La comunidad ava-guaraní de Yariguarenda se organiza para recibir en sus casas a los visitantes que buscan compartir experiencias y conocer el territorio desde adentro. “No tenemos una vida plena si no tenemos el monte sano”, afirman.
“Para las mujeres guaraníes de la comunidad de Yariguarenda, en el norte de Salta, la protección de las Yungas tiene el mismo sentido que proteger su propia vida”, destaca la periodista Daniela Blanco en un largo informe publicado por el sitio Infobae en la jornada de hoy.
La comunidad ubicada a unos 13 km de Tartagal (cerca de la frontera con Bolivia) tiene reconocimiento jurídico desde 2003 y reúne entre 50 y 60 familias. “Mientras el cambio climático altera bosques, agua y biodiversidad en el norte argentino, este grupo de mujeres indígenas y rurales lidera respuestas económicas que combinan conservación, producción y saberes ancestrales”, destaca la periodista que ha realizado una serie de informes sobre la forma en que las mujeres originarias del norte salteño gestionan soluciones económicas frente a la crisis climática que amenaza sus medios de vida. Los trabajos de investigación en ese sentido fueron reconocidos con una beca internacional del Pulitzer Center.
Tras atravesar históricos conflictos por la tierra, procesos de invisibilización cultural y desafíos económicos comunes a muchas comunidades indígenas del norte salteño; en la actualidad la “cooperativa Yariguarenda desarrolló el ecoturismo rural comunitario en las Yungas como una economía basada en tres pilares: la conservación de las Yungas, la protección contra los incendios y la protección de la biodiversidad junto a la resiliencia territorial”, destaca el informe.
Una de las referentes más destacadas en esa actividad es Natalia Valdez, quien impulsa el turismo rural comunitario que combina senderismo, interpretación ambiental, gastronomía tradicional, producción agroecológica y rescate cultural “¡Bienvenida a la familia de Yariguarenda! En guaraní, yarigua significa sapo y renda es lugar. Estas tierras son de los yaris, de los sapos. Esta herencia que nos dejaron nuestros abuelos es especial. Marta Godoy fue una gran lideresa y nos motivó a organizarnos en nuestra comunidad. Así, las mujeres nos establecimos para soñar y construir el futuro, para que todos tengamos oportunidades. Hoy desarrollamos el turismo rural comunitario”, explico Natalia al sitio Infobae. “Los guaraní no tenemos una vida plena si no tenemos cerca y sano al monte. Por eso cuidamos y protegemos el monte: es parte de la vida diaria y de una reciprocidad en armonía con la naturaleza”, agregó.
Valdez contó que la comunidad se organiza para recibir en sus casas a los visitantes que buscan compartir experiencias y conocer el territorio desde adentro. También planteo que el objetivo es formar parte de una sociedad que no excluya a los pueblos originarios y que reconozca sus valores, en una vida vinculada a la naturaleza. “A los que nos visitan, nosotros les decimos ¡ñandereko!, que es nuestra forma de decir: acá estamos”. Valdez vinculó esa visión con una relación de respeto hacia el monte y el territorio, que no se define en términos de propiedad, sino de pertenencia.

