viernes 23 de febrero de 2024
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“Nosotras también estuvimos” | Enfermeras de la guerra: las heroínas silenciadas de Malvinas

Atendieron a muchos de los soldados muertos y heridos durante el conflicto bélico de 1982. Fueron 14 enfermeras de la Fuerza Aérea que trabajaron en un hospital móvil de Comodoro Rivadavia. Un documental rescata testimonios de tres de ellas.

«Nosotras también estuvimos», es un documental que se estrenó el 1 de abril del año pasado en Cine.ar TV y en la plataforma Cine.ar Play. El material recoge los testimonios de 3 de las 14 enfermeras que prestaron servicios claves durante la guerra del Atlántico Sur: Alicia Reynoso, Stella Morales y Ana Masitto. Las tres volvieron al sitio en donde se montó el hospital móvil durante la guerra y que hoy es un descampado para la filmación del documental dirigido por Federico Strifezzo.

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«Para mí la guerra era un tema de hombres, sobre todo en lo relacionado a Malvinas”, dijo el director en las entrevistas que le realizaron antes del estreno. «A través de Alicia llegué a otras enfermeras, cada una con sus propias heridas. Pero si había algo que compartían era el dolor del silencio y del olvido al que habían sido condenadas después del 82. Las acompañé durante un tiempo en su lucha y así fue surgiendo el deseo de darle forma a una película que sirviera para desenterrar recuerdos y poner en imágenes lo que por tantos motivos no se quiso mostrar», contó luego.

“En 1982 Alicia Reynoso, Stella Maris Morales y Ana Masitto eran jóvenes enfermeras que recién comenzaban sus carreras, la primera promoción de una Fuerza Aérea por demás varonil. El 2 de abril, cuando se desató el conflicto, les avisaron que serían enviadas a Comodoro Rivadavia para recibir y atender a los combatientes heridos en un hospital que se montaría junto a la pista de aterrizaje del aeropuerto”, destacó una nota del diario Clarín que se enfocó en el tema.

Eran suboficiales de aeronáutica, tenían entre 21 y 26 años, venían de todo el país y estuvieron los dos meses que duró la guerra. Una sola vez se les permitió hablar con algunos periodistas durante el conflicto y las revistas de entonces escribieron «perfume de mujer», «lápices de labios», y sobre sus «sueños» de tener maridos, hijos y formar familias. Ninguna fue reconocida oficialmente como veteranas y ninguna cobra la pensión como cobran los veteranos varones de Malvinas.

Su misión era esperar que llegaran los aviones con soldados heridos que llegaban de a 30, 40. Trataban balas, esquirlas, fracturas expuestas, pies de «trinchera» (congelados por el agua, el frío y la humedad) y también llantos, gritos, lamentos, súplicas. «Yo estaba acostumbrada a las heridas. Lo que no se podía aguantar eran los llantos de esos chicos, eran niños en la guerra que pedían por su mamá, querían ir con su mamá, les dolía el alma», contó Alicia a Clarín. «¡Se guardan las lágrimas porque acá lo que hay que mostrar es fortaleza!», les ordenaba el capitán, a ellas, que debían contenerse hasta que podían quedarse solas.

Eso no fue todo. Las protagonistas de aquel conflicto bélico resaltan lo siguiente: «Se nos había ordenado no hablar de lo vivido. Yo no lo borré. Siempre estuvo en la memoria», cuenta Alicia quien entonces tenía 24 años e intentó suicidarse tiempo después. Una amiga la llevó a la Asociación de Psicoanálisis en 2008. «Pude sacarlo, vomitarlo. Me hizo muy bien. Pero cuando compartí notas y algunos pensamientos en redes sociales comenzaron a atacarme, a agredirme, me amenazaron para que no siguiera hablando», dijo al medio citado aclarando que las agresiones provenían de militares, civiles, varones y hasta mujeres.

“Acá se ha contado la mitad de la historia, y hay muchas personas que aún no quieren que se sepa la verdad. A nosotras nos negaron doblemente, por lo que sabíamos, y por ser mujeres. Acá hay una deuda de honor y lealtad hacia el género. El Militar es un ambiente muy machista, y la guerra pareciera ser una cosa de hombres. Pero la deuda también es con los chicos que combatieron, muchos murieron en la desidia. Hubo más muertes por suicidios que en la guerra misma”, declaró.

Alicia tiene 65 años, sigue trabajando como enfermera en un centro de salud de Paraná. Tiene dos hijas, dos nietas y una medalla que dice veterana de guerra que le dieron en 1991. La pensión no la cobra. El juicio lo comenzó en 2008, en 2017 ganó en primera instancia, todavía aguarda el desenlace.

Stella tenía 27 cuando llegó a Comodoro desde Villa María, Córdoba, Ahora tiene 66, está jubilada. Pidió la baja de la fuerza aérea poco después de terminar la guerra: «Me cansé del destrato. No querían que habláramos. Volvimos y pretendían que hiciéramos como que no había pasado nada. Durante años no pude contárselo a nadie», dijo a Clarín.

Fue recién cuando Alicia se comunicó con ella en 2014 que las palabras salieron, junto a las compañeras. Entre todas destaparon la memoria, «El feminismo nos ayudó. Los tiempos están cambiando, las mujeres siempre estuvieron relegadas y ahora se nos está permitiendo hablar. Debemos luchar por lo que somos, no tenemos que estar ni un paso atrás. Todavía no reconocen que hubo mujeres en la guerra». Stella tampoco cobra la pensión.

Ana tenía 22 años en la guerra. «Ver llegar esos aviones con esos chicos heridos… nos afectaba mucho, éramos jóvenes, y nosotras también extrañábamos… Y cuando terminó nos prohibieron hablar, yo recién hace diez años pude contarlo».

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