martes 28 de mayo de 2024
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Ser niños fue cosa de antes | El 10% de niñas/os entre 5 y 15 años trabaja en nuestro país

Un informe reveló la situación para los años 2016/2017. Los porcentajes son mayores en el NOA y más profundos en entornos rurales que urbanos, aunque todos suelen comenzar a trabajar para ayudar a sus familias.

Así lo indicó la Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes (EANNA) 2016/2017 realizada por el Indec y la Dirección General de Estudios Macroeconómicos y Estadísticas Laborales de lo que era, hasta hace semanas, el ministerio de Trabajo. La misma había tenido una primera presentación en noviembre del año pasado, durante la IV Conferencia Mundial sobre Erradicación Sostenida de Trabajo Infantil. El relevamiento sobre entornos rurales y urbanos de todo el país, da cuenta de qué significa la desigualdad para niñas, niños y adolescentes de sectores vulnerables y cómo las situaciones cambian según las regiones en que vivan.

El relevamiento fue trabajado por el diario Página 12 que en su edición de hoy publicó los principales datos del documento: en Argentina el 10% de las niñas y los niños de entre 5 y 15 años realiza al menos una actividad productiva; el porcentaje trepa al 19,8% en áreas rurales; la situación tiene más incidencia en el NOA y NEA; entre adolescentes de 16 y 17 años, son el 31,9% quienes trabajan aunque la cifra se eleva hasta el 43,5% en áreas rurales.

“La mayoría de los más pequeños suele empezar a trabajar para ayudar a sus padres o su entorno más cercano (entre el 65 y el 66%, según se trate de niñas y niños rurales o de las ciudades), pero esas relaciones laborales precarias van sentando las bases para trabajos también precarios a medida que van creciendo” enfatiza el medio citado que recuerda que el trabajo infantil suele tener incidencia directa sobre el rendimiento en la escuela, porque niñas y niños llegan con más cansancio a las aulas y faltan más seguido.

Los sesgos de género que caracterizan al mercado laboral adulto se replican en la infancia: las niñas suelen abocarse a “actividades domésticas intensivas”, los niños, a “actividades mercantiles y de autoconsumo; las niñas ganan menos que los niños (ver aparte).

Algunos de los datos, dan cuenta de cómo pasan los días estas chicas y chicos que trabajan: “a uno de cada tres le cansa la actividad que realiza; cerca de uno de cada tres señala que siente exceso de frío o calor al efectuar su trabajo; y uno de cada cuatro niñas y niños urbanos desarrolla su actividad en la calle o algún medio de transporte”. En la ciudad, son más quienes se dedican a las actividades productivas en el horario nocturno, “principalmente entre las mujeres (16,6% de las de 5 a 15 años y 19,2% de las de 16 y 17 años declaran trabajar por las noches), a causa, fundamentalmente, de los trabajos de cuidados que ellas realizan”.

El trabajo infantil y adolescente está más extendido en las zonas rurales, donde involucra “a casi uno de cada cuatro varones y mujeres de 16 y 17 años (22,8 %)”. En áreas urbanas, lo que prevalece entre varones es la dedicación a actividades mercantiles, en particular las “relacionadas con el trabajo en negocios, talleres u oficinas por dinero (para el 39,9 % de los niños y niñas y el 37,9 % de los adolescentes que trabajan)”.

En tanto, en el campo, más de la mitad de las niñas y los niños que trabajan se dedica “al cultivo o cosecha de productos para vender (14,2 %), el cuidado u ordeñe de animales (14,4 %), la ayuda en la construcción o reparación de otras viviendas (11,9 %) y la ayuda en negocios u oficinas (11,9 %)”. Las cifras y ocupaciones son similares para las y los adolescentes de esas zonas, aunque en esos casos también se suma como actividad la producción de ladrillos (8,9 por ciento).

Niñas y niños de entornos urbanos y rurales comienzan a trabajar para ayudar a padres u otras personas de su entorno cercano (67,7 % de los casos de las ciudades y 65,2 % de sus pares rurales). El estudio advierte que esa desigualdad inicial se mantiene con el tiempo: “a medida que crecen, se extienden las relaciones salariales de tipo precario (39,3 % para los adolescentes urbanos y 29,9 % para los rurales) y los acuerdos cuentapropistas informales, principalmente entre los que trabajan en el medio rural (25,2 %).

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