Repasamos la “admiración” que despertó Juana Manuel Gorriti -la primera novelista argentina- en un prestigioso editor que a fines del siglo XIX publicaba casi exclusivamente obras de hombres. (Raquel Espinosa).
En “El álbum”, incluido en el tomo I de las Obras Completas de Juana Manuela Gorriti, edición homenaje, reeditada por Alicia Martorell en 2002 hay una dedicatoria en la que merece el lector detener su atención. Como es una de las más breves creo pertinente transcribirla completa:
“Humilde obrero, he dedicado todos mis esfuerzos á propagar las producciones del ingenio argentino, y en esta senda cúpome la honra de asociar mi modesto título de editor, á vuestro nombre preclaro y glorioso, como autora de Sueños y Realidades”. (Se respeta la ortografía original).
El texto está firmado por Carlos Casavalle con fecha 27 de agosto de 1875, en Buenos Aires.
El referido álbum encierra otras manifestaciones de aprecio -más de cincuenta- hacia la autora de parte de amigos y admiradores. Se trataba de un volumen en folio con las tapas de cuero curtido (según interpreto) y de color escarlata con “elegante dibujo en cuyo centro se lee: “A Juana M. Gorriti, sus admiradores del Río de la Plata”; y en el dorso: “Recuerdo-1875.” La entrega es agradecida por la escritora quien manifiesta:
“Este libro será mi orgullo, un timbre de gloria, un tesoro y una deuda inmensa que legaré a mis hijos, para ligarlos al amor de esta hermosa patria tan grande, tan noble y generosa conmigo”.
En torno a estas dos citas me permito algunas reflexiones. La primera es en referencia al editor. La palabra derivada del latín do, das, dare, significa «dar, sacar a la luz»; alude a esa figura caracterizada como la persona o entidad responsable de preparar y publicar obras escritas como libros, revistas o periódicos. Ese profesional que, en el caso de Casavalle, se autodefine como “humilde obrero”.
Carlos Casavalle nació en Montevideo en 1826 y murió en Buenos Aires en 1905. Si bien comenzó como tipógrafo su trabajo con la imprenta a lo largo de más de treinta años lo posesionó como una figura central en la incipiente profesión editorial y en la conformación de un mercado del libro en el Río de la Plata. Bibliófilo reconocido, definió el perfil del editor nacional, destacándose por difundir las obras de historia y cultura de la época. A su cargo estaba la famosa Imprenta y Librería de Mayo. Entre sus antecedentes se deben mencionar la publicación del Boletín oficial de la Confederación, la Revista del Paraná, La Revista de Buenos Aires, la Revista del Río de la Plata y la Revista de la Biblioteca Pública de Buenos Aires. Además, editó las obras de figuras destacadas de entonces como Bartolomé Mitre, Juan Bautista Alberdi, Vicente Fidel López, Esteban Echeverría, Sarmiento, Marcos Sastre y Juan María Gutiérrez, entre otros. El local de la calle Perú, donde estaba instalada su imprenta, fue célebre en esos años porque en su trastienda se realizaban tertulias, un espacio de encuentro de la intelectualidad rioplatense, tal como sucedía con la casa de Juana Manuela en Lima donde se llevaban a cabo las famosas veladas literarias.
Lucía Pose, de la Universidad Nacional de La Plata, destaca dos aspectos de su profesión: en primer lugar, la impresión cuidada con materiales de altísima calidad, con novedosa tipografía y gran esmero en las cubiertas; en segundo lugar, el estrepitoso fracaso económico de sus empresas ya que anteponía el estímulo de la cultura nacional a las cuestiones económicas. Luego pudo revertir estos reveses y mejorar la faceta comercial de su empresa.
Entre sus hazañas editoriales, editó Panorama de la vida. Colección de novelas, fantasías, leyendas y descripciones americanas, de Juana Manuela Gorriti, desterrando el guion que indica el corte de palabra y componiendo tipográficamente una obra donde cada línea terminaba en una palabra completa. Vemos de esta manera que las expresiones “humilde obrero” o “modesto editor” no definen debidamente a su persona. Domingo Buonocore lo considera “el impresor por antonomasia y el librero de la patria”.
Para cerrar esta primera reflexión vuelvo a la cita en la que Casavalle se siente orgulloso de asociar su actividad con la obra de Juana Manuela Gorriti. Me resulta interesante el verbo elegido; “asociar” es unir una persona a otra con un mismo fin. La conexión o el vínculo es en este caso tanto comercial como personal; al incluir su texto y firmarlo en El álbum, se reconoce implícitamente como un “admirador” de la autora – el que siente devoción o estima hacia ella-, según la leyenda impresa en la tapa del libro.
La segunda reflexión surge de la cita de Juana Manuela, en referencia al libro, al que considera “mi orgullo, un timbre de gloria, un tesoro y una deuda inmensa”. El libro, si bien se trata de una cosa, forma parte del mismo horizonte de la persona con la que mantiene un vínculo necesario e indisoluble en el campo literario. Eso involucra tanto al lector como al escritor y al editor que traza un puente entre uno y otro. Es “un orgullo” porque materializa los ideales de quien lo escribe, el tiempo dedicado al trabajo, darlo a luz y lograr su reconocimiento. “Un tesoro”, es decir, un objeto precioso, de gran valor simbólico; pensemos que la autora ha sido elegida por un prestigioso editor que publicaba casi exclusivamente obras de hombres; su caso abre nuevas perspectivas.
Sobre ese bien preciado, el libro, la autora precisa: “[lo] legaré a mis hijos, para ligarlos al amor de esta hermosa patria tan grande, tan noble y generosa conmigo”. Es un bien heredable y que porta el don de otorgar identidad, especie de carta de ciudadanía, al vincular la literatura con la patria. Lo deja de herencia a sus hijos, pero los herederos se han multiplicado. Hoy, a pocos días de un nuevo aniversario de su nacimiento, gracias a la inigualable pluma de la autora y del cuidado y generoso trabajo de su editor original y los que lo sucedieron, los lectores disfrutamos de la parte que nos corresponde de esa herencia. Se trata de un acto de justicia por la admiración que profesamos a Juana Manuela, la primera novelista argentina, “la flor de la maleza”, “la Fernán Caballero argentina”, “la sin par”.

