Un informe nacional titulado “El paraíso de la desidia” da cuenta de cómo las infancias originarias pelean contra el hambre y la deshidratación en Santa Victoria Este, uno de los rincones más abandonados de la Argentina.
La enviada del diario La Nación a Santa Victoria Este, Micaela Urdinez, describe bien la particularidad geográfica de Santa Victoria Este: es el último pueblito salteño en el límite con Bolivia y Paraguay. Tampoco se equivoca cuando asegura que ese pueblito salteño es uno de “los rincones más abandonados de la Argentina” y en donde las familias Wichí, Chorote y Chulupí viven desparramadas a la vera del Pilcomayo o en el monte.
“Son caras curtidas por el sol que aparentan mucha más edad de la que tienen. Son cuerpos lastimados con hernias y problemas de espalda por el trabajo pesado de hachar, cargar troncos, armar sus propias viviendas, ir a buscar agua con baldes y cortar el chañar en el monte. Las mujeres se dedican a cocinar, a mantener la casa y hacer artesanías; los hombres se las rebuscan con changas la caza de liebres, corzuelas o chanchos del monte, la recolección de miel o la pesca.
El informe publicado en el medio citado recuerda que, según el Indec, la pobreza en Salta durante el segundo semestre de 2024 fue del 41,2% (la media nacional fue de 38,1%) y la indigencia del 7,1%; y que desde enero de 2020 rige la emergencia sociosanitaria para los departamentos de Oran, San Martín, Rivadavia (al que pertenece Santa Victoria Este).
Esa dimensión de lo social es el principal interés del equipo “Hambre de Futuro” del diario La Nación que resalta que en poblaciones como estas, las personas están acostumbradas a un solo plato fuerte de arroz o fideos y a aguantar con mate cocido; que el acceso a servicios como luz, al agua potable o gas es inexistente; como así tambén existen grandes dificultades para acceder a un médico o a un DNI.
El equipo periodístico llegó a la comunidad El Bordo que ubicada a seis kilómetros del Pilcomayo, carece de posta sanitaria, escuela y luz eléctrica. “Apenas cuenta con unos paneles solares que se descargan cuando está nublado” destaca el reporte. A ese lugar llegan los integrantes de la ONG Pata Pila que acompañan a 430 niños con riesgo de desnutrición en la zona.
“Lo que no se termina, a pesar del esfuerzo de una gran red de actores públicos y privados, son las infancias bajo amenaza. Desde 2020, ya son 320 los niños de comunidades originarias que fallecieron en la zona por desnutrición y deshidratación, según los relevamientos de Pata Pila. Durante 2025, no se registraron nuevas muertes. Actualmente, el Hospital de Santa Victoria Este está acompañando a alrededor de 40 niños en riesgo nutricional”, destaca la nota. La directora de esa ONG es Natalia Paz. Ella de encarga de coordinar con las entidades estatales y el resto de las organizaciones sociales para que todas las familias estén atendidas. Su equipo, en Santa Victoria Este, está compuesto por 14 profesionales que brindan una atención integral.
Por su parte, la coordinadora general del Ministerio de Desarrollo Social de Salta, Dolores Montarce, manifestó a la periodista Urdinez que con el programa “Focalizados” cada mes y medio reparten 5000 módulos alimentarios en comunidades originarias para niños menores de 7 años, personas con discapacidad, adultos mayores, embarazadas y familias en extrema vulnerabilidad. No obstante, remarcan que desde que el gobierno nacional dejó de financiar el Programa UNIR (acompañamiento familiar) y el MORE (bolsones para niños con bajo peso) llegan a menos familias y niños en riesgo.
La época más crítica es de octubre a febrero. Es un periodo de lluvias, temperaturas altas, chicos con resfríos, más niños que dejan de asistir a la escuela y bajan de peso. A ello se le suma una variable también preocupante: los trabajadores de la salud tienen más dificultades para llegar a la zona.
Eso explica que Edgardo Ariel Sosa, gerente general del Hospital de Santa Victoria Este, admita sin complejos que diariamente se enfrentan a la desnutrición, a la tuberculosis, a la hepatitis A, al Chagas, a las enfermedades respiratorias y a las de la piel porque las personas conviven con todo tipo de animales en condiciones de poca higiene y se contagian”.
“Tratamos de salir a terreno, hacer vigilancia. Es un trabajo de hormiga. Se hizo un Centro de Recuperación Nutricional y un Centro de Vacunación para que cuando la gente del monte viene a cobrar, además, reciba las vacunas. También se hicieron y se refaccionaron puestos sanitarios. En el recurso humano siempre estamos limitados pero, dentro de todo, vamos avanzando de a poco”, afirma Sosa.
Nazarena Estrade es la directora del Centro de Desarrollo Humano de Pata Pila en Santa Victoria Este, tiene una visión cruda de lo que allí pasa. “Esta es la zona de la Argentina que ni siquiera se reconoce como argentina. Y cuando no se reconoce como propio algo que lo es, quiere decir que básicamente no te importa. Y lo que no te importa, no lo gestionás ni hacés llegar los recursos. Esta parte del norte ni siquiera es reconocida como tal. Se la confunde muchas veces con el Chaco y es Salta. Y mucha gente elige el desconocimiento para ser un poquito más feliz. Si el conjunto de los argentinos supiera que este nivel de necesidad existe en el país, no se podrían ir a dormir tan tranquilos. Es el paraíso de la desidia”, declara Estrade.

