Un largo informe pone el foco en la subsistencia de las mujeres indígenas que producen sus artesanías con el hilado y teñido de las fibras de esa especie que al comenzar a escasear, pone en riesgo la subsistencia de las comunidades.
Un largo informe de la periodista Daniela Blanco fue publicado en el sitio Infobae. El mismo fue reconocido por una beca Pulitzer y cuenta con su propio corto documental que se adentró en el corazón de la comunidad wichí en Tartagal para conocer el arte ancestral del tejido con chaguar.
“Las mujeres wichí de Tartagal dependen del chaguar para producir artesanías. Confeccionan tejidos y objetos de uso doméstico, que sostienen la economía familiar. La degradación del bosque chaqueño amenaza de manera directa la disponibilidad de esta fibra nativa y pone en riesgo no solo una fuente de ingresos, sino también conocimientos ancestrales y prácticas culturales transmitidas entre generaciones”, destaca Blanco.
“Esta crónica, junto al contenido audiovisual, es la segunda entrega de una serie de cuatro episodios que narran cómo mujeres de comunidades indígenas diseñan su futuro con modelos de resiliencia productiva”, agrega la periodista al presentar su trabajo.
Aunque el chaguar no suele cultivarse y depende de la conservación del monte, el desafío ante la escasez es producirlo cerca, fuera de su hábitat natural. En la comunidad de Tichat, un proyecto liderado por la ONG Pronorte impulsa el cultivo de chaguaderales en los fondos de las casas de las mujeres wichí. En Tartagal no crece el chaguar de manera directa; las mujeres lo buscan en el monte. Poder traerlo y cultivarlo en los fondos de las casas es una forma concreta de asegurar la sostenibilidad de las artesanías de la comunidad wichí.
Cuando Infobae visitó la comunidad de la tierra wichí, la vulnerabilidad del entorno volvió todo más urgente: el impacto del cambio ambiental sobre los ingresos y la autonomía económica de las mujeres es directo cuando el monte se degrada y el chaguar deja de estar disponible. La variabilidad del clima en el Gran Chaco Americano es otra manifestación del cambio climático, con efectos acumulativos sobre el monte y su biodiversidad.
Infobae entrevistó a Jorgelina Jara, cacica de la comunidad wichí en Tartagal. En la larga charla la mujer wichí lamentó lo que ocurre con la planta. “Sí, el chaguar se está terminando. No crece en Tartagal, hay que ir a buscarlo al monte. Cuando viene gente de Chaco, nos trae. Cambiamos por colchas, cambiamos cuatro o cinco polleras nuevas por hojas de chaguar para poder trabajar. El chaguar me da la vida. Cuando usted o alguien compra y ya tengo para el pan, con eso mantengo a mis dos huérfanos. Mis nietos ahora ya son grandes, y tengo más tiempo para salir a buscar chaguar”, declaró Jorgelina.
Otra mujer de nombre Luisa explicó cómo es el proceso por medio del cual se aprovecha la planta. “La fibra se saca de adentro de cada hoja. Luego se remoja. Una vez que la pelás, queda en remojo. Es muy importante y doloroso sacar las espinas para llegar mejor a la fibra. Y con eso se trabaja. Los colores naturales se venden más, y eso también lleva tiempo: buscar la corteza, buscar el árbol, esperar que se seque y molerlo para lograr el color deseado”.
Luisa y Jorgelina hacen yicas, que sirven para guardar y transportar pescados y frutos. “Nuestros antepasados —recuerdan ambas— usaban las yicas hechas de chaguar para la tarea de recolección en el monte. También, inspiradas por nuestras hijas y nietas, hacemos paños, carteras y caminos de mesa”.
En ese contexto, son varias los proyectos que buscan encontrar una alternativa. Uno de ellos es el proyecto Tichat que busca crear una especie de “chaguar del futuro”. La idea es cultivar chaguaderales fuera del monte, cerca de las casas, como respuesta a la escasez de la fibra. En diálogo con Infobae, Sebastián Gómez, técnico del proyecto Tichat de Fundación Pronorte, explicó el sentido de esa estrategia y su implementación en el territorio: “Frente a la escasez del chaguar que presenta el monte, las artesanas como Érica”. Gómez destacó que la experiencia se desarrolló “con varias mujeres” en la zona de Tartagal y que la idea es replicarla para que “tengan chaguaderales en su propio territorio”.
Consultada por Infobae, la experta del INTA María Inés Cavallero estudia la relación entre el chaguar y el cambio climático, y advierte que la vulnerabilidad de la especie aumenta ante la degradación del monte. “En la región chaqueña —explicó—, el chaguar crece ligado al bosque nativo y depende de sus condiciones microclimáticas, como la sombra, la humedad y la fertilidad. En ese contexto, cualquier retroceso de la cobertura arbórea expone a los chaguaderales a un ambiente más hostil y reduce su producción”.
Cavallero detalló cambios en la dinámica de lluvias: “No se trata tanto de la disminución de precipitaciones, sino del aumento de eventos más extremos como sequías prolongadas, lluvias muy concentradas y erráticas, y el corrimiento de las fechas habituales. Esto deriva en menos agua disponible para las plantas, más estrés y menor crecimiento”.
Sobre las temperaturas, Cavallero indicó que el chaguar tiene un metabolismo particular, el “CAM” (Metabolismo Ácido de las Crasuláceas), que le permite fotosintetizar con alta temperatura y bajas precipitaciones. Sin embargo, advirtió que cuando las temperaturas se elevan demasiado, su funcionamiento se ve afectado.
El impacto también llega a la calidad de la fibra. Cavallero señaló que el estrés térmico e hídrico afecta el desarrollo de las hojas y que las artesanas reportan que, con mayor radiación o sequía extrema, las plantas producen hojas más cortas, quebradizas y con fibras de menor calidad. Ese deterioro complica el proceso de desfibrado y el hilado, y se observa con mayor claridad en plantas que crecen fuera del monte, en ambientes más restrictivos.
Aun así, Cavallero planteó un matiz central: el cambio climático afecta al chaguar, pero “no es su principal enemigo”. En su diagnóstico, el factor más crítico hoy es el avance y desplazamiento de la frontera agropecuaria, que destruye el hábitat de forma directa.

