aprendiendo a leer a los cinco años. A los 16 años se casó con Román Tejada, un militar patriota, y desde 1810 se convirtió en una figura clave en la revolución, transformando su hogar en un taller de uniformes para los soldados y sobre todo liderando redes de espionaje”, destaca.

Municipalidad de Salta

“Macacha destacó por su capacidad política y logística” destaca el autor que recuerda que, en 1816”, la mujer medió en el “Pacto de los Cerrillos”, un acuerdo entre Güemes y el general José Rondeau, quien desconfiaba del liderazgo gaucho de Salta. El pacto firmado en marzo aseguró la continuidad de la “Guerra Gaucha” y permitió a Salta enviar representantes al Congreso de Tucumán, allanando el camino para la Declaración de Independencia.

Durante la gobernación de Güemes, Macacha asumió roles de liderazgo, actuando como ´ministro sin cartera´ y desbaratando conspiraciones de la élite salteña, agrupada en el partido ´Patria Nueva´, que se oponía al gobierno gaucho. Ella fundó el partido ´Patria Vieja´ junto a José Ignacio Gorriti, consolidando el apoyo popular a su hermano. Su casa, ubicada en las actuales calles Balcarce y España, fue un centro de operaciones, y en 1821, fue allí donde Güemes fue herido mortalmente por realistas liderados por José María Valdés. Macacha, según la tradición, lo acompañó en sus últimos momentos en la Cañada de la Horqueta, donde murió el 17 de junio. También participó en tareas de espionaje, ocultando mensajes en sus polleras y coordinando con mujeres de clases bajas para transmitir información sobre los movimientos realistas. El comandante español Joaquín de la Pezuela lamentó en una carta al virrey que las mujeres salteñas, lideradas por figuras como Macacha, eran ´espías vigilantes´ que complicaban sus planes. Su valentía se manifestó en actos públicos, como arengar a las tropas a caballo, incluso estando embarazada, y en su rol como gobernadora interina cuando Güemes estaba en campaña”, rememora el autor.

En ese punto, Di Fazio trae a la memoria un hecho olvidado: la llamada “Revolución de las Mujeres” de 1821 que resalta el poder colectivo de las mujeres en la lucha independentista. “Tras la muerte de Güemes, el gobernador José Antonio Fernández Cornejo, opositor a los gauchos, encarceló a Macacha, su madre Magdalena Goyechea, y otros simpatizantes del partido ´Patria Vieja´ en septiembre de 1821. Esta acción desató una revuelta popular liderada por mujeres, muchas de ellas esposas, hermanas y madres de los gauchos de Güemes, que exigieron su liberación”.

El levantamiento forzó la renuncia de Fernández Cornejo que fue reemplazado por Gorriti, un aliado de Güemes. La “Revolución” liberó a Macacha y consolidó el legado de Güemes, asegurando que las fuerzas patriotas retomaran Salta el 22 de julio de 1821, expulsando definitivamente a los realistas. “La Revolución de las Mujeres también refleja el concepto moderno que busca reivindicar la participación femenina en la gesta emancipadora. Historiadoras como Sara Mata han señalado que mujeres como Macacha, Juana Azurduy y María Remedios del Valle desempeñaron roles militares, logísticos y políticos, desafiando las normas de una sociedad patriarcal donde sus opciones se limitaban al matrimonio o el convento”, destaca el autor.

Tras la muerte de Güemes, Macacha continuó su activismo, adhiriéndose al Partido Federal y participando en levantamientos contra gobernadores unitarios en 1824 y 1834. En 1825, viajó a Buenos Aires para solicitar ayuda militar y financiera para el norte. En 1856, fundó una de las primeras escuelas para niñas en Salta, promoviendo la educación femenina en una época donde era escasa.

“Su apodo, ´Madre del Pobrerío´, refleja su compromiso con los sectores populares, que constituían la base del ejército gaucho. Macacha falleció el 7 de junio de 1866, exactamente 45 años después de la herida mortal de su hermano. Sus restos descansan en el cementerio de la Santa Cruz, aunque hubo intentos infructuosos de trasladarlos al Panteón de las Glorias del Norte. Su legado ha sido rescatado en las últimas décadas, con calles, monumentos y reconocimientos que la celebran como un símbolo de empoderamiento femenino. En Buenos Aires, el Bulevar Macacha Güemes en Puerto Madero honra su nombre desde 1995, y en Salta, un monumento ecuestre la representa portando un estandarte patrio”.

“Martín Miguel de Güemes y Macacha Güemes son figuras complementarias en la historia de la Argentina. Él, con su liderazgo militar y su devoción al Señor y la Virgen del Milagro, representó la resistencia frente al colonialismo español. Ella, con su inteligencia política y su valentía, desafió las barreras de género, liderando desde la logística hasta la diplomacia. Juntos, los Güemes contribuyeron a una identidad nacional que celebra la diversidad, la fe y la inclusión”, concluye el autor.

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