La paradójica conclusión a los que se puede arribar de los resultados de esa encuesta es la siguiente: el problema es percibido por la población, pero se culpabiliza del mismo a otros.
La encuesta fue encargada y difundida por el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y apunta a esclarecer cuál es la percepción que los propios argentinos tienen sobre el problema de la discriminación. Los datos duros de la misma dejan ver una enorme paradoja: los argentinos estamos convencidos de que la discriminación y el racismo existen en nuestro país, pero casi nadie se percibe como racista. Conclusión: creen que el racista es siempre otro.
Las opiniones de los mayores de 16 años que fueron consultados vía online a lo largo y ancho del territorio nacional, revelan que un 54,3% cree que los argentinos son «muy» o «bastante racistas», mientras el 43,3% relativiza el problema. Al mismo tiempo, un 50% considera que la discriminación por motivos raciales en la Argentina es «grave» o «muy grave», mientras que el 71% juzga también «grave o muy grave» la forma en que se discrimina «por ser pobre» y el 40% considera que sobre los inmigrantes pesa una discriminación igualmente considerable, así como sobre las mujeres: el 53% percibe que éstas son atacadas por su género.
Las cifras hablan de una sociedad dispuesta a poner sobre la mesa un problema grave, aunque la misma sociedad no parece percibirse a sí misma como parte del problema: cuando se les pregunta a título personal, solo el 7,8% asume que hace esa diferencia en relación a la clase y el poder adquisitivo al juzgar a otros; mientras el 92% se considera nada o poco racista.
Cuando se les consulta a los encuestados cuán grave diría que es en Argentina la discriminación hacia las disidencias sexuales (homosexuales, lesbianas, travestis, trans), el 55,8 por ciento juzga que los efectos son de una gravedad extrema o «bastante grave».

