Un testimonio desde Salta | A 60 años de la Noche de los Bastones Largos, cuando una dictadura apaleó a la ciencia

En una entrevista realizada en 2019, el sociólogo Félix González Bonorino recordó la experiencia de su padre durante el asalto a las universidades, ocurrida el 29 de julio de 1966 durante el gobierno de facto de Juan Carlos Onganía.

Fue en una entrevista realizada por el programa Cuarto Oscuro el 31 de julio del año 2019. Por aquel entonces el programa se emitía por FM Capital y el entrevistado fue el sociólogo Félix González Bonorino quien recordó la experiencia de su padre durante aquella represión del Onganiato.

Hoy se cumplen 60 años de ese hecho que marcó un hito del oscurantismo de las dictaduras: la “Noche de los bastones largos”, cuando la policía irrumpió violentamente en distintas facultades universitarias para desalojar a docentes y estudiantes que se oponían a la intervención decretada por el dictador Juan Carlos Onganía, quien semanas atrás había derrocado al gobierno constitucional de Arturo Illia.

Municipalidad de Salta

El biólogo Félix González Bonorino fue uno de los científicos afectados. Por ello Cuarto Oscuro mantuvo una comunicación con su hijo – sociólogo de igual nombre y dirigente del escenario político salteño – quien recordó el contexto universitario de aquel año 1966 cuando su padre daba clases en la UBA.

“Esa universidad se generó a fines de los 50 y venía creciendo a una velocidad que asombraba. Allí hubo una gran parte de científicos que vinieron de todo el mundo y se instalaron en la UBA, en La Plata, Rosario y muchas universidades argentinas generando un polo intelectual enorme”, subrayó el dirigente.

Prosiguió su relato recordando lo que reconstruyó sobre lo vivido por su papá: “A mi padre le tocó generacionalmente estar ahí, él era un referente académico de la ciencia geológica, incluso estuvo entre los fundadores del Conicet”.

A la hora de relatar la brutal represión de aquella noche, González Bonorino hijo recordó: “Lo encontró dando clases. La historia de esto la reconstruí a través de otros testimonios porque mi viejo jamás hizo una mención al tema, pero odiaba la terquedad que tenían los militares”.

Félix González Bonarino hijo (izquierda) y padre (derecha).

El sociólogo también relató que su padre con muchos otros “no aceptaron la intervención a la Universidad de Buenos Aires y fueron a dar clases y cuando estaba con sus alumnos, esa noche, en la que había una tensión muy grande, de golpe entró la montada de la policía. Los hicieron salir al decano, a mi viejo, a los alumnos y los apalearon muchísimo”. Apelando a los recuerdos de su hermano mayor, el entrevistado recordó que aquella noche de julio de 1966 su padre llegó a la casa estaba muy golpeado, tomó un baño, mudo de ropa y partió de nuevo hacia la comisaria para exigir la libertad de varios de sus estudiantes.

El saldo de lo ocurrido aquella niche fueron cientos de detenidos, destrucción de bibliotecas y laboratorios, más renuncias y cesantías de prestigiosos profesionales. Emigraron 301 profesores de los cuales 215 eran científicos y se desguazaron equipos de investigación muy prestigiosos. Entre los que partieron se encontraba Félix González Bonorino y su hijo dio detalles de esa partida: “Mi familia vivió tres años en Chile, a donde fueron unos setenta y pico de esos investigadores que fueron expatriados”.

Ya reflexionando sobre el presente, el sociólogo considero que aquel hecho de 1966 inauguró décadas de políticas que atacaron a la ciencia nacional hasta que en el año 2009 la gestión de Cristina Kirchner inició un proceso de revalorización abortado por la gestión de Mauricio Macri:

“A lo que había llegado la ciencia argentina durante la gestión del último kirchnerismo había sido asombroso, pero luego tenemos una vuelta al retroceso con un gobierno que representa los mismos interese de 1966. En aquel momento era una lucha ideológica que planteaba que los investigadores eran más bien socialistas y que por lo tanto había que controlarlos, mientras hoy es un conflicto económico. A este gobierno no le interesa la ciencia y la tecnología porque la quieren comprar en el exterior”, sentenció.

Finalmente, el sociólogo admitía en aquella entrevista que el abstencionismo político de la comunidad científica existe tal como ocurre en todos los sectores sociales. Confesó que no le parece lo mejor y que la situación tiene sus contradicciones. Tomando el caso de la huelga docente – por ejemplo – consideró que “en este momento, un docente que está haciendo una huelga que te diga que no le interesa la política es un oxímoron”.

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