Malvinas | La historia del salteño apresado por los ingleses seis días después del final de la guerra

Junto a nueve compañeros, Julio Herrera ocupaba las Islas Sándwich del Sur. El encierro en un buque, la vuelta a casa, el olvido y de aquello que a los veteranos les “hincha el corazón”.

No hay nada en Julio Herrera que denote algún tipo de euforia bélica. No hay alarde de ningún tipo. Habla pausadamente y con ademanes sobrios de aquellos tiempos en los que había que ser muy duro para soportar temperaturas de -20°C combinadas con vientos de 60 kilómetros por hora que causaban una sensación térmica de 52 °C bajo cero en las Islas Sándwich del Sur. Llegó allí en diciembre del año 1981 como parte de un grupo que reafirmaba la soberanía sobre la isla con bases de investigación y comunicaciones.

Allí se enteraron por medio de un radiograma que las fuerzas armadas habían ocupado las Islas Malvinas. Ahora habla de aquellos días casi con timidez, como un favor que le hiciera a los conductores de Cuarto Oscuro, el programa de radio de Cuarto.com.ar que se emite en FM La Plaza (94.9) de lunes a viernes de 11.30 a 13.30.

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“La verdad que no soy muy muy afecto a este tipo de entrevistas. Son cosas que la mayoría de nosotros, los que estuvimos allá, las guardamos para nuestro sentimiento. Las llevamos adentro”, dice Herrera, pero de todas maneras se presta al diálogo. Lo que revela es inédito para la mayoría y aclara que hay “cositas” de las que no habla, pero se abre y relata retazos de esa historia que merecen ser contadas en el presente y en el futuro, para que un pueblo rememore y extraiga enseñanzas de una experiencia que de modos distintos nos atraviesa a todos.

Nació en Salta el 2 de octubre de 1950. “Mi primaria la hice en la escuela Mitre y la secundaria en la Técnica 77, que de mañana era la Urquiza, en la Güemes y Zuviría. A los diecisiete años me enganché en la Armada como personal de cuadro suboficial. En la Isla Martín García fue mi ingreso. Después estuve en varias unidades navales hasta el año 82, cuando fue el conflicto”, cuenta. El detalle es importante. Julio era un militar de carrera, no uno de los miles de chicos de 18, 19 o 20 años que fueron a las islas. Tenía 32 años y era cabo principal, un equivalente a sargento en el ejército.

¿Dónde te encuentra el inicio de la guerra?
Nosotros en diciembre del año 1981 trasladamos un grupo de comandos y personal civil a las Islas Georgias para desarmar lo que era una factoría que estaba ahí. Después nosotros fuimos trasladados a las Islas Sandwich. Éramos parte de ocupar el espacio.

¿Ustedes como militares tenían información de que se venía la guerra o fueron a hacer tareas de rutina militar?
No, nosotros llegamos allá hasta que el día 2 de abril nos llega un radiograma de que se habían tomado las Islas Malvinas, y bueno… de ahí empezamos a ser partícipes. Pero como queda lejos de donde estábamos, el conflicto, éramos partícipes de tribuna, digamos, porque hasta allá no llegaban las unidades navales de ellos. Hasta que un día, el 19 de junio de ese año, fuimos rodeados por varias unidades navales de los británicos. El día domingo 20 de junio fuimos hechos prisioneros. Nosotros éramos diez tipos, siete de la Armada y tres de la Fuerza Aérea, y capituló el que teníamos de jefe y nos rendimos.

Llama la atención la fecha. Estás diciendo 19, 20 de junio. ¿El conflicto ya estaba terminado o no?
En Malvinas la capitulación había sido el 14 de junio. A nosotros nos toman prisioneros y se rinde el que era jefe de la base. En ningún lugar vos vas a escuchar o habrás leído que nosotros fuimos los últimos en rendirnos. Sí en la historia de los británicos. De ahí fuimos trasladados en una unidad naval.

¿Por qué les impidieron contar lo que habían visto, lo que habían hecho, lo que había pasado allá?
Y era una orden de la jefatura. Ni idea nosotros. Primera vez que cuento esto de los momentos que pasamos en calidad de prisioneros. Mi familia también lo sabe, pero después, otras cositas que son un poco más graves me las reservo para mí.

Siempre se habló de que muchos gobiernos desmalvinizaron, tuvieron políticas de no hablar. No en el sentido de acatar una orden, sino de que la sociedad no se acuerde, de combatientes a los que se querían tapar. ¿Vos sentís eso?
Cuando llegamos de allá sentimos que nos estaban ocultando, que nos querían tapar. Ya en el continente no nos permitieron tener contacto directo con la gente del pueblo. Entonces, la gente del pueblo no ha sentido mucho lo que nos pasaba a nosotros o lo que nos pasó. Después de varios años recién se empezó a tomar conciencia de todo esto, porque al principio fue una cosa; una locura de algunos militares que estaban al frente del gobierno nacional y que nosotros éramos los chicos de la guerra. Pero después se empezó a tomar conciencia, aunque hasta el día de hoy hay gente que no reconoce.

¿Cómo vivieron el hecho de que hubo más muertos por suicidios que en combate entre los veteranos?
Hubo mucha gente que se suicidó. Fue gente que quedó tocada mentalmente y no supo de pronto soportar el momento y ese olvido que habían tenido tanto del gobierno como la sociedad. En el caso nuestro, acá yo no tengo ningún compañero de los que estuvimos juntos. De los siete que eran en la marina, soy el único que estoy acá en Salta. De los siete, nunca más después de esas noches de prisioneros, o de esos días hasta llegar al hospital naval, volvimos a vernos. Me volví a ver con uno solo en una oportunidad. Un muchacho que vive en Tandil que vino a visitarme acá en Salta. Pero después no tuvimos oportunidad de juntarnos nunca más. No sé la vida de los otros tampoco.

Homenaje salteño a los veteranos y caídos en Malvinas.

Cuando viniste y estuviste en el Liceo Naval en Salta, ¿cómo te trataba la gente? ¿Te preguntaba, estaba interesada por tu historia, por tu experiencia o no se hablaba de ese tema?
No. La gente acá ni bolilla te daba. Lo que sí, la gente del Liceo Naval, me tenía mucho respeto y bueno… me admiraba por todo lo que habíamos pasado. Pero después, los vecinos del barrio ni idea tenían de que yo había estado en allá. Te digo, hasta en estos días que pasaron del 2 de abril hay gente del barrio, que es un barrio chico, que recién se estaba enterando que ahí en el barrio hay tres ex combatientes: uno que estuvo el Ejército, otro que es sobreviviente del Crucero ARA General Belgrano y yo.

Esto muestra cómo en algún momento hubo cierto desinterés por un tema tan importante, pero también responde a cierto hermetismo de ustedes, de no hablar más allá de la orden que tenían. ¿Es porque son generalmente así o porque sentían que el otro estaba desinteresado?
Hace un par de años atrás las escuelas nos convocaban para que fuéramos cuando se hacía el acto, para que los chicos nos conozcan y contemos partecitas de nuestra historia. En estos dos o tres últimos años no fuimos convocados por las escuelas; el canal de televisión de acá de Salta, Canal 11, no publicó nada de lo que pasó en el aniversario. Parece ser de que nos ignoran y a nosotros nos duele un poco.

En la ciudad de Rosario de Santa Fe hay una cosa muy linda: al lado del memorial que recuerda los caídos, está el nombre de los rosarinos que todavía viven en Rosario y que estuvieron en combate. Dice: «En esta ciudad viven estos héroes, no solo los caídos, sino viven, están en nosotros». ¿Te gustaría una cosa así acá en Salta?
En algunas provincias o localidades chicas, los intendentes de turno se han tomado el laburo de hacer una plaquita y en las casas donde viven los ex combatientes figuran. Es un pequeño homenaje. Acá en Salta tenemos nosotros dónde está el monumento. Hay varias placas en donde están todos los que estuvimos allí en Malvinas, con nombre y apellido.

¿Qué espera para adelante con esta causa?
Lo único que siempre digo es que es importante que se dé mucha difusión para que el reclamo por la soberanía de Malvinas siga vigente, que la gente tome más conciencia de que esas islas desde 1833 han sido usurpadas por una potencia mundial bélica. Nosotros no tenemos con qué competir. Ellos y Norteamérica son los mayores guerreros del mundo. Donde hay guerra están ellos presentes. Nosotros con poquito les quisimos hacer frente. Nunca se pensó que de tal distancia iban a venir a tratar de recobrar. Es un lugar estratégico para cualquier país. Vos rompiendo el Canal de Panamá, el único lugar que tenés para comunicar el Pacífico con el Atlántico es precisamente por la parte sur.
Digo a no olvidarse. A nosotros nos llena de alegría, nos hincha el corazón cada vez que alguien viene, nos da la mano y nos agradece. Cualquier desconocido. Eso es importante realmente para que se mantenga viva la llama esa y que no quede en el olvido.

Entrevista completa:

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